Textos y documentos de la militancia Elena

El Frente de Guerra Oriental, Comandante en Jefe Manuel Vásquez Castaño, del Ejército de Liberación Nacional, hace saber a la opinión pública regional, nacional e internacional.

De nuevo los pueblos de Nuestramérica han vuelto a la carga contra el orden capitalista, pues somos los rebeldes de América Latina quienes producimos con mayor intensidad las controversias del mundo actual, con nuevos sujetos, proyectos y movimientos anticapitalistas, pero con una creciente toma de conciencia de la necesidad de la revolución, por parte de amplias masas de proletarios y pueblos, que en el caso de Venezuela, México y Colombia ven en la  unidad y la  lucha revolucionaria, la única vía para enfrentar y vencer la barbarie capitalista y narco-paramilitar.

Reconocemos que nuestra guía son las raíces e historias comunes, y que estas han de quebrar y revolucionar el actual orden de cosas, de manera solidaria y desde las clases populares, pues como nunca la miseria y bancarrota reformista neoliberal se desbordan de guerra en guerra, de fracaso en fracaso en nuestros países, y en las nuevas colonias como vampiro irracional, decadencia y barbarie por todos los poros, ante el socialismo que nace insumiso en sus propias entrañas.

La explotación y la dominación capitalista se extinguirán   solo   por una solución radical y contra la criminal maquinaria burocrático-militar de “Estados” como el colombiano, o el mexicano , pero ello ocurrirá para crear una verdadera revolución popular del continente.

Esta revolución Nuestramericana será también proletaria y desde una conciencia revolucionaria para liberarse y liberar a la humanidad del capitalismo y de otras formas de explotación, dominación y enajenación.

 

Riquezas que despiertan codicias

Nuestra emancipación, la emancipación de los pueblos, solo puede ser un proceso histórico real y no solo ideal, por ello deberemos organizar una gran fuerza social y consciente, para construir una paz que rebase las fronteras nacionales y regionales, que recorra el continente, pues luchando defenderemos la vida y las inmensas riquezas y reservas energéticas, acuíferas, de metales estratégicos, biodiversidad, áreas de acumulación de capital, mercados y mano de obra barata, hoy en manos del imperialismo y de las oligarquías locales.

América Latina y el Caribe posee el 25 por ciento de los bosques, el 45 por ciento de la biodiversidad, un tercio de las reservas de cobre, bauxita y plata; el 27 por ciento del carbón, el 24 por ciento del petróleo, el 8 por ciento del gas y el 50 por ciento del uranio del planeta. Sus cuencas acuíferas contienen el 35 porc ineto  de la potencia hidro-energética mundial.

Además somos pueblos ricos en fuerza de trabajo, historia y cultura; que son estrangulados por los poderosos y sus hordas criminales, con una ideología de dominación local y colonial.

 

Despojar para acumular

A esta nefasta herencia colonial Europea se han sumado de nuevo los procesos neoliberales de acumulación de capital transnacional, los tratados de asimilación comercial, las privatizaciones de desnacionalización, los Estados mínimos con perdida de la soberanía nacional, los gobiernos genocidas, la colonialidad mental, educativa y cultural, la destrucción de los sindicatos, el control y la manipulación mediáticos, la precariedad laboral y la libertad absoluta del capital mafioso imperialista, que no reconoce fronteras y destruye además a la naturaleza y al medio ambiente, lo cual hoy producirá grandes estallidos en la región y pondrá en riesgo –por lo menos- el poder de las oligarquías locales y transnacionales .

Esta tragedia latinoamericana y caribeña impregnada por miseria, para-militarismo, exclusión social, desempleo, rapiña, violencia, corrupción, terrorismo de Estado, racismo, guerra sucia, bases militares, hoy tiende a profundizarse con la crisis capitalista y el enroque esperado en la Casa Blanca y su rancia política de intervención múltiple, agresión militar diplomática, ideológica, económica, educativa, terrorista, cultural, mediática, genocida y de guerra de baja intensidad.

Con esta lógica EE.UU., asociado con las oligarquías locales, y/o gobiernos neo-fascistas  –en el caso colombiano, de México, Honduras, Perú y  Chile– financian e intensifican una activa guerra contra los pueblos y sus insurgencias populares, así como contra las más importantes e históricas organizaciones de América Latina y el Caribe, y que particularizando el caso del pueblo colombiano, ha devenido en un gigantesco polígono de pruebas contrainsurgentes del Pentágono y la CIA, para enfrentar a gran escala además a la hermana Revolución Bolivariana de Venezuela, y a todas las insurgencias sociales y las revoluciones del siglo XXI.

 

La resistencia logra la paz

Para enfrentar estos añejos planes de seguridad imperial y el vasto sistema continental de expolio colonial, los  pueblos Nuestramericanos, hemos venido escalando desde el siglo XIX, heroicas luchas y procesos insurgentes indomables.

