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Ninguna respuesta, ningún indicio, ninguna esperanza*

Escrito por Dr. Héctor Abad Gómez, 1986

 

La desaparición forzada de los detenidos políticos se inició en la Alemania nazi para atemorizar a las poblaciones de los países ocupados que pasaban a ser, para su familiares y amigos, sólo fantasmas en la noche y en la niebla, cuyas iniciales conforman el fatídico N.N. de aquellos cuerpos cuya identidad nadie conoce.

Este horrendo delito, el peor que institución o persona alguna pueda cometer, pasó de la Alemania nazi a la Italia Fascista a la España Franquista y de esta nuestra atormentada América Latina, empezando por el Cono Sur, saltando a la América Central y llegando a Colombia, por Barranquilla, con la desaparición, por parte de la policía nacional, hace 6 años, de la bacterióloga antioqueña Omaira Montoya Zuluaga , de quien tantos años, ni su madre, ni su familia, ni sus hermanos, ni sus amigos volvieron a saber nada hasta que se descubrió que había sido torturada y arrojada al mar. Con la sanción a quienes lo hicieron ¡de quince días de suspensión en sus cargos!

La angustia constante, indefinida, permanente, inacabada, de la familia Montoya Zuluaga, que inició la serie ignominiosa de desapariciones forzosa de detenidos por órganos de la fuerza pública, directamente, o por grupos tolerados y a veces instigados por ésta, es los que nos tiene reunidos aquí. Los centenares de madres, de padres, de hermanos, de familiares que han tenido que sufrir el viacrucis de no saber en dónde están, de no saber que se han perdido en la noche y en la niebla sus seres queridos, son los que nos reclaman a los colombianos que no hemos sufrido tamaña desgracia–pero que comprendemos, sentimos y hemos sido testigos del gran sufrimiento que las desapariciones forzadas de detenidos conlleva,–nos reclaman, repito, que hagamos algo para que esta cadena se detenga, para que no haya un solo desparecido más en nuestra patria, ni en ningún otro rincón de la Tierra.

Sabemos muy bien que este fatídico delito de las desapariciones forzosas de los detenidos ha sido impuesto por la llamada política de seguridad que el Pentágono ha establecido en nuestra América Latina, para impedir que nuestros pueblos se independicen de las coyunturas económica y militar que pretenden imponernos por la fuerza y para siempre. Pero tenemos la esperanza de que la nueva política de paz del gobierno que se inicia y que uno de sus partes afirma: “Mantenimiento por parte del gobierno, de una razonable y confiable política de orden público, seguridad y justicia, dentro de un estricto respeto a los derechos humanos y a las garantías ciudadanas” ( página 118 del libro: Hacia y una Nueva Colombia, del Presidente Dr. Virgilio Barco) sea respetada por todas las autoridades civiles y militares de la República.

Estamos aquí para denunciar ese horrendo delito, para rechazarlo para hacer pública la angustia, la desesperanza, el martirio que éste significa para los familiares y amigos de los desparecidos y para toda conciencia con un mínimo siquiera de conmiseración humana por le sufrimiento de su congéneres. Que no vuelva a ocurrir este delito, ni en Colombia ni en ningún otro lugar del mundo, que podamos decir ya, sin ninguna duda, como lo dijo Sábato en la Argentina con el nuevo gobierno: ¡Nunca más, nunca más, nunca más!

 

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Nota Equipo de Redacción[*]

Este título corresponde a la intervención de Héctor Abad Gómez en la instalación del Foro Nacional por los desaparecidos, Medellín, 1986. La transcripción textual del documento está  el Magazín Dominical de El Espectador, # 244, Noviembre 29 de 1987. El profesor Héctor Abad Gómez, fue asesinado el 25 de Agosto de 1987.

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