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LULA, ¡Oh que será que será!

Escrito por Helena Rodríguez

El pasado jueves 25 de enero, los tribunales brasileños ratificaron la condena al ex presidente de Brasil Inácio Lula da Silva por corrupción y aumentaron la pena a 12 años. Además de elevar la pena, los tres jueces coincidieron en que Lula tendrá que cumplir la pena en régimen cerrado y que podrán ordenar su detención cuando la defensa no cuente con más recursos para intentar modificar la condena en segunda instancia.

 

A inicios de marzo el ex presidente Lula da Silva manifestó su intención de ser candidato a las elecciones presidenciales de 2018 en Brasil, si el Partido de los Trabajadores (PT) lo consideraba necesario. Días después presentó por escrito su defensa ante la fiscalía de Sao Paulo por las acusaciones en su contra y se puso a la disposición del órgano para suministrar la información necesaria.

 

Esta acción forma parte del espectáculo al que está acostumbrado el juez que lleva el caso y busca desprestigiar la imagen del líder de Brasil, así como la del PT, de cara a las elecciones presidenciales de 2018.

 

La persecución política contra Lula, configura un ataque de la extrema derecha brasileña, aliada de los EEUU, con la que pretenden frenar el ascenso de Brasil como potencia continental, para rebajar el contrapeso que le hace al imperialismo norteamericano, tanto en América Latina, como desde el bloque de nuevas potencias mundiales, agrupadas en los BRICS.

 

Trump contra Lula

El imperialismo norteamericano decidió que era hora de terminar con la era del auge socialista y progresista en América Latina, afirmada por Hugo Chávez (1999), Lula (2003), Néstor Kirchner (2003), Tabaré Vázquez (2005), Evo Morales (2006), Michelle Bachelet (2006) y Rafael Correa (2007). Ante este auge de transformaciones sociales, los Estados Unidos deciden desarrollar un método golpista, donde uno de sus flancos se basa en convertir el Poder Judicial en facción, esto articulado al poder mediático que imparten las grandes empresas de comunicación, coartando así de raíz cualquier atisbo de renacimiento popular.

 

Desde el inicio el gobierno de Lula genero un ciclo de Estado de bienestar, pleno empleo y aumentos salariales al estilo de Franklin Delano Roosevelt en los EEUU en 1933. Esto prendió las alarmas del imperio, de esta forma el lulismo se convertía en un ciclo de reforma por acumulación que, en sí mismo precisa un horizonte de décadas de transformaciones sociales y consolidación del poder popular. En este sentido, el 31 de diciembre de 2010 Lula deja su segundo mandato con 80 por ciento de aprobación, 7,5% de crecimiento, 5,3% de desempleo y un salario mínimo con 54% mayor al de su primer día de gobierno.

 

Tras la salida de Lula, retoma sus banderas Dilma Rousseff, quien en su primer mandato amplió los planes sociales, redujo la tasa de interés y logró terminar su gobierno con un salario mínimo valorizado en un 72% respecto al año 2002.

 

Convivir con la diversidad”

Para Lula da Silva, la democracia es "convivir con la diversidad" y les ha recalcado a sus seguidores que "hay tiempo suficiente para cambiar la historia del país". A su juicio, deben sumarse mayores esfuerzos para que el pueblo participe en el Gobierno de manera libre y soberana.

 

En las calles de Brasil, miles de personas expresan su rechazo a la condena contra Lula, quien pese a la condena judicial ha ratificado que lanzará su candidatura para las elecciones presidenciales, para las cuales figura como favorito en todas las encuestas.

 

De igual modo en las redes sociales, movimientos sociales, políticos y analistas de diferentes países rechazaron la condena al exmandatario brasileño, por considerarla ilegal debido a la falta de pruebas, así como consideraron la misma como una estrategia política de las élites corporativas de la derecha para inhabilitar la candidatura presidencial de Lula, quien dadas sus políticas sociales se ha convertido en un referente de la izquierda latinoamericana.

 

Muchas formas de derrocar gobiernos

Los golpes de estado blandos o suaves, son técnicas conspirativas y desestabilizadoras no directas y en un principio no violentas, con el fin de derrocar a un gobierno democráticamente constituido y, de esta manera, dominar el poder político de una nación, sin que se visualice que dicho dominio es producto de la acción de una poderosa elite económica y política.

 

Según, Gene Sharp la estrategia del golpe suave puede ejecutarse a través de cinco etapas jerarquizadas o realizadas de manera simultánea. Entre ellas, el incremento progresivo de los conflictos y la promoción del descontento, para generar factores de malestar, tales como el desabastecimiento, criminalidad, manipulación de la moneda, paro patronal, denuncias de corrupción a través de medios de comunicación.

 

Varios presidentes y expresidentes de Latinoamérica han sido víctimas de esta nueva modalidad de golpes de Estado, como Lula da Silva en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Cristina Fernández en Argentina y Nicolás Maduro y Hugo Chávez en Venezuela.

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