“Si bajara un enviado del cielo y

me garantizase que mi muerte fortalecería nuestra lucha,

diría que hasta valdría la pena”.

Chico Mendes.

 

La estrategia de la restauración conservadora avanza contra los pueblos y procesos de resistencia popular en Nuestra América, por lo que se pone a la orden del día la construcción de referentes de cambio, integración y unidad desde los movimientos y partidos progresistas y revolucionarios.

La agenda restauradora ha surtido su efecto negativo en países como Brasil, Argentina, Paraguay y Honduras, sin que esto signifique que Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua hayan sido derrotados por el neoliberalismo, en contra de todos los cálculos políticos del imperialismo, sus aliados y operadores al servicio de sus intereses.

La andanada neoliberal de Temer y respaldada por el proyecto de Enmienda constitucional, aprobado por 53 votos en el Senado, conocido como “PEC del techo”, tendrá congelado el gasto público por 20 años; fue rechazado por el 60 por ciento de la población, porque augura la paralización de la economía del gigante del sur y ataca las esperanzas del pueblo brasileño.

No son nada secundarios los efectos que ha tenido la Investigación Lava-Jato sobre el escenario económico y político de Brasil. Iniciada formalmente a principios del 2014, con una serie de denuncias acerca de coimas realizadas por la empresa Odebrecht: ha develado la trama de corrupción que permite a los grandes empresarios, comprar a los políticos y postrar los poderes del Estado, para colocarlos al servicio de sus intereses.

El desolador panorama neoliberal que ofrece Temer, contrasta con los logros en inclusión promovidos por Dilma Rousseff, que generaron 5,4 millones de puestos de trabajo, así como un mejoramiento del poder adquisitivo de los trabajadores brasileños, el más alto desde 1979, pues logró reducir la tasa de desempleo en un 30 por ciento.

El aumento de la inversión social promovido por los gobiernos de Lula y Dilma disminuyeron la deuda pública e hicieron que las reservas internacionales crecieran, con una visión de desarrollo sustentable basado en el aumento de la inversión y la baja inflación; esto sin mencionar los programas de la Bolsa Familia, que benefició a 44 millones de brasileños y el programa Mi casa Mi vida, que avanzó en la meta de construir 2,75 millones de casas  a construir en el 2015.

La reciente huelga general y unificada convocada por millones de trabajadores en Brasil, contra las reformas impopulares de Temer y que a todas vistas atentan contra el sistema de jubilaciones y legislación laboral del pueblo brasilero, expresan la profunda crisis de legitimidad de la institucionalidad, que prevé un escenario de agravamiento de la crisis económica y polarización social y política.

La huelga produjo un gran impacto en 23 de las 27 capitales regionales, entre ellas Sao Paulo, quizás la más significativa por la paralización del mayor conglomerado urbano de Suramérica, además de Brasilia y Río de Janeiro.

La huelga general que movilizó la conciencia de millones de brasileros, es una agenda unitaria en cuya confección  participaron las principales centrales obreras del país, entre ellas la Confederación Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), los Frentes sociales y el Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra -MST-.

Grandes retos enfrenta el pueblo brasilero y Nuestramericano, en la defensa del interés nacional y la soberanía.  Garantizar la gobernabilidad en Brasil será uno de los problemas cruciales que los gobiernos futuros tendrán que enfrentar. La judicialización de la protesta y la política en el continente por cuenta de la estrategia de la restauración conservadora, nos corresponde a los pueblos derrotar, en el presente momento histórico.

 

La lucha y la resistencia continúan…

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