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HOUTART, el precursor

Escrito por Camila Pérez

 

Lo sabemos: obras basadas en descubrir la realidad y fundadas en la utopía de la justicia, son fuerzas materiales que abren camino a la conciencia colectiva. A la conciencia del cambio necesario para mantener la vida de todas las especies y proponer la armonía y la felicidad más generosas que cobijen su reproducción, en este planeta, nuestra casa, que clama biodiversidad y sentido de la unidad para detener la maquinaria del suicidio. No es por lo tanto cuestión de una conminación individual ni de una elección arbitraria.

Ese llamado en nombre de los derechos de todos lo hacen más auténticamente, quienes representan en ese cosmos la más elevada comprensión de los procesos recorridos, por esta humanidad sufriente y de las sendas que han de desbrozarse para las emancipaciones. En esa historia del pensamiento y de la acción está la voz y la sonrisa de François Houtart. Continuador de insignes luchas, pero ante todo precursor de las que vienen; pese a su partida hacia el Olimpo de los inmortales, este 6 de junio.

 

Los inmortales nunca se van

Convertidas en legados espirituales, morales e intelectuales para el futuro de dignidad, las obras de François no son sus decenas de libros solamente; sus miles de conferencias e investigaciones de matrices interdisciplinares, con la contundente lucidez que ofrecía de la mano de una verdad impecable; ni son ante todo sus análisis y propuestas teóricas, que guiaron y acompañaron innumerables bregas políticas y culturales de resistencia bajo el mandato del post capitalismo, como estos últimos años nos lo enseñó en una síntesis absolutamente pertinente, ante los desafíos globales. Su quehacer fue el haber encarnado en su formidable ciclo vital de 92 años, el testimonio humilde de quien decide echarse al hombro la interpelación histórica, que pasa por los pueblos y los pobres del mundo, por Cristo, por Marx, y por quienes han luchado de alguna forma por el amor eficaz, como Camilo Torres Restrepo.

Cuando ese proceso del pensamiento despierto e insobornable se pone en marcha junto a la indignación, con un amable abrazo que se da sin más, no puede hacerse otra cosa que luchar con esperanza por la humanidad.

Así vimos y sentimos siempre al maestro Houtart, quien junto con otro hombre ejemplar, Gustavo Pérez Ramírez, nos visitó a nuestra sede de la delegación del ELN en Quito el pasado 20 de marzo de 2017. Compartimos horas, como habíamos compartido años. Ambos fueron no sólo amigos y compañeros de Camilo, nuestro Comandante, sino sociólogos como él, verdaderos científicos sociales, formados como sacerdotes católicos que traicionaron su poderosa clase social, que enfrentaron jerarquías y dogmas, que renunciaron a sus comodidades y se entregaron a una lucha en donde reinan soledades, marcada por aparentes y reales contradicciones entre la incertidumbre y la certeza de quienes en la aventura de las liberaciones libran múltiples batallas por la coherencia.

 

Lo que enseñó a Camilo

François fue profesor de Camilo en Lovaina (Bélgica), en una época en que si bien las elaboraciones sociológicas con asidero en los marxismos, tuvieron cierta audiencia y entroncamientos creativos, adolecían de una aproximación más integral a potentes realidades periféricas, que no sólo soportaban complejas relaciones policlasistas, sino el antiguo yugo colonial y el desangre del reparto neocolonial en una bipolaridad ciega, relativa y alienante en la geopolítica de los años 50, del siglo pasado. Se trataba ir al terreno y a los estudios de fenómenos concretos, que configuran la vida y la muerte de millones de seres humanos y sus culturas. Debía superarse la opinión marginal usada para reforzar aparatos y discursos ideológicos, en un orden que preservaba reglas de dominación. En consecuencia debía mirarse más allá. A la economía más profunda. A las religiones. A los sistemas políticos y sus sucesivas rearticulaciones. De juzgar desde el conocimiento en la base. Y de actuar contribuyendo a desatar las energías, que existían en países sometidos y movimientos populares,  para surtir nuevos escenarios con nuevos sujetos y alianzas.

En nuestra Colombia la barbarie promovida abiertamente por el statu quo tras el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán (1948), para asegurar estructuras de exclusión, y las lógicas de violencia semejante registradas en otras regiones y latitudes, donde los centros hegemónicos buscaron aplacar gestas por la independencia, la autodeterminación y los derechos de los pueblos, sublevaron y movieron hacia adelante no sólo a François sino a través de él a quienes tuvieron el arrojo existencial de apostar por las convergencias teóricas y ante todo prácticas, cuando el servicio a los demás señala el rumbo de la alteridad, por encima de las adscripciones de partido. Esa es la alteridad que él conoció y nos ofreció.

François Houtart es un hilo de bondad y acero que liga hechos y conceptos útiles para la Revolución de los empobrecidos de la Tierra, en África, en Asia, en América Latina, en Europa, en Oceanía, a donde llegara, para participarnos de herramientas de las ciencias humanas en el sueño imprescindible de otra historia. Tenía por tanto la autoridad moral de quien indagó la realidad para transformarla, sin sucumbir a las vanidades o al alago. Fidel y Hugo Chávez, Evo o Rafael Correa, y cientos de dirigentes en muchos procesos progresistas y de izquierda, a lo largo de más de seis décadas, le escucharon, reflexionaron con sus aportes, con las críticas constructivas que brindó con honestidad para que las responsabilidades públicas fueran tales.

 

La cátedra subversiva

Así también para el ELN. Para nosotros y nosotras, tras estos 53 años de lucha insurgente, el mismo tiempo en que de diferentes formas estuvimos cerca de François, no sólo nos queda el recuerdo de quien compartió con muchos integrantes de nuestras fuerzas en diferentes momentos, áreas y países, sino que queda en nuestros campos de conciencia las lecciones de un militante de la justicia y la solidaridad, sus preguntas, para que no sucumbiéramos, para que abogáramos por los de abajo e hiciéramos lo correcto. Mucho más, por ser nosotros una organización alzada en armas, mucho más por la tensión del derecho a la rebelión y sus necesarios límites y posibilidades. De la eticidad de la rebeldía hablamos; de nuestra decisión de buscar la solución política al conflicto armado y de asegurar esas transformaciones básicas, que supone el más elemental concepto de paz. Nos interrogó y aconsejó con respeto. Por eso sus exhortaciones y observaciones fueron y serán atendidas.

 

Eric Toussaint nos relató esta semana, en un escrito ampliamente difundido:

Durante una conversación privada que tuvimos en Bogotá el 25 de abril con un comandante de las FARC, que habían firmado en 2016 el acuerdo de paz con el gobierno colombiano, François le preguntó sin miramientos: ¿Os transformaréis en un partido socialdemócrata? ¿Cómo haréis para evitarlo? No hay que equivocarse sobre el sentido de la pregunta, François estaba por un acuerdo de paz pero temía que, como en muchas experiencias precedentes, la guerrilla se transformara en una simple fuerza de gestión del sistema capitalista, a imagen de la socialdemocracia” [*].

Nuestro amigo François deja en el mundo a miles y miles de mujeres y de hombres, que él como educador de gran inteligencia, invitó a ser transformadores incisivos y (auto)críticos, para generar las condiciones políticas, sociales, culturales, económicas, medioambientales, espirituales, que nos orienten en este pulso ya irrenunciable, que no acaba ni acabará, por los bienes y el bien común de la humanidad, por el bienestar que no tiene frontera en formulaciones cerradas, de quienes no intervienen la realidad y la corrigen. Con el poema de Monseñor Leonidas Proaño, leído en la despedida de François, este pasado 7 de junio en Quito, cantamos:

...te vas, tú te vas... pero quedan los árboles que sembraste. Más árboles y más frutos y más fecundas semillas”.

 

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[*] François Houtart, un militante internacionalista y un amigo. Eric Toussaint. CADTM, 9-06-2017.

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