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Setenta años del genocidio palestino

Escrito por Cristina Hernández

 

El 14 de mayo próximo, el Estado israelita estará celebrando con toda la pompa, el 70 aniversario de su constitución como Estado, con población mayoritariamente judía. Sin embargo, hay que tener presente que este propósito sólo fue posible mediante una violenta campaña de limpieza étnica y de “traslado forzoso”, como llamaron las fuerzas sionistas al destierro de la población palestina de sus territorios históricos.

 

En contraste con esa celebración, los y las descendientes de esas víctimas palestinas decidieron lanzar desde Gaza “La Gran marcha del retorno”. Esta Marcha hacia, la fuertemente custodiada y militarizada frontera con Israel, la iniciaron el pasado viernes 30 de marzo y durará hasta el día 15 de mayo. Convocada por las principales fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad en la Franja de Gaza, tiene un carácter pacífico, para denunciar la ocupación israelí de sus territorios, detener el proyecto sionista de expansión, luchar contra el bloqueo que mata a sus habitantes y reclamar el derecho de los y las refugiadas palestinas al retorno y a una vida digna.

 

En las primeras acciones de esta Marcha, todos los viernes, más de 20 mil mujeres, niños, jóvenes y adultos, han sido atacados por los francotiradores del ejército israelí, quienes desde sus emplazamientos protegidos por muros y barreras de alambres de púa, han causado una treintena de muertos, y más de 4 mil heridos.

  

La justa ira palestina 

Hay que recordar que el Holocausto que habían sufrido los judíos a manos de los nazis, llevó a que las Naciones Unidas decidieran, mediante la Resolución 181 del 29 de noviembre de 1947, dividir lo que se conocía como Palestina Británica en dos Estados, con Jerusalén compartida bajo un régimen especial. La decisión de compartir el territorio no fue bien aceptada por los nacionalistas sionistas, quienes lanzaron a su ejército y a sus fuerzas paramilitares -Irgún y Hagana-, para que realizaran operaciones de limpieza del territorio mediante la masacre de aldeas indefensas. Así sucedió por ejemplo en la masacre del 9 de abril de 1948, en Deir Yassin y entre 400 y 700 poblados más, en dónde esas hordas, comandadas por quienes después serian primeros ministros del Estado judío como Menachem Begin, asesinaron, violaron a gentes indefensas y dinamitaron las casas de la población.

 

La Nakba o la Catástrofe como se llama a este violento proceso de expulsión y depuración étnica de los y las palestinas de su territorio, tuvo en 1948 su punto culminante. En ese año fueron expulsadas más 750 mil personas palestinas de origen árabe, condenándolas a vivir en el destierro en Gaza, Cisjordania y otros países vecinos.

 

Menos del 5 por ciento de la población palestina que vivía en esos territorios pudo conservar sus casas, sin embargo, han tenido que pagar un alto precio por ello. Durante todas estas décadas han sido considerados como ciudadanos de segunda categoría y tratados como criminales. Víctimas de políticas neo coloniales y abiertamente discriminatorias, los “Árabes de Israel” como se les llama en el Estado judío, han estado condenados a vivir en guetos, en donde son hostilizados permanentemente por su origen y religión.

 

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DEMOGRAFÍA EN PALESTINA [*]

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Hoy en la Palestina histórica, entre el Mediterráneo y el río Jordán

Viven 6,5 millones de judíos y los 6,5 millones de árabes están en:

Cisjordania 3 millones

Gaza 2 millones

Israel 1,5 millones

La tasa de natalidad árabe es más alta que la tasa media judía.

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Como se puede comprender lo que se celebra por Israel, es para el pueblo palestino y árabe en general una tragedia, que les recuerda el inicio de décadas de humillaciones, agresionesy la continuidad de una violencia que constituye un genocidio que aún no se detiene.

 

Gaza es un castigo colectivo permanente

La franja de Gaza es actualmente el campo de concentración a cielo abierto más grande del mundo. En ella se le permite a un Estado, el israelí, la utilización de una violencia brutal y desproporcionada, en la que como sucediera con el régimen nazi “ningún ultraje está fuera de lugar, ningún crimen es demasiado extremo, ninguna ofensa es demasiado repugnante”, como lo afirma Stanley L. Cohen en “Cuando el sionismo se golpea contra la realidad”.

 

Yo también regresaré, toda Palestina es mi país”: Bajo esta consigna, desde Gaza está en curso “La Gran marcha del retorno”, que es un grito desesperado de un pueblo llevado hasta límites inhumanos por un Estado opresor, que ocupa sus territorios y los cerca.

 

En esa jaula para 2 millones de personas que hoy es la Franja de Gaza, la circulación está controlada por Israel y Egipto, bajo pretexto de proteger a sus respectivos países, ejercen un bloqueo total. Allí esas fuerzas de control no permiten entrar ningún tipo de transporte aéreo, marítimo o terrestre y limitan de manera arbitraria y violenta la circulación de personas y de todo tipo de productos, incluidos los básicos como la alimentación o las medicinas y las materias primas.

 

En Gaza, sometida desde 2014 a intensos bombardeos por parte del ejército israelita, destruyeron las viviendas familiares, las infraestructuras sanitarias, educativas,los proyectos productivos locales, y no se han podido hacer labores de reconstrucción.  La prohibición de importar cemento y el férreo control impuesto por Israel al suministro de energía son obstáculos que condenan a sus habitantes a vivir entre los escombros.

