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La juventud en Colombia: una selfie

Escrito por Oscar Serrano

 

¿Qué les queda a los jóvenes? se preguntó el poeta Mario Benedetti, al igual que el Che se cuestionaba por la generación que lo proseguía, enunciando el deber ser de un joven comunista, entre muchos otros referentes y discursos políticos, que al querer transmitir y mantener sus ideas se dirigen a este sector de la población, sea en algunos casos para la transformación en otros, para su manipulación.

 

En Colombia esta población concentra los más altos índices de homicidio, suicidio y accidentes de tránsito, es decir que entre toda la población colombiana son los más propensos a morir en dichas circunstancias. Esta es una nueva generación que se está muriendo joven dado el contexto del orden social colombiano, asesinados por otro joven, por su cuenta o accidentalmente.

 

Junto a esto, la mitad de los jóvenes que logran terminar sus estudios de bachiller no ingresa a la educación superior, el modelo está diseñado así, excluyente en forma de embudo que filtra -o evalúa de acuerdo al Ministerio de Educación-, el acceso a la educación. El esquema de evaluación y acreditación resulta ser una obsesión por cumplir estándares internacionales -de Estados Unidos-, de un modelo educativo caduco, empresarial y de segregación, el cual forma mano de obra cualificada y operativa para un país, que según la repartición del mundo, tiene una economía primaria y extractiva, con todas las afectaciones ambientales y sociales que eso conlleva. Mientras la producción de tecnología, industria y conocimiento cae estrepitosamente. Fracasan en su mismo empeño, puesto que la educación sigue siendo en la mayoría de instituciones básicas y superiores mediocre y tradicional. Ser un científico en Colombia parece un sueño inalcanzable, ser un delincuente es lo más posible.

 

Los jóvenes se enfrentan a la sobrevivencia, siendo los primeros en llenar las filas del desempleo, cada año con mayores cuotas. Son los más potencialmente explotables para el capital, por lo mismo los más potencialmente alienables, vistos como consumidores, clientes y operarios, puesto que tienen toda la energía, las ideas y el potencial para sin darse cuenta darle giros a la rueda que los tuesta.

 

Sumado a esto el embarazo prematuro en mujeres de 15 a 19 años, obstaculiza el acceso a oportunidades educativas y profesionales de las mujeres jóvenes, en una sociedad que discrimina la Interrupción Voluntaria del Embarazo, al tiempo que no garantiza derechos a las mujeres embarazadas en edades tempranas. Criando y desempleadas, mientras el gobierno maquilla cifras haciendo pasar vendedores informales, rebuscadores y contratos temporales como empleo.

 

En resumidas cuentas, esto es lo que el orden social colombiano ofrece a la mayoría de los jóvenes, sobre todo a los de la clase popular. De allí que en los barrios populares de las grandes ciudades y en el campo colombiano resulten conformando nuevas pandillas, combos y focos de paramilitarismo, sino es que resultan asumiendo un embarazo prematuro, muertos en un accidente en moto o a puertas del suicidio, mientras que las prioridades son la actualización de sus perfiles en Facebook y dar click en “me gusta”, cuando el vídeo ha sido lo suficientemente chistoso y respectivamente corto -sin menospreciar los otros tantos usos de la internet y las redes sociales-.

 

A esto se enfrenta un joven colombiano, esta es la disyuntiva, entre perpetuar un modelo en el que se triunfa, como quien compra un boleto de lotería a costa de la derrota de los demás o cuestionar este estado de cosas, informarse, discutir y actuar. Empezando por echar un vistazo a la comunidad que lo rodea, su barrio, su vereda, las condiciones en las que vive, ¿por qué hacen limpieza selectiva?, ¿por qué es tan difícil conseguir empleo?, ¿por qué casi ningún joven tiene la esperanza de pensionarse algún día?, ¿por qué se desborda la quebrada e inunda el caserío, sin que nadie haga algo para salvar las vidas?, ¿por qué pagan como pagan y tratan como tratan, a los que trabajan en los Call Center, en ventas de helados y energizantes en los semáforos?, ¿por qué inculcan los medios el odio a Venezuela y nos acostumbran a la corrupción local, a los crímenes de guerra del gobierno y  a la persecución de la protesta social?, solo por poner algunos ejemplos.

 

Tiene que haber un replanteamiento, otras alternativas que permitan el disfrute de los bienes comunes para él, ella y los demás, que desarrollen sus capacidades naturales, estudiando y trabajando en condiciones dignas, manteniendo la alegría y la rebeldía propias de la juventud de ahora y de otros tiempos, que luche por esto, que por encima del pesimismo tenga en cuenta que este orden de cosas debe cambiar, que la foto puede ser distinta, que la Selfie puede ser Ourselvie, en plural.

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