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“Ahorrar en educación, para ser ricos en ignorancia”

Escrito por Emerson de Francisco

El pasado mes de septiembre la Universidad Nacional de Colombia, conmemoro 150 años de estar haciendo un aporte incalculable, al desarrollo académico, social, político y cultural del país. Durante este tiempo, por sus aulas han pasado hijos de la Colombia humilde, que han visto en esta universidad pública una opción de superación académica y social; Al igual que han pasado personalidades ilustres como: Camilo Torres Restrepo, Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel García Márquez, Jaime Garzón, Jaime Pardo Leal, entre otros.    

 

Cuando fundaron la Universidad Nacional el 22 de septiembre de 1867, lo hicieron en desarrollo de una política pública para promover el saber y la virtud, pero siglo y medio después, de estos nobles propósitos queda poco, tan poco, que el actual rector de la “Nacho” -nombre afectuoso con que se le conoce a esta universidad-, en medio de las conmemoraciones de este aniversario, ha declarado que “de tanto ahorrar en educación, nos hemos hecho ricos en ignorancia”.

 

 

Papel Histórico de la Educación Pública

Nadie puede negar, el papel histórico y social tan importante que cumple no solo la Universidad Nacional, sino en si misma la educación pública; Sin embargo, día tras día y reforma tras reforma, el Estado busca al forma de “quitarle el agua al pez”, es decir, busca al forma de quitarle recursos a la educación, de tal forma que esta se vea obligada a fracasar como proyecto público de educación y formación de las clases menos favorecidas, de esa forma no solo justifica la privatización de lo público; Sino, que a demás garantiza tener un pueblo sin mayor formación, lo cual lo hace más vulnerable y dócil a los propósitos del gran capital.

 

Los gobiernos colombianos sin ningún interés genuino por el país menosprecian la universidad pública, a sus profesores y científicos, con recursos insignificantes, cuando el gasto en ciencia y tecnología creciente en los países desarrollados es parte de una política industrial para apoyar a sus sectores productivos. Es decir, para construir ventajas productivas sobre otros países. Al contrario, en Colombia, las élites optaron por estigmatizar la educación pública, bajo los argumentos de que no es una educación de calidad y, de que es el nicho de formación de insurgencia.

 

 

Crisis secuencial y estratégica

En un contexto de recortes y de aumento la demanda de cupos en el sector de la educación pública, los gobiernos han procedido a reducir drásticamente el número de profesores, la inyección de capital, tiempo de práctica, laboratorios, servicios de bienestar social, entre otros.

 

A su vez los docentes están asistiendo a una precarización de sus condiciones laborales y salariales. El aumento de las horas laborales, sin el aumento reciproco en el salario, el descuento excesivo en lo referente a seguridad social, sin que ello signifique mejoras en la prestación y servicios de salud. También se reduce el número de centros de formación y asesoramiento para el profesorado, y el número de profesores de apoyo en los colegios e institutos. 

 

Los planes de ajuste y recortes están teniendo efectos dramáticos en la enseñanza superior. La política de reducir becas y subir tasas, pretende dificultar el acceso a la educación universitaria a los hijos de la clase trabajadora. Además, la obsesión por el déficit, ha llevado a crear un código penal económico, de forma que las universidades pueden ser sancionadas por incumplir su presupuesto, esta política pública, que se viene aplicando de manera secuencial y estratégica, esta llevando a la extinción a la educación pública, menoscabando el deber constitucional que tiene el estado, de brindar una educación pública de carácter gratuito, sin ningún tipo de discriminación o estigmatización.

 

 

No es una mercancía

Rodrigo Lloreda, ex ministro de Educación, declaraba que “el deber del Estado no es sostener universidades, sino garantizarles a los colombianos, en razón al mérito, acceso a la mejor educación oficial o privada”. Al decirlo, desconoce que la educación es un derecho y que el deber del Estado es garantizarlo no sólo a los que tienen “más mérito”. Por consiguiente, de manera descarada y contrario o u deber ser del estado, quienes nos “gobiernan” ven la educación como un servicio o una mercancía. Por el contrario, en las democracias verdaderas, la educación es un derecho fundamental que el Estado debe garantizar.

 

No obstante, En el 2012 se trató de incluir como política de Estado el ánimo de lucro en la educación superior colombiana, supuestamente para mejorar cobertura y calidad. La MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) la derrotó en las calles. Tras ese golpe a los interese del monopolio, buscaron otra forma de lograr sus mezquinos intereses, fruto de esto surge el programa SPP (Ser Pilo Paga), un supuesto subsidio que busca que los menos favorecidos tengan acceso a la educación superior privada. Sin embargo, es bueno resaltar que con lo que se subsidia un estudiante en la universidad privada, se podrían sostener 10 estudiantes en la educación pública.

 

 

Se alza el gigante

La Universidad Nacional en su larga trayectoria, al igual que las demás instituciones públicas, se han caracterizado por ser sectores combativos, que no se rinden ante los lances del imperialismo, en muchas ocasiones han sido vanguardia en procesos de lucha y reivindicación social.

 

Una vez más el gigante se levanta, para ferozmente defender lo que es patrimonio de todos los colombianos, es así que el próximo 4 de octubre, se desarrollará la Gran Marcha Nacional por los recursos para la educación pública. La defensa de la educación pública, solo es posible si todas y todos aunamos esfuerzos y damos un pie adelante, y nos ponemos de cara a la lucha de lo público, porque la oligarquía hegemónica, no nos va a regalar nada, solo queda arrebatarle lo que merecemos por derecho, al calor de la luchan popular organizada. 

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