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Lobos vestidos de ovejas

Escrito por Gabriel Antonio Gaitán

 

Los hijos de este continente somos de la estirpe del jaguar, hijo del sol y su representante al sur del Río Grande. Su fuerza salta a la luz del día en esa libertad que nos tomamos irremediablemente y por asalto, así este acto nos condene a vivir perseguidos o nos obligue a perder la vida en la decisión”.

Afranio Parra

 

Como si se tratara de un coro amañado por la vieja costumbre de inmiscuirse en los asuntos internos de países que ejercen su dignidad y caminan con sus pueblos por las sendas de la soberanía, el Departamento de Estado de EEUU y la Unión Europea, en sus recientes declaraciones, arremeten en contra de la República Bolivariana de Venezuela y las decisiones legitimas de su gobierno en cabeza del presidente obrero Nicolás Maduro, mientras hacen la vista gorda ante las crisis sociales, de corrupción  y  gobernabilidad que viven países como México, Brasil, y Argentina, retomados recientemente por el neoliberalismo.

Estas declaraciones no son nuevas, pues por todos es ya bien conocido el interés del imperialismo y el capital transnacional por doblegar la voluntad del pueblo venezolano para continuar con el robo de petróleo y saqueo de sus recursos naturales. Sin embargo,  causa mayor indignación que el blanco al  cual se dirigen estos nuevos ataques sea por excelencia una de las materializaciones más básicas de la democracia.

La Constituyente popular convocada por el Gobierno Bolivariano es la expresión más alta de la democracia, ya que permite la organización y participación de amplios sectores sociales y territoriales en el diseño de los rumbos de su nación y en la solución a los conflictos que a su interior tengan lugar. Ante este llamado, la oposición responde con invitaciones a  la violencia y a la intervención militar extranjera que hacen eco en países y organismos multilaterales supuestamente democráticos.

Resulta ridículo que en un país donde la oposición alega una dictadura, ésta se niegue a la posibilidad de la participación directa del pueblo en las decisiones políticas, económicas, culturales y sociales; en definitiva, que se niegue a la participación del pueblo en la vida política de la nación. A menos que la realidad venezolana no sea como la pintan los medios masivos y empresas de la información, y la derecha venezolana en realidad no represente los intereses de las mayorías y el proyecto bolivariano y chavista siga siendo defendido en las calles y en las urnas por el bravo pueblo.

En otras palabras, la democracia es defendida y puesta en práctica por los poderosos solo cuando  logran controlarla y degradan la política a intereses particulares, amañando las reglas de la contienda política para mantenerse en el poder e incrementar sus arcas a costo del beneficio social y la dignidad de los pueblos. No les importa si para ello tienen que usar la violencia o feriar la soberanía de las naciones a cambio de las sobras que el imperio les dé a las oligarquías locales de cada país.

Eso explica por qué, a pesar de que la Revolución Bolivariana se hizo con el poder  por medios legítimos y legales en la contienda político electoral, desde sus primeros años haya sido atacada y hoy se encuentre bajo un golpe suave permanente y a punto de una intervención militar, asedio similar al que padecen gobiernos democráticos como el del Ecuador, Bolivia, Cuba o Nicaragua que han derrotado en las urnas a las oligarquías serviles del imperialismo.

Ahora la pregunta que nos hacemos los revolucionarios, y particularmente los hombres y mujeres del ELN, es: ¿a qué democracia nos invita el régimen, si todo esfuerzo por ejercer la soberanía y buscar la dignidad de los pueblos es objetivo militar del imperialismo sin importar que éste se consiga por medios legales y bajo las reglas de la democracia burguesa?

El mensaje que envían los Estados Unidos, la Unión Europea y el mismo gobierno colombiano a quienes intentan transitar por la política legal en busca de cambios, cuando imponen sanciones y exigen al gobierno legítimo de Venezuela detener la participación democrática del pueblo y frenar la constituyente, no es otro que: sin importar cuáles sean los medios que las fuerzas alternativas usen para llegar al poder, la libertad y soberanía de los latinoamericanos no será posible.

No podemos dejarnos engañar: los EEUU siguen bañando de sangre la tierra en nombre de la libertad, Europa es la reina de la desigualdad y del trato inhumano para los más pobres; su cinismo es indecente cuando pretenden darle lecciones de democracia a los pueblos latinoamericanos. No son ovejas, son lobos feroces hambrientos de nuestra dignidad y nuestros recursos.

Como dijo el presidente boliviano Evo Morales hace ya varios meses: si el Imperio se empeña en impedir a toda costa el desarrollo democrático y soberano de América Latina y el Caribe, nuestros pueblos son sabios y sabrán qué hacer. Justamente es la sabiduría de los venezolanos la que los llevó, el pasado 16 de julio, a atiborrar los centros electorales en el simulacro o ensayo electoral de la Constituyente; esa misma sabiduría da la victoria a los revolucionarios el 30 de julio.

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