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Con Brasil y con Dilma

Escrito por Carlos Ramos / FTIMH

"Es el mundo patas arriba", al decir de Eduardo Galeano. Por Dilma Rousseff votaron 54 millones de brasileños para elegirla presidenta, pero la destituyeron sólo 61 personas. Una cáfila de políticos, empresarios y medios de prensa corruptos lograron imponer un golpe de Estado parlamentario, a una de las pocas personas de la política brasileña que nunca se corrompió. De acuerdo a Transparencia Brasil, el 60 por ciento de los 594 miembros del Congreso brasileño, enfrentan cargos criminales por corrupción y fraude electoral. Y éstos conspiraron para destituir a la primera mujer presidente de Brasil.

El 29 de agosto, día en que se consumó el golpe, ante el Senado y con la dignidad intacta, Dilma Rousseff dijo:

"Hoy, como en el pasado, resisto. No esperen de mí el silencio de los cobardes. No lucho por mi apego al poder, lucho por la verdad y por la justicia. Lucho por los pobres de mi país... (éste es) el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida".

El primero fue el golpe militar de 1964, cuando era una joven militante, y fue hecha presa, "torturada en cuerpo y en alma".

El Frente Popular de Brasil, coalición nacional de movimientos populares y sociales, ha denunciado acertadamente que este golpe no es sólo contra Dilma, sino,

"Contra la Constitución, la soberanía popular y la clase trabajadora"... (es la imposición de) un gobierno usurpador que no oculta su perfil misógino y racista".

Detrás de la maniobra están los propósitos antipatrióticos de las élites económicas, empeñadas en privatizar la reserva petrolera del Pre-Sal -donde se hallan depósitos equivalentes a cinco años del consumo mundial del petróleo-, la privatización de empresas estatales y bancos públicos, la venta de tierras nacionales al extranjero, en reducir el gasto público en salud, educación y vivienda, eliminar los derechos de los trabajadores, exterminar el salario mínimo y enterrar la reforma agraria.

Este golpe parlamentario significa nada menos que un retroceso contra todas las conquistas obtenidas, bajo los sucesivos gobiernos del Partido de los Trabajadores desde 2003. Sin duda, es el revés político para el pueblo brasileño, más significativo desde el golpe militar de 1964.

 

La larga mano de Washington

"Cambio de régimen" es el eufemismo que emplea el imperialismo cuando se empeña a derrocar gobiernos. Trátese de Bashar Al-Assad en Siria, Víctor Yