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El derecho a la participación desde el exilio

Escrito por Yoshua Logan

 

Tulio Bayer fue un médico revolucionario, pionero de la lucha guerrillera, rebelde incansable, prisionero y exiliado político, o tal vez podría decirse desterrado. Terminó sus días en París después de más de 15 años en el exilio, lejos de la patria por la que luchó. José María Melo el primer y único presidente indígena de Colombia luchó en el ejército libertador de Bolívar, combatió las tropas mercenarias estadounidense de William Walker en Nicaragua y murió luchando en las filas del Benito Juárez en México. José María Melo, líder de la revolución de los artesanos de 1854, fue prisionero político y luego fue desterrado. El exilio de José María Melo dura hasta hoy, pues su cuerpo quedó enterrado en México y nunca regresó a Colombia. Igualmente, los restos de Tulio Bayer se quedaron esparcidos en cenizas sobre los pirineos franceses, nunca regresó a Colombia. Tanto Bayer como Melo siguieron su lucha en el exilio, siempre al lado de los y las excluidas.

 

La lucha es el principal internacionalismo

El Ejército de Liberación Nacional nunca ha promovido el exilio entre su militancia, sin embargo, consideramos que las personas revolucionarias que se exilian deben continuar las luchas por la justicia social y política y por la autodeterminación de los pueblos en donde estén. El deber revolucionario consiste en entender las condiciones de la realidad que le circunda, indagar por las necesidades de los sectores excluidos y participar en la organización y las luchas de resistencia, para generar un proyecto de vida y dignidad para y con éstos y éstas. Muchas personas en el exilio han sido fieles a ese ideal camilista, guevarista e internacionalista y se han vinculado activamente no sólo a la solidaridad con las luchas colombianas, sino  también a las luchas locales en sus lugares de residencia.

 

Víctimas del destierro

Las personas exiladas o refugiadas han sido victimizadas por las estructuras represivas del Estado y por las dinámicas de la guerra, no siempre limpias ni justas. Su condición de víctimas, tanto a nivel individual como sectorial es real y sus derechos personales y colectivos no pueden ser limitados o medidos por la aparición en un registro institucional de víctimas. Un registro es un mecanismo para viabilizar formas de reparación desde el Estado, pero no puede considerarse como un único parámetro definitivo en el caso de las víctimas y el derecho a la verdad y a la no repetición.

 

La participación del exilio colombiano en las negociaciones para la democratización del país y para el establecimiento de condiciones que hagan posible sacar las armas del conflicto político, debe reconocer a los y las exiliadas o refugiadas el carácter de víctimas, pero esta participación no puede darse sólo desde la victimización. Asumir una condición de víctima inscribiéndose en un registro para acceder a mecanismos de reparación es un acto legítimo y justo. Sin embargo, muchas personas que no deseen inscribirse en la definición de víctima, o que vean esta opción como algo circunstancial, tienen igualmente el derecho a participar en el proceso de paz y de reconstrucción del país. Sus  aportes a la construcción de un nuevo país, a las iniciativas orientadas a facilitar la realización de un gran dialogo nacional, que permita identificar una agenda mínima de cambios y desarrollar unas medidas urgentes para salir de la crisis, pueden ser planteadas desde otra posición, que no sea exclusivamente  la de víctimas.

 

Esa participación del exilio -y de todas aquellas personas que viven fuera de Colombia-, debe darse tanto en el escenario colombiano, como en sus nuevos lugares de residencia. En el exterior teniendo en cuenta los marcos de su condición concreta de ciudadanos y ciudadanas determinados por normativas jurídicas, sociales, culturales y políticas de un Estado Nación -del país de exilio-, que no les reconoce como tal y que por lo tanto les restringe sus derechos y no pocas veces les criminaliza, discrimina y margina a raíz de su origen.

 

Migraciones no tan voluntarias

Gran parte del exilio colombiano ha estado siempre activo en la solidaridad con movimientos y organizaciones sociales en el país, colabora con proyectos para las comunidades, bien a través de la gestión de recursos o bien desde el trabajo de solidaridad y diplomacia popular.

 

La participación del exilio debe darse en consecuencia más allá de los límites de la victimización y sin embargo, asumiendo las formas de victimización propias que los y las exiliadas tienen que vivir de las estructuras estatales, sociales y culturales en los países de exilo. Así también ella debe reconocer el papel del exilio como actor político partícipe de los movimientos sociales, que aspiran a mejorar sus condiciones de vida tanto en los países de exilio como en los de acogida, teniendo en cuenta que algunas de esas personas decidirán retornar, pero otras decidirán vivir una migración circular, con goce pleno de derechos sociales, económicos, políticos y  administrativos en donde quiera que estén.

 

El ELN ha planteado las negociaciones como un proceso de participación y empoderamiento de las comunidades, las organizaciones y movimientos sociales y políticos. Las personas en el exterior que han salido a trabajar y envían dinero a sus familias en el país son parte de la clase trabajadora explotada. Otro tanto sucede por ejemplo con quienes salen a estudiar porque el sistema educativo en Colombia les ha excluido.  Este es un tipo de migración no necesariamente voluntaria. Estas personas han sido victimizadas por el modelo económico y social del país y sin embargo, siguen siendo parte sustancial de la economía nacional y de la vida social. Todas ellas pertenecen al pueblo oprimido y como ELN estamos a su lado. Ellas también viven procesos de discriminación en los países de arribo, ellas también son personas que sufren procesos de opresión y de descalificación a raíz de su origen, y muchas de ellas también han dedicado sus esfuerzos a la organización de las comunidades emigradas y a la lucha por los derechos de esas comunidades.

 

Particularmente las comunidades emigradas hacia el norte imperial y colonialista, desafían con su sola presencia el orden mundial neocolonialista. Ellas, junto a muchas otras diásporas de los países del Sur Global son el testimonio de una lucha de siglos del Sur contra el colonialismo blanco europeo. Por esas razones la Migración también es un sujeto político y como tal debe participar en este proceso de diálogo nacional.

 

Aspiramos entonces a que esa participación de las personas migradas y/o en situaciones de exilio y refugio sirva para lograr mejoras sustanciales en las condiciones de vida de los y las migrantes en los países de residencia y de garantizar el ejercicio de sus derechos ciudadanos como colombianos y colombianas.

 

Nuestra lucha por la soberanía nacional se expresa también en la defensa de los derechos de aquello(a)s que viven en el exterior, entendiendo que los temas que les competen deben ser abordados con un enfoque diferencial. Ese enfoque debe tener en cuenta las causas de su salida del país, las particularidades de género, generación y el lugar de residencia en el exterior.

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