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La última trinchera

Escrito por Manuela Hernández

 

Retumba la sirena; La paz ha llegado dice el presidente, se entrelazan las manos Timochenko y Santos, vestidos de blanco, luciendo un prendedor con la figura de la blanca paloma, en ella el sueño aniquilado de tantos y tantas de esta Colombia. Susurran voces melancólicas, secas gargantas destellan con palabras de ira, al ver la esperanza burbujear entre nubes, como se esfuma el grito rebelde de las montañas; Helados cuerpos que deliran y ojos marchitos que persiguen refugios de vida. Como aquel hombre de ojos profundos y estatura elegante, de voz poderosa y erudita mirada, exaltada bajo el recuerdo del furor militante, de las banderas izadas en Pato y Guayabero, de las primeras marchas insurrectas. A través de sus nostálgicas reminiscencias, relataba aquellos años de entrega, en la búsqueda incansable por la realización de la utopía soñada.

 

Bajo la plácida sombra de las palmeras chocoanas, acariciadas por la húmeda brisa del Pacífico tropical, fluían las palabras entrelazadas con las de aquellos que serenamente departíamos con él, oxigenando el sueño en declive, coloreando la esperanza desteñida, brotando del sentir de su alma, la beligerante frase: “esta es Mi Última Trinchera”, dejándonos en un silencio profundo y proyectando en nuestros pensares un mar de recuerdos, palpitando en mis sienes la oscura realidad del genocidio de la Unión Patriótica -macabramente perpetuado por el terrorismo de Estado, a finales de la década de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado-, de los pueblos fantasmas y los rostros pálidos enfilados hacia las selvas de concreto, para relegarse a sus periferias, erigidas amargamente con ranchos de latas y cartón. Bajo esta irascible realidad retorno al presente calcado cual pasado siniestro. Después de todo este choque de sentimientos nacen los interrogantes. Aquel hombre, acompañado por una chica de ojos claros, también integrante del descanso de aquel delirio incierto, se convirtió, en aquella reunión, en una atracción fraterna, rompiendo el hielo, al son rimbombante de una ronda de preguntas.

 

¿Por qué la Última Trinchera? Inicialmente nos imaginamos que aquella sentencia se refería al agotamiento de la lucha. Nos encontramos con la sorpresa de aquellas palabras, compaginadas con su voz fuerte y resonante como su conciencia de lucha, que enunciaba todo lo contrario, sintiéndose orgulloso de haber encontrado esta trinchera Elena, donde seguir el sendero con el ímpetu guerrero necesario, para seguir izando las banderas, no abajo ni a media asta, sino en lo más alto del fervor revolucionario.

 

La pregunta sobre por qué la última trinchera seguía resonando y él seguía respondiendo:

 

“Ustedes son mi familia, por ser un luchador he perdido todo, perdí mi tierra natal, mi esposa me la ha secuestrado el Estado burgués, me han invitado a la desmovilización, me han hecho ofertas de cambiar la persecución que tengo por parte del Estado, a cambio que renuncie a mis ideales, y en mi deber de luchador ratifico mi postura, que hay sobradas razones de lucha para continuar”.

 

Al escucharlo detenidamente se oyeron varias voces de quienes lo indagaron:

 

Esta es su casa, no importa el nombre ni el color de las banderas, sólo las razones y la identidad de lucha nos une en estos momentos, para hacerle frente a la barbarie inminente y de nuestra parte, tendrá todo el apoyo necesario de manera fraternal y sobre todo revolucionaria, que es más importante”.

 

La alegría exaltada en sus ojos, también floreció en una sonrisa y en palabras de agradecimiento; Enseguida la chica con sus mejillas enrojecidas y una mirada penetrante y esperanzadora pidió hablar. Muy atentos a la intervención de la  atractiva joven, quien descargó en sentencias la furia contra la paz neoliberal,  que se ha ensañado contra la esperanza del pueblo colombiano.

 

Pasaron las horas de manera fugaz y la noche empezó a caer; El resplandor de las estrellas iluminó su rostro, haciendo juego con el verde de sus ojos y el brillar de sus palabras, teniendo de fondo el sonoro canto legendario del Mochuelo, armonizador de este emotivo encuentro, donde aquel hombre de vertiente distinta junto a la joven, nos dejaron de presente el deber y la gran responsabilidad de seguir defendiendo la profunda y beligerante frase de, Mi Última Trinchera.

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