 

Como lo denuncia el Portal de noticias AJ+ en el documental “Gaza 2018: la cárcel más grande a cielo abierto existente”, un niño/a que tenga 11 años solo ha tenido energía eléctrica 12 horas en su casa una vez en su vida. Esta restricción, que a veces reduce el suministro a 2 o 4 horas por jornada, tiene graves consecuencias para el funcionamiento de hospitales, para la desalinización del agua o su potabilización.

 

Otros factores a tener en cuenta son las prohibiciones en toda Gaza para ejercer la pesca o la agricultura. El acceso al mar se ha reducido a un área de menos de 3 millas de la costa y un 30 por ciento de las tierras fértiles han sido convertidas por el ejército israelí en “zonas tapón de seguridad”, en donde no se puede sembrar. En ambos casos, desobedecer la orden expone a las personas a ser asesinadas por los tiradores de elite, de unos de los ejércitos más sanguinarios del mundo.

 

En estas circunstancias como lo denuncian sus habitantes el desempleo es alto, proliferan las enfermedades de todo tipo y las deficiencias alimentarias y la pobreza alcanzan a todos sus habitantes. La alternativa de recibir algún tipo de ayuda humanitaria o de acciones de solidaridad de otros pueblos, también se ha reducido notablemente por las imposiciones impuestas por Israel.

 

Otras agresiones sionistas

A toda esta situación debemos agregar que a pesar de las múltiples denuncias, tanto del pueblo palestino como de la comunidad internacional, continúan en todos los territorios ocupados las labores de colonización, tanto de los judíos ortodoxos como de la extrema derecha israelí.

 

Las organizaciones y fuerzas políticas palestinas tanto en Gaza, Cisjordania o Jerusalén han venido denunciando las maniobras realizadas por el gobierno israelí y sus aliados estadounidenses destinadas a privarles de sus derechos nacionales y a despojarles de sus casas y territorios.  Ha desaparecido la posibilidad de tener dos Estados a lo largo de la Línea Verde, acordada en  Oslo entre Yitzhak Rabin y Yasser Arafat.

 

La decisión del presidente Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y la voluntad de acabar con La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), agravan la situación y permiten a la extrema derecha sionista en cabeza de Netanyahu cumplir con el viejo sueño, de que no haya un Estado palestino y sí el “gran Israel”.

 

Al analizar la situación el investigador Jonathan Cook manifestaba que la tragedia que vive el pueblo palestino es peor a la vivida en Suráfrica durante el Apartheid, porque mientras allá el opresor blanco “comprendió que necesitaba y dependía del trabajo de la población mayoritariamente negra”, acá la relación entre israelitas y palestinos es mucho más antagónica,  porque estos últimos son considerados una población sobrante, no deseada que deberá, como hace 70 años, ser desalojada por medio de una  limpieza étnica que nadie detiene.

 

El miedo de Israel a las movilizaciones pacificas

El propósito de la Gran marcha que se lanzó el pasado viernes 30 de marzo era reivindicar el derecho al retorno. Miles de familias tomaron la decisión de caminar hacia la frontera con la voluntad de realizar acciones pacíficas -sin pasar la frontera, ni cortar alambradas de la valla limítrofe-, que permitieran recordarle al mundo el genocidio que sufren.

 

La respuesta de Israel, al que según el general Amos Gilad del Ministerio de defensa, “no le va muy bien con Gandhi”, ha sido extremadamente violenta y muy bien, planificada. Al preferir la confrontación armada contra las manifestaciones masivas, el ejército sionista ha tratado de causar el mayor daño posible llevando al terreno de la guerra, una protesta no violenta.

 

Según Marie-Elisabeth Ingres, Jefa de la Misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Gaza, en estas dos semanas entre las personas afectadas, hay más de 500 personas con heridas devastadoras de una severidad inhabitual, con daños muy complejos de curar. Para la profesional de MSF la mayoría de pacientes quedarán con secuelas permanentes. En la mayoría de casos las heridas de bala, que han destruido tejidos y pulverizado los huesos, muestran orificios de salida del tamaño del puño. Los fusiles de precisión, los tanques, gases lacrimógenos, los drones y explosivos empleados por el ejército israelí contra esas mujeres, niños, jóvenes o ancianos causaron lesiones de tal tipo, que sus extremidades deberán ser amputadas o sometidas a delicadas operaciones, que no están al alcance de los hospitales de la zona, dotados de pocos recursos y en ocasiones atacados como objetivos militares.

 

El boicot a la economía israelí como alternativa

Es necesario que la comunidad internacional se movilice para exigir que cesen estas agresiones. Las Resoluciones de las Naciones Unidas o del Consejo de Seguridad no tienen ningún efecto. Cuando ellas no son bloqueadas por los Estados Unidos, reciben el rechazo categórico de Israel, quien justifica estas agresiones en nombre de su supervivencia. Una de las alternativas podría ser el boicot a los productos israelitas por parte de los consumidores y los Estados, como ya se empleó contra el régimen de Apartheid sudafricano. Hay que recordar que esta es una demanda del movimiento palestino mundial, quien viene pidiendo que se apliquen lo que ellos llaman medidas de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel.

 

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[*] Uri Avnery. “Ahed al-Tamimi, la fuerza de un símbolo: Ha nacido una canción”. Traducido por Rebelión.org, de zope.gush-shalom.org

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