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Operación Orión: El fantasma que aún nos acecha

Escrito por Camilo Trochez

 

En enero de 2017 la corte interamericana de Derechos Humanos falló a favor de algunas de las víctimas de la operación Orión, después de más de diez años de haber instalado la demanda.

 

“La decisión consideró que el Estado faltó a su obligación de garantizar la vida e integridad de Ana Teresa Yarce, asesinada el 6 de octubre de 2004, y violó, entre otros, los derechos a la libertad, la integridad y la libre asociación de las lideresas María del Socorro Mosquera, Mery Naranjo, Luz Dary Ospina y Miriam Rúa.”[1]

 

Recientemente las confesiones del Paramilitar detenido alias “Don Berna”, quien aseguró que “la escombrera” lugar cercano a la comuna 13, se convirtió en una fosa común, donde se podrían hallar más de cien victimas posteriores a la famosa operación Orión. En julio del 2015, la Fiscalía inició la exploración del terreno, pero fue detenida poco tiempo después, sin mayor argumento. Hoy las victimas luchan para que los crímenes cometidos por el paramilitarismo después del 2002 en ese lugar no queden en la impunidad.

 

Estos son los pocos resultados que han tenido las investigaciones de los crímenes cometidos en una de las más brutales arremetidas contra pobladores humildes, conocida como “la operación Orión” en la comuna 13 de Medellín

 

Antecedentes: invasión paramilitar a las comunas de Medellín.

Desde los años ochenta, la ciudad de Medellín sufrió los vejámenes de la delincuencia, sicariato y el narcotráfico, estos, imponían su ley, controlaban el orden y ejercían un poder derivado de sus armas, sus motocicletas de alto cilindraje y sus bolsillos repletos de billetes. A finales de los ochenta, el narcotráfico había penetrado todos los estamentos de la sociedad y del Estado.

 

Para combatir la situación, surgieron milicias populares que se consolidaron a principios de los noventa. Los milicianos obtuvieron cierto margen de simpatía social de la población al levantar banderas en defensa de los intereses comunitarios, estas milicias desplazaron a las bandas y combos de delincuencia común, cuyas actividades principales eran los robos, las violaciones y los atracos. Las milicias impusieron su autoridad y orden, reemplazando en varios campos a la autoridad estatal. Además, fueron defensoras de los pobladores ante los intentos de desalojo llevados a cabo por el Estado bajo el principio de la ilegalidad de los asentamientos.

 

Con la ruptura del proceso de paz del gobierno de Pastrana, los grupos paramilitares iniciaron su arremetida en la ciudad de Medellín, ingresando en cuatro comunas de la ciudad: la Nor Oriental, la Centro Oriental, la Nor Occidental y la Centro Occidental o Comuna 13. Las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), realizaron acciones urbanas, apoyándose en las bandas armadas barriales como “La Terraza”. Luego, se consolidaron con fuerte presencia armada urbana a través del llamado “Bloque Metro” y el Cacique Nutibara. Para el año 2002 los paramilitares habían logrado la cooptación y penetración en la Comuna 13 y otras comunas de Medellín, solo necesitaban deshacerse de las milicias que aun resistían ahí, fue entonces donde el recién electo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, lanza la operación Orión.

 

Operación Orión: Guerra contra el pueblo

La frustrada operación Mariscal, le había enseñado al Estado y sus fuerzas militares, la necesidad de impedir la movilización social de la población. Para esto, declaró un toque de queda, acordonó la zona, negando el ingreso de defensores de DD.HH y medios de comunicación; y cometer toda serie de delitos y excesos contra los habitantes de la comuna 13.

 

Más de dos mil uniformados pertenecientes al Ejército, la Policía, el DAS e integrantes del CTI, así como hombres y mujeres informantes vestidos de camuflado y encapuchados; miembros de la Fiscalía, Personería y Procuraduría General de la Nación, arribaron a la Comuna 13 de Medellín, a bordo de camiones y tanques blindados. Comenzó el descargue de la tropa hacia la medianoche del 16 de octubre de 2002. Durante la Operación, la población civil fue atacada indiscriminadamente por la Fuerza Pública, utilizando ametralladoras, fusiles y helicópteros artillados desde los cuales se causaron averías en múltiples viviendas y heridas a decenas de víctimas civiles. Las milicias de las del ELN, FARC– EP y CAP aun pudiendo escapar, combatieron hasta el final.

 

En las primeras víctimas, murió un civil y 38 más resultaron heridos, entre ellos varios menores de edad; otros ocho civiles fueron desaparecidos por miembros del Ejército Nacional, paramilitares de las AUC e integrantes del CTI de la Fiscalía, y fueron detenidos 355 pobladores. Igualmente, murieron diez guerrilleros, así como un subteniente de la Policía, un teniente y dos soldados del Ejército; también resultaron heridos cinco miembros de la Policía y nueve del Ejército Nacional.

 

La Operación Orión empezó en la madrugada del 16 de octubre de 2002 y se extendió a lo largo del mes de noviembre y principios de diciembre. Aunque, según el Brigadier General Mario Montoya Uribe, Comandante de la Cuarta Brigada, fue dirigida contra “la guerrilla, las autodefensas ilegales y la delincuencia común”, la Operación Orión no arrojó ninguna víctima entre los paramilitares y sí, por el contrario, múltiples víctimas entre la población civil, a quienes se les amenazó de muerte y cuyas residencias fueron allanadas o destruidas; todo lo cual ocasionó desplazamiento intra urbano y hacia otras zonas del país.

  

Control paramilitar: Impunidad y violación de los DD.HH

Este descomunal ataque contra la población de la comuna 13, no fue más que una expresión de la alianza entre el paramilitarismo en ascenso y el Estado colombiano, representado en el gobierno de Alvaro Uribe. Como se mencionó, dentro de las bajas no hubo paramilitares. Al contrario, las AUC, prepararon el terreno para la incursión de la fuerzas estatales, señalando como guerrilleros a líderes sociales, y defensores de DD.HH, y brindando información de inteligencia en contra de las milicias. Meses después de la operación, para nadie era un secreto, que el paramilitarismo campeaba y ejercía el control en las calles y barrios de la 13, situación en la cual el Estado se esforzó en ocultar y negar.

 

Más de 200 heridos, todos entre la población civil, y decenas de muertos por falsos positivos en los “combates”, que supuestamente, se registraron o victimas de “balas perdidas”. Otras fuentes incluyen alrededor 243 detenciones y 90 desaparecidos a manos de los paramilitares y Ejército. Hoy las victimas luchan para que estos crímenes perpetrados por el Estado y agentes que hoy campean en la arena política sean investigados, y se esclarezca toda la verdad como criterio fundamental para que haya justicia.

 

 

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[1] Tomado de: http://pacifista.co/la-operacion-orion-no-ha-dejado-de-existir-mery-naranjo/

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