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La alianza contra Brasil

Escrito por José María Miranda

 

Cuando todo indicaba la caída del presidente Temer por sus vínculos, muy claros, con la corrupción, la derecha extrema de Brasil en alianza con los Estados Unidos, decidieron el día 12 de junio, condenar a 9 años de prisión, al dirigente Luis Ignacio Da Silva, por un supuesto delito de corrupción.

A propósito, Rafael Correa en el Congreso del Movimiento Tupamaro de Uruguay, dijo que "como en todos nuestros países, de lo que no se escapa ni siquiera Mujica, al igual que en Brasil y Argentina, de la misma manera que en el Ecuador, la campaña de desprestigio es llevada adelante por un entramado, que reúne a la prensa concentrada y a las viejas élites políticas y económicas. Se trata de un asedio mediático-judicial, que apunta a los líderes del campo popular y progresista,  con el fin de inhabilitarlos y acabar con nuestros procesos, hiriendo sus perspectivas electorales". 

El presidente Evo Morales condenó este fallo, diciendo que "al hermano Lula Da Silva nuestro apoyo en esta cacería de brujas". Acusación con la que pretenden impedir que este líder popular siga siendo sujeto de un colectivo pueblo en la transformación, de un Brasil de desigualdad e injusto, hacia un Brasil de justicia social, igualdad y soberanía; en momento de inicio de la campaña presidencial 2018.

La persecución contra Lula busca asesinar la esperanza. Al tiempo el Senado impuso una reforma laboral anti social, que entierra derechos de los trabajadores, garantizados en la legislación de Brasil, desde 1943, en la presidencia de Getulio Vargas; decisión criminal en un momento donde la esperanza está siendo un bien bastante escaso en el mundo, en virtud de las políticas del capitalismo que desechan la vida de miles de millones de seres humanos y estimulan el desaliento. El capital conoce que la esperanza es un motor "que tenemos dentro de nosotros que alimenta todas las demás virtudes y nos lanza hacia delante, suscitando nuevos sueños de una sociedad mejor", nos dice Leonardo Boff.

 

La esperanza popular y nacional

Héctor Díaz Polanco en El Jardín de las identidades, comunidad y poder nos dice que: "si la identidad conlleva el planteamiento de un conflicto socio político, (y por añadidura económico), como el que contiene el proyecto autonómico en su versión latinoamericana, entonces es seguro que será atacada a fondo".

Lo que ha estado en juego desde el golpe de Estado parlamentario a Dilma Rouseff, que se pretende consolidar con la penalización a Lula, es propinarle un golpe político a las propuestas políticas del Partido de los Trabajadores, componente del Frente por un Brasil Popular junto a mas de una decena de movimientos sociales.

El discurso de Lula en el reciente Congreso del PT, ratifica el carácter de clase del Partido al servicio de los trabajadores, fuerza sostenedora de la economía de este país; como una fuerza nacional que piensa y actúa para hacer posible un nuevo proyecto de nación opuesto a la neocolonización, democrático, de redistribución del ingreso y que posiciona a Brasil en la apuesta de un mundo pluripolar, para fortalecer la CELAC, Unasur y los BRIC.

Lula también centra la identidad del PT, en la opción por los pobres, los humildes de los pueblos indígenas y negros, las mujeres discriminadas, los jóvenes excluidos de sus derechos, los campesinos, los sin techo, los LGBT; quienes son los "que trabajan, votan, pagan impuestos y muchos son asesinados". Pero también incluyó más allá de los empobrecidos, a los empresarios, pequeños, medianos y grandes que crean empleos y producen, a los que llamó a dar vida a una nación más justa e igualitaria. 

Llama Lula a "reinventar nuevas formas de hacer política social con participación popular, aprovechando las buenas experiencias realizadas, y proyectar otras nuevas, que busquen más inclusión, más ciudadanía".

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