Los países de esta región siguen derramando su sangre y ofrendan su vida para cerrar para siempre los abismos de la guerra y la miseria, enfrentando a los Estados gerentes al servicio de los Estados Unidos, desmontando los circos electoreros –como en Colombia y México- y las democracias de mercado, que son una verdadera envoltura política de las oligarquías metropolitanas, en la perspectiva de acabar con el analfabetismo, el  narcotráfico, la  dependencia científica-tecnológica, la educación mercantil, la diplomacia cañonera, el desempleo, la morbi-mortalidad, la depredación y la degradación ambiental, los bloqueos económicos, la corrupción sistémica, el embuste mediático, las guerras preventivas y las de baja intensidad,  así como expulsar las bases militares, y terminar con el genocidio y el terrorismo de Estado que engendran EE.UU., y sus regímenes por más de dos siglos.

Muchas de estas luchas sociales y revolucionarias fueron ahogadas en sangre y fuego por los ejércitos burgueses y el imperialismo estadounidense y como resultado de la falta de unidad de los pueblos y de las izquierdas para centralizar y/o articular las luchas anti-oligárquicas y antiimperialistas de las grandes masas oprimidas del campo y la ciudad, deteniéndose en disputas internas, sectarismo, hegemonismo, y no muy pocas veces en el colaboracionismo burgués. 

Sin embargo y reaprendiendo la lección histórica, crecen hoy las oleadas de luchas obreras, campesinas, indígenas, de emigrantes, étnicas, estudiantiles, magisteriales, culturales, intelectuales, juveniles, ecológicas, de género, de los niños y niñas de la calle, de los homosexuales, de las trabajadoras de sexo servicio, de los trabajadores y trabajadoras agrícolas, de amplias masas populares y de  arruinadas clases medias, campeando en toda la región, además con nuevos gobiernos democráticos, de socialismos y con crecientes movimientos revolucionarios que se gestan, -pese a los cálculos del imperio-; en los patios traseros de EE.UU. Creciendo la conciencia de poderosos levantamientos revolucionarios, promisorios y estratégicamente invulnerables, para centralizar las posibilidades de la revolución y el socialismo en las actuales circunstancias históricas, geográficas y políticas en las que emergen movimientos sociales en Argentina, Brasil, Perú, México, Colombia y Centroamérica; con mayor acento en la Patria de Bolívar, Bolivia –entre otros-, amenazados desde siempre por el terrorismo de EE.UU., en toda la región, constituyendo los pueblos una verdadera pesadilla para las oligarquías locales e imperiales, y el mayor desafío para la Pax Americana  cuya estrategia disfraza la vieja guerra económica y terrorista de EE.UU contra Cuba, y claro para desaparecer –según sus cálculos- al Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN), y a las FARC-EP, amén de las maniobras golpistas, golpes militares, conspiraciones, sabotajes, intentos de magnicidios, acciones terroristas, amenazas de invasión practicadas contra la República Bolivariana de Venezuela y demás gobiernos democráticos y antiimperialistas de la región.

Por lo tanto de la actitud y responsabilidad que asumamos los pueblos y las y los revolucionarios ante el Estado capitalista, dependen no solo la paz, la unidad, y triunfo o la derrota de la revolución del siglo XXI, sino también de la negación radical del capitalismo y la posibilidad del triunfo socialista.

Por eso la Revolución venezolana y de Colombia, -entre otras- serán revoluciones a través de las cuales los pueblos revolucionarios haremos nuestra propia historia, para construir una comunidad de hombres y mujeres libres.

Las venas abiertas de los pueblos están minadas de revolución y socialismo, ellas se desplegarán durante todo el siglo XXI. 

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935 en San Salvador, capital del Salvador, y murió trágicamente el 10 de mayo de 1975.  En 1969 obtuvo el premio Casa de las Américas, en el género poesía, con “Taberna y otros lugares” el más conocido y para los críticos el mejor de sus libros.   

Hermano Oscar López Rivera, hermanas y hermanos del pueblo de Puerto Rico. El 17 de mayo del 2017 fue un día de celebración y alegría para el Ejército de Liberación Nacional. El logro de su libertad representa un triunfo de todos los pueblos que han luchado y siguen luchando por su plena liberación nacional y humana.

En el país se viven momentos de movilizaciones sectoriales, regionales y nacionales, debido al histórico abandono estatal y los desastres del modelo neoliberal vigente, que ha significado mayor desempleo y más precarización de la vida para los trabajadores colombianos. Según el reciente estudio del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, concluye que “En Colombia la informalidad laboral llega al 70 por ciento en el área urbana y al 88 por ciento en la rural”.

La clase dirigente ha argumentado no solo que el fenómeno paramilitar ha terminado, también ha tenido el cinismo de lavarse las manos frente a su complicidad para que este permanezca. Contraria a esta afirmación se encuentra la realidad del país, donde el fenómeno no solo crece, sino que demuestra su estrecha ligazón con el proyecto político del conjunto de la oligarquía en las zonas mas apartadas del país, donde por acción u omisión le favorece.

Es lamentable la crisis que atraviesa hoy en día la justicia en Colombia, una justicia parcializada que incrimina a los más vulnerables, sin detenerse a mirar las causas. Es una justicia inoperante, pues de cada 100 homicidios se condenan 8, es una impunidad del 92 %, sin considerar la calidad de las condenas, y se estiman 1.6 millones de casos represados en los despachos judiciales.

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