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La peor crisis del modelo minero-energético

Escrito por Hernando Pérez

 

 

El modo de producción capitalista con sus desarrollos tecnológicos y avances industriales consolidó un modelo, donde ubicó al petróleo como el insumo fundamental, para casi todos los procesos de transformación de la materia.

 

El petróleo es el centro del paradigma energético actual, es un combustible fósil que a pesar de existir todavía en cantidades considerables en el planeta, se está consumiendo cada día en mayor proporción y la industria, cada vez le asigna nuevos usos. El petróleo no sólo sirve como combustible para transportar mercancías, sino que también es una de las principales materias primas en un número significativo de los procesos industriales textiles, de alimentos, de insumos agropecuarios, y de derivados plásticos.

 

Muchos expertos y sectores importantes de la industria energética mundial han expresado su preocupación por el agotamiento de las reservas de petróleo y por los riesgos que tendría para el modelo económico e industrial, no hacer un manejo responsable y adecuado de estos recursos fósiles limitados. Recientes estudios ponen en evidencia la posibilidad de que el paradigma energético retorne a su fase inicial y se retome el carbón como el recurso fundamental para apalancar los procesos industriales. Esto lo argumentan por el hecho de que el principal recurso energético disponible hoy en el planeta es el carbón.

 

Detener el desangre y deterioro de bienes comunes

Para el año 2015, el 60 por ciento de las exportaciones de Colombia fueron minerales y petróleo. En la última década el gobierno colombiano se ha empecinado en que se mantenga el volumen de producción en un millón de barriles diarios de petróleo, a pesar que esta explotación intensiva la justificaban en su momento, por el precio del barril que rondaba los 100 dólares, pero que en los últimos 5 años no ha pasado en promedio de los 40 dólares por barril.

 

Para el caso colombiano, la situación que hoy vive el sector minero energético de crisis de legitimidad se está dando por los contundentes resultados en las consultas populares que están haciendo los municipios con entornos mineros y petroleros.

 

Hoy los alcaldes y los municipios no se están oponiendo principalmente al modelo minero energético por medio de las consultas populares, sino por el tema de las regalías y la gradual pérdida de recursos financieros para los municipios productores, ya que el gobierno ha hecho varias reformas en las que hiper centraliza la asignación de las regalías. También los alcaldes se están oponiendo a la actividad petrolera y minera por el gran costo social y político, que están pagando y deben pagar los municipios y sus habitantes, por la crisis y afectación ambiental que hay en sus territorios.

 

Hoy hay muchos municipios de vocación petrolera sin abastecimiento de agua y sin garantías de este recurso hídrico a mediano plazo, y ello implica incluso un gran gasto del presupuesto del municipio para mitigar el problema. Es decir, hoy el petróleo no es rentable para los municipios por el bajo margen de utilidad económica que les representa, y dos por el daño ambiental que hoy tienen sus territorios que en muchos casos resultan irreversibles o tienen un alto costo social, ambiental y político para mitigarlos.

 

¿Cuál es la respuesta adecuada?

Hay quienes hablan de nacionalizar el petróleo, otros de semi-privatizar la industria, otros de continuar con la privatización y dar mejores garantías a las empresas; pero a la fecha no hay ninguna propuesta posicionándose en la opinión pública y en los territorios, como para decir que ya hay un campo de disputa y se está posicionando una propuesta minero energética distinta a la vigente en Colombia.  Cualesquiera que sea la propuesta que se construya, lo primero que hay que hacer es difundirla, argumentarla y posicionarla públicamente.

 

¿Cuál es el mejor modelo energético para Colombia hoy? En esta propuesta de modelo energético alternativo se debe contemplar el desarrollo de nuevas fuentes de energía, diversificar la industria, dar un papel a las comunidades en la concertación y el manejo de las empresas estatales del sector y de los recursos, revisar el papel y estructura de Ecopetrol, para rectificar sus dinámicas clientelistas y corruptas.

 

De nada sirve transformar la industria petrolera si se mantiene un modelo del corte neoliberal y un manejo del Estado desde una perspectiva tan hiper centralizada.

 

Neutralizar las clientelas y las mafias que se apoderan de todo

Hoy las regalías son la plata de bolsillo del presidente, con eso paga las cuotas, reparte la “mermelada”, mantiene la cohesión de los grupos que están al interior del régimen y el sistema político. Las regalías están por fuera del presupuesto nacional, y por tanto la asignación y disposición de las mismas están bajo el criterio y la tutela del ejecutivo.

 

Cambiar el modelo minero energético necesariamente obliga a discutir el resto del modelo económico y político, de ahí que la nueva propuesta energética deba tener de la mano un nuevo manejo de la economía política y de la administración del Estado, que resulte coherente con este nuevo modelo energético, esto para que estos planes coincidan, y que de paso se vaya configurado como parte importante de una propuesta de nación viable y distinta.

 

Diversos actores hablan de la necesidad de ajustar y transformar parte de la política minera y petrolera, no sólo sectores alternativos de la sociedad civil, sino también grupos empresariales, sindicatos, organizaciones ambientales, y grupos políticos locales. Fisurar y problematizar la política petrolera es una disputa estratégica con el régimen y con el corte centralista de las élites, que han aprendido a instrumentalizar la renta petrolera a su favor. Pensar un nuevo modelo energético que tenga un componente mucho más descentralizado, diversificado, y soberano es tarea de urgencia, dentro de una propuesta de nueva nación, en paz y equidad.

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