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Feminicidios en Colombia: Una barbarie que crece y condiciona la paz

Escrito por Emilce Luna (Frente de Guerra Urbano Jorge Eliécer Gaitán, ELN)

Según un informe del Instituto Nacional de Medicina Legal, cada 10 minutos una mujer sufre algún tipo de agresión que la obliga realizar un examen médico; teniendo en cuenta que muchos casos quedan en el silencio, debemos asumir que en todo momento una mujer está siendo agredida y violentada en Colombia. Mientras esa realidad exista, la paz no será posible. 

 

El análisis presentado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses sobre la violencia contra las mujeres, que abarca los años 2014 a 2106, muestra cifras escalofriantes.

Durante los tres primeros meses de 2017 se han presentado 204 feminicidios, de los cuales 24 han sido a manos de sus ex parejas. En 2015, 1007 mujeres fueron asesinadas y 16.000 reportaron denuncias de violencia sexual. En 2016 se reportaron 43.083 casos de violencia contra las mujeres y 51.182 mujeres fueron víctimas de violencia de pareja.  

En 731 casos de mujeres asesinadas en 2016, el rango de edad de las víctimas va desde los 20 a los 29 años. El domingo es el día en que durante tres años consecutivos han sido asesinadas más mujeres en Colombia, principalmente en zonas urbanas donde se presentó el 76.4% de los casos. Las viviendas son los lugares que representan mayor peligro; el segundo lugar donde se presentan las muertes son los puentes, los andenes, la vía pública.  Los asesinatos son realizados principalmente con armas de fuego y armas corto-punzantes como segunda opción. De mayor a menor, los departamentos donde se presentan más hechos son Valle del Cauca, Bogotá, Antioquia, Atlántico, Norte de Santander.

Los agresores resultan ser los hombres más cercanos: parejas, exparejas y familiares son los principales presuntos agresores o causantes de violencia sexual. Las niñas son las principales víctimas: la mayoría de las agresiones se presenta entre los 10 y los 14 años, el 85% de las víctimas tienen entre 0 y 17 años y durante el 2016 se reportaron 574 más abusos que el año anterior.  El 72.5% de las violaciones se presentaron en la vivienda. Durante los tres años que abarca el informe, Bogotá fue la ciudad donde más se denunciaron casos, seguida de Antioquia y Valle del Cauca.

La activista y escritora feminista Diana Rusell nos plantea que el feminicidio es una de las formas de violencia que en ocasiones concluye en asesinato e incluso en el suicidio de mujeres; es decir, no solamente la muerte, sino también las diferentes maneras de agredir y violentar a una mujer, lo cual tiene mucho sentido si observamos cómo los niveles de violencia van en aumento hasta llegar a  estos casos desgarradores, situación que no se tiene en cuenta para prevenir y proteger a las mujeres.

Asumir que la violencia contra la mujer es natural representa una aberración. En tanto somos más de la mitad de la población mundial, se daría por entendido que los hombres son quienes agencian y producen esa violencia, es decir, una relación totalmente contradictoria entre los géneros y por ende una contradicción con la vida.

Si reconocemos que hay una crisis de la humanidad que pone en riesgo los valores, la relación armoniosa con la naturaleza, la existencia misma de la vida humana, podemos comprender que sigan en aumento los casos de violencia contra las mujeres. Los feminicidios no son resultado de un impulso natural, son producto de la sociedad capitalista actual; los aberrantes hechos de violencia contra las niñas y las mujeres son el resultado de una sociedad enferma, que hace del hecho de ser mujer una condición de alto riesgo.

Aunque el país esté hablando de paz, la realidad nos muestra cómo los feminicidios crecen día a día. Se trata de una violencia mucho más profunda y estructural que coarta de manera tajante los derechos de las mujeres, pues resulta realmente difícil participar y ser ciudadana mientras se es agredida de manera permanente. Las mujeres tenemos muchas potencialidades para aportar a la construcción de un país en paz con equidad y condiciones dignas. Aunque nos han llamado “el sexo débil” por no ser imponentes como quienes tienen el poder bajo secuestro, tenemos una visión diferente del mundo que aporta nuevos elementos, que no se rige por el autoritarismo y el maltrato y apela al derecho a la vida.

Mientras existan las violencias contra las mujeres la paz no será posible. Es nuestro deber como mujeres, y es su deber como hombres nuevos, incorporar la demanda de libertad del ser mujer a las agendas de los movimientos sociales y ciudadanos. Mientras se siga sumiendo en la barbarie este mundo anclado al proyecto capitalista, la posibilidad de ser y existir será negada.

En palabras de la destacada política rusa Aleksandra Kolontái (1872-1952), de militancia comunista y revolucionaria: “Dejando a los estudiosos burgueses absortos en el debate de la cuestión de la superioridad de un sexo sobre el otro, o en el peso de los cerebros y en la comparación de la estructura psicológica de hombres y mujeres, los seguidores del materialismo histórico aceptan plenamente las particularidades naturales de cada sexo y demandan sólo que cada persona, sea hombre o mujer, tenga una oportunidad real para su más completa y libre autodeterminación”.

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