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Sin corrupción no hay régimen

Escrito por Hernando Pérez

 

La historia política de Colombia ha estado marcada por dos elementos fundamentales: la violencia y la exclusión. Ambas cosas han estado y están en constante relación, la violencia se ha expresado como la posibilidad última para remover la exclusión, al tiempo que la violencia ha sido la posibilidad de resistencia y disputa de algunos, como resultado de esa exclusión.

 

La metamorfosis de la elite dominante

Los 200 años de vida republicana han estado marcados por un sinnúmero de guerras civiles, disputas y tensiones entre diversos actores que han reclamado el ejercicio del poder político. Desde la constitución de Colombia como país, un reducido grupo de familias se adjudicó el derecho y la posibilidad de gobernar y administrar los recursos del país a su antojo. En principio el pretexto para gobernarnos fue su capacidad de leer y escribir, es decir, por su condición de superioridad intelectual se pensaba que eran las personas idóneas para conducir el país.

Con el tiempo fueron emergiendo nuevos actores, con sus propuestas, disputas y perspectivas de acceder al ejercicio del poder político, y la respuesta de las élites que han gobernado ha sido, es y sigue siendo la misma: reprimir e implementar el ejercicio de la violencia en contra de quien cuestione o reclame el ejercicio del poder político para sí.

Desde 1962 hasta 1991 Colombia estuvo gobernada bajo el principio de un acuerdo bipartidista denominado como el frente nacional. La violencia entre liberales y conservadores había desatado una situación de caos y violencia sumamente compleja en todo el país, y las élites sabían que dar continuidad a esta situación y no regular esta crisis podía poner en riesgo la estabilidad misma del régimen, por tanto, hacen un acuerdo político para alternarse el ejercicio del poder político entre liberales y conservadores.

Con la firma de la constitución de 1991 se da una situación de cambio y transición del régimen político actual. Es evidente que formalmente desaparece el bipartidismo y se da una relativa apertura a otros actores y propuestas. Es decir, con la Constitución de 1991 se planea un escenario donde la exclusión empieza a mutar y se empiezan a dar unas condiciones y posibilidades distintas para algunos actores tradicionalmente excluidos de régimen político.

Es evidente que un Frente Nacional excluyente fue lo que en gran medida legitimó la existencia y la posibilidad misma del alzamiento armado. En esa misma línea, si se agota lo excluyente, o si al menos se da una situación de mutación de esa exclusión, necesariamente se pone en tensión o crisis la principal causa o argumento que legitimaba y daba sentido al alzamiento armado dentro de la disputa política.

 

Pasar la página de la exclusión violenta

Precisamente, tanto la oligarquía colombiana como las Farc, reconocen y aceptan que existe esta relativa crisis del régimen político. Según ellos, con el acuerdo que firmaron, la manera de resolver la crisis se dará por medio del reacomodamiento e  inserción de las Farc como un actor político dentro del régimen. Es decir, la inclusión de Farc con su número pre establecido de curules y su garantía de permanencia por dos periodos legislativos (así no obtenga ningún voto), permitirá cerrar definitivamente la exclusión existente en el régimen político y de paso abrirá el argumento de la pluralidad al interior del mismo.

Entonces, a partir de lo anterior se pueden comentar algunos elementos. En primer lugar, que aún no se sabe exactamente cuál es el nuevo régimen, ni sus características, ni mucho menos cual será la reacomodación resultante de actores en la arena política. Es decir, el nuevo escenario político institucional que existirá en Colombia está marcado por muchas incertidumbres. Así, en este momento el régimen esté configurado bajo el acomodamiento del santismo, el uribismo, la fractura de la izquierda y otros actores.  Lo claro es que ninguno de estos actores tiene garantizada determinada temporalidad de existencia en el mediano plazo dentro de régimen. Este nuevo panorama de entrada pone en evidencia la crisis del bipartidismo, y de paso abre múltiples interrogantes a lo que está naciendo y la manera como lo existente está mutando.

 

No es “mermelada”, es la grasa de la maquinaria

Otro asunto que resulta necesario mencionar del régimen político actual, es que tiene como rasgos característicos la corrupción y del clientelismo. Por el acomodamiento y la evolución de la manera de gobernar en Colombia, es claro que la corrupción ha sido y es totalmente funcional al régimen. Los dineros que se mueven dentro de la amalgama de la corrupción son lo que permiten mantener la cohesión, la identidad y la estabilidad misma del régimen. De igual manera, el clientelismo es una expresión evidente del funcionamiento del régimen en tanto la política se hace entre, y con los amigos, y una manera de mantener a los amigos dentro del manejo institucional es otorgándoles cargos y lugares que puedan administrar así no tengan la capacidad para hacerlo. 

Entonces, a partir de lo anterior podemos sostener que para el caso colombiano sin corrupción no hay régimen. Caer en el debate de acabar con la corrupción resulta entonces bastante ambiguo y difuso. Ya que, hablar de que se acabe la corrupción implicaría decir que se acabe el régimen. Esto es lo que mantiene cohesionadas a las élites; la “mermelada” y los recursos que reparte el estado a sus aliados, es lo que mantiene unidos a los grupos hegemónicos. Es lo que permite entender porque Santos y Uribe no representan una disputa antagónica, sino más bien son la expresión de una disputa por el mayor número de rebanadas del pastel.

En conclusión, para comprender la transición del régimen político colombiano es necesario traer a colación una frase de Gramsci: la crisis se expresa por la tensión y por la simultaneidad entre lo nuevo que trata de nacer y aún es incipiente, y de lo viejo que está a punto de morir, y no desaparece. Habrá que preguntarnos entonces, ¿desaparece la violencia y la exclusión como signos estructurales del régimen con la transición actual, o como mutan y se reacomodan estos asuntos en el corto plazo y que es lo que está naciendo?

Para ello, habrá que analizar en detalle cómo se sigue y se podría seguir expresando tanto la violencia como la exclusión en el régimen, teniendo claro que la negociación con Farc ya resolvió precisamente parte de esta situación.

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