El pasado miércoles 14 de junio, la cadena británica BBC publicó un reportaje del periodista Natalio Cosoy sobre el recrudecimiento de la violencia en distintas regiones del Pacífico sur. Se trata de un artículo riguroso que, sin embargo, amerita una contextualización sobre la presencia y responsabilidad del Ejército de Liberación Nacional en los hechos que narra.

El cronista recoge el testimonio de una mujer que, junto a su familia, debió dejar su vivienda tras quedar en medio de enfrentamientos armados en Iscuandé, Nariño. Otros testimonios recogidos en Guapi, El Charco y Mosquera, todos municipios del litoral Pacífico, llevan a una dolorosa conclusión: que “el árbol de la paz puede terminar tapando un bosque de violencias” en regiones donde el paramilitarismo arrecia con renovadas fuerzas, tras los acuerdos de La Habana.

La situación es preocupante en esa zona y en otras regiones del país. Con motivo de los cruentos enfrentamientos en el Chocó, se ha denunciado una delicada situación humanitaria; ante ello, hemos responsabilizado al Estado por complicidad o inacción ante la criminalidad paramilitar, y hemos propuesto un Acuerdo Humanitario para la región y un Cese al fuego bilateral para apaciguar el conflicto.

La situación que describe el artículo debería ser tomada más en cuenta por quienes proponen una Paz exprés, motivada por cambios cosméticos y urgencias electorales, desatendiendo de esa forma las raíces estructurales de un conflicto que, si no se enfoca seriamente y de raíz, encontrará otras formas de manifestación, aún en versiones degradadas de la violencia, como expresa la acción paramilitar.

Por eso desde el ELN buscamos ser serios en la Mesa de Quito, reclamarle la misma seriedad al Gobierno, y no cometer la irresponsabilidad de concretar un acuerdo que deje a las comunidades expuestas a la criminalidad paramilitar y al conjunto de la sociedad colombiana ad-portas de padecer un nuevo genocidio, como puede suceder si no se le da la importancia y prioridad suficiente a la responsabilidad del Estado, en detener la violencia contra los líderes sociales y las comunidades.

 

Últimos combates

En la región ribereña donde se encuentra Iscuandé, al igual que en tantas otras zonas del Pacífico y del departamento de Nariño, el ELN mantiene presencia, eso no es ninguna novedad. Allí se asientan los Frentes de Guerra Occidental y Suroccidental, éste en días atrás informó, sobre tres combates:

* El día 20 de abril a las 8:00 am en la vereda Piscinde, del municipio de Iscuandé (Nariño), unidades del Frente de Guerra Suroccidental atacaron a la banda paramilitar de Alexis. Resultado: Un paramilitar muerto y Alexis herido de gravedad en un brazo y el pecho; se recuperaron un chaleco multipropósitos con tres proveedores de R-15 llenos, una poma de munición con 1.700 tiros de 7,62, dos uniformes y bolsos de campaña. Unidades nuestras: Sin novedad.

* El día 27 de mayo a la 1:00 pm en la vereda Isla Larga del municipio de Iscuandé (Nariño) unidades del Frente de Guerra Suroccidental realizaron emboscada contra la banda paramilitar de Alexis. Resultado: Cuatro paramilitares muertos, entre ellos el mando de la patrulla paramilitar, se recuperaron tres fusiles AK-47, un fusil R-15, 8 proveedores de AK-47, 4 proveedores de R-15, un tarro con abundante cordón detonante, 5 pentolitas, 2 granadas de mano, dos celulares, 150 tiros de 2,23, seis equipos de campaña con hamacas y carpas tienda, una canoa con un motor 75. Unidades nuestras: Sin novedad.

* El día 4 de junio a las 5:00 am unidades del Frente de Guerra Suroccidental, en una acción con la modalidad ´Golpe de mano´, dieron golpe a una patrulla de la policía, en el corregimiento de Chile, municipio de Cumbal (Nariño).  Resultado: Dos policías heridos, un fusil recuperado con un proveedor. Nuestras unidades: Sin novedad.

 

Aliviar dolores

Mientras la violencia armada, bajo la forma paramilitar en este caso, sea una realidad que azote a las comunidades, el ELN tiene el derecho y la responsabilidad de repeler esa violencia. En contextos como el que describe el reportaje, buscar el mero desarme de la guerrilla, sin atender ni a la situación estructural de pobreza y desatención estatal, ni al desmantelamiento del paramilitarismo, sería no solo una irresponsabilidad, sino un camino suicida para la Paz que todos las y los colombianos anhelamos.

No dudamos que la situación de la mujer que cita el reportaje sea tan lamentable como expresa el relato; lamentamos que la persistencia de la guerra en Colombia genere esa situación, y otras más dramáticas aún en distintas regiones del país. La propuesta del ELN de pactar un Cese al fuego bilateral va en el sentido de evitar esos padecimientos a la población, y favorecer un escenario de participación de la sociedad, como instancia fundamental de una paz posible y urgente. Es responsabilidad del Estado dar respuesta a esta iniciativa.

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