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Trump es la consecuencia

Escrito por Héctor Useche

 

De vez en cuando, al discutir de los riesgos de la democracia se suele recordar que Adolfo Hitler fue elegido democráticamente. El debate no es qué modelo de democracia lo eligió sino por qué millones de personas vieron en él una esperanza.

Alemania estaba dominada por la frustración de haber perdido la Primera Guerra Mundial (1914-1919), además de la crisis económica. La necesidad de buscar un culpable de cernió sobre las minorías, quienes, como chivo expiatorio, había que sacrificar. Pero todo eso no hubiese sido posible sin un proceso histórico de construcción de un “nosotros”, en este caso los alemanes, y un “ellos”: los judíos, los negros, los homosexuales y los inmigrantes.

Hitler no causó el fascismo, el fascismo produjo a Hitler. Los seres humanos son productos de su tiempo al punto que, como decía un profesor universitario, si Marx hubiera nacido en Cuba a comienzos del siglo XX es posible que no hubiera sido el autor del Capital sino un buen compositor de boleros.

Luego de la gran decepción de fue Barak Obama, ante unas expectativas infladas, llegó el turno del discurso de la mal llamada “anti-política”, encarnada en los Estados Unidos en Donald Trump, un personaje tan caricaturesco como Hitler y con un ego digno de Franco o de Mussolini.

Donald Trump no es el creador del extremismo de derechas estadounidense, no. Antes que él y respaldándolo está una sociedad que justificó el exterminio de indígenas, que olvidó su pasado inmigrante, que desarrolló un sistema político-cultural basado en el racismo y la supremacía blanca, que permitió desde el KKK hasta la Asociación Nacional del Rifle.

Recién se anunció el triunfo electoral de Trump, hubo grupos de blancos que salieron a insultar a hispanos, a musulmanes y a indigentes. Esos grupos no fueron fruto de la generación espontánea a las pocas horas del cierre de las urnas, son realmente expresiones políticas latentes que se levantaron de sus tumbas porque el nuevo contexto político les daba la legitimidad. Total, ellos fueron parte de los que votaron por Trump. Otros, votaron por un elemento que es una de las mejores armas del autoritarismo: el miedo. Podríamos decir: siembra miedos y cosecharás extremistas.

Trump alimenta los fascistas quienes a su vez alimentan a Trump: eso se observa tanto en su política interna como exterior. Los llamados a una nueva narrativa (la posverdad, es decir: el engaño), la satanización de los medios, la búsqueda de un enemigo interno (la migración y los musulmanes) y exterior (Siria, Afganistán, Corea del Norte o el que sea) cierran el círculo.

En Colombia debemos preguntarnos si el uribismo es fruto de lo que José Obdulio Gaviria llama ridículamente una “inteligencia superior” o producto de unas élites que han creado una cultura política basada en la exclusión y en la violencia política, como hicieron con el Frente Nacional o el genocidio de la Unión Patriótica, para citar solo dos ejemplos.

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