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El valor político de una petición de perdón

Escrito por Libertad Allende

 

 

El domingo 3 de septiembre pasado, cuando la Mesa de conversaciones de Quito prolongó sus sesiones para acordar el Cese al fuego, cientos de personas se reunieron frente a la Basílica del Voto Nacional en Bogotá para manifestar y escuchar un perdón público. Y el día 4, cuando se anunció el trascendental convenio de la tregua, en la Universidad Javeriana se continuó en esa exposición de ideas sobre algo tan importante como es el perdón -que ya hace unos años filósofos contemporáneos como Jacques Derrida advertían-, puede ser mero objeto en la perversa manipulación política e ideológica por parte de los poderosos para lavar culpas del sistema dominante.

 

Dos hechos igualmente históricos coincidían entonces en el preludio a la visita del Papa Francisco a Colombia: el Cese al fuego y un acontecimiento de petición de perdón que se escenificó con autenticidad. Este último debe recobrarse ya mismo y no ocultarse su pleno sentido.

 

Mil firmas por el perdón

Para ello debe anotarse cómo tras una toma de conciencia que establece el nexo de responsabilidad y plantea la necesidad de coherencia, fue elaborada una carta que firmaron más de mil religiosos para pedir perdón por el papel de la  Iglesia católica en crímenes cometidos no sólo en el conflicto armado sino con pretexto en éste, en tanto crímenes de lesa humanidad orientados a acabar con un enemigo interno, con la población inconforme, con las organizaciones que han levantado su puño en estas siete décadas para exigir democracia real.

 

Con la activa participación de religiosas, religiosos, sacerdotes, seglares y víctimas de siete regiones o departamentos de Colombia, se llevó a cabo ese domingo 3 de septiembre una eucaristía presidida por el reconocido obispo mexicano Raúl Vera, líder de la propuesta de Constituyente en México y artífice de los foros  de los Movimientos Sociales promovidos por el Papa Francisco, quien estuvo acompañado de 12 sacerdotes que concelebraron. Igualmente asistieron integrantes de iglesias de Australia, España, Estados Unidos, Argentina, Ecuador y El Salvador, así como miembros de la iglesia Anglicana Luterana y Asambleas de Dios de Colombia. También hizo presencia la Mesa Ecuménica, la Coalición Cristiana por la Paz y el Diálogo Intereclesial por la Paz.

 

Allí hubo un pedido de perdón que se manifestó en la voz de testimonios y compromisos, frente a los representantes de cinco grupos de víctimas: el Gaitanismo y el Liberalismo, expresado a la compañera Gloria Gaitán; a las víctimas de torturas cometidas por el Estado en guarniciones militares con la salvaguarda de la diócesis Castrense, estando la esposa de Jacinto Quiroga, torturado y asesinado por el ejército; a las víctimas del grupo paramilitar “Los 12 apóstoles”; a las víctimas del genocidio de los pueblos indígenas; y a las víctimas del Partido Comunista representadas por Gloria Inés Ramírez y  Jaime Caicedo.

 

Cuando en Quito dábamos a conocer el lunes 4 el acuerdo de Cese al fuego, en Bogotá en la  Facultad de Teología de la Universidad Javeriana se desarrolló un acto académico en el que se trató con profundidad lo que cristianos llaman el valor evangélico de la genuina reconciliación, de la paz justa y del lugar del perdón en ese proceso de construcción o de reconstrucción moral de una sociedad. Intervinieron ente varios conferencistas Mons. Raúl  Vera, el P. Javier Giraldo, S.J, el P. Luis Guillermo Saraza, decano de Teología de la Pontificia U. Javeriana; el P. Luis Javier Palacios, S.J;  David  Vásquez – Levy, rector del Pacific School of Religion de Berkeley California, Nidia Arrobo Rodas de la Fundación Pueblo Indio de Ecuador y Evaristo Villar de Grupos Cristianos de España y de la Comunidad de Santo Tomás de Madrid.

 

Este ejercicio de asunción ética no debemos verlo aislado, sino entrelazado de hecho con el debate en torno a situaciones inoportunas y cuestionables de beatificaciones, como lo calificó el padre Javier Giraldo al referirse a los casos de los sacerdotes Pedro María Ramírez Ramos y Jesús Jaramillo Monsalve (http://lanzasyletras.org/tag/javier-giraldo/), pronunciándose el ELN hace una semana sobre este último.

 

Diálogo para construir memoria

Lo que cientos de cristianos y cristianas expresaron, se refiere al involucramiento de la Iglesia católica en dinámicas de violencia contra el pueblo. Pidieron perdón a nombre de unas convicciones, estando en deuda una instancias o jerarquías que debían haberlo hecho directamente y que deben contribuir congruentemente con sus idearios de compromiso, a la verdad toda de todos. ¿Qué sectores dominantes y por qué hechos deben reconocer entonces sus responsabilidades? El Estado lo ha hecho en muy pocas ocasiones porque se lo ordenan sentencias judiciales fuera o dentro del país, y lo ha normalizado con un formato para hacer trivial ese deber, sin impulsar ningún tipo de reforma que desmonte los aparatos de su empresa terrorista que día a día cobra más víctimas.

 

Ese primer paso relativo a la petición pública de perdón que hicieron cristianos debe abrir camino a otros esfuerzos de visibilización, de cumplimiento de tareas aplazadas para poner de presente realidades estructurales, tal y como la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín en 1968 marcó en el horizonte de lo que para cristianos y cristianas sigue siendo la definitiva y latente Opción por los pobres, que influyó también en los desarrollos del movimiento insurgente y revolucionario en general en muchos países. Se desmarcaron de lo que en Colombia por ejemplo fue una autorización fascista: que matar comunistas o liberales era posible en defensa de los pilares civilizatorios. Asumieron lo contrario: empujar los procesos sociales y políticos hombro a hombro, como lo encarnó Camilo Torres Restrepo y decenas y cientos de cristianos.

 

En el ELN hemos producido específicamente desde hace años una reflexión que concierne a esa necesidad de reconocimiento de hechos en nuestro caso, por equivocaciones o sucesos que buscamos encarar. Y sabemos que ese propósito ha de continuar ofreciéndose por elemental decencia y autoridad de una fuerza que asume obligaciones éticas.

 

Primero, los derechos de las víctimas

En esa senda en la que se converge por diferentes sectores merece comentarse la necesidad de acompañar a Gloria Gaitán y su equipo en la recuperación del Exploratorio en Memoria de Jorge Eliecer Gaitán, y cómo puede y debe profundizarse también en las responsabilidades a desvelar y denunciar por el etnocidio y el ecocidio, que a la par del genocidio en curso aplastan a grandes mayorías nacionales.

 

¿Qué político, qué industrial, qué empresario, qué latifundista, qué ganadero, qué general de las fuerzas armadas, qué director de algún medio de comunicación, quién de los de arriba ha exigido a sus colectividades o corporaciones y gremios descubrir su verdad, su parte de responsabilidad en la guerra sucia? Hasta ahora no hay nada, más que retorcidas evasivas.

 

Uno de los escenarios, no el único, será la Comisión de la Verdad que se creará en el montaje de instituciones con alcance incidental, donde quizá una parte de esa verdad se conozca. Es tarea de quienes no ven en la Memoria Histórica un fetiche intercambiable, seguir animando procesos de transformación que generen reformas superadoras de concepciones que siguen viendo en las luchas populares de liberación, el demonio a extirpar.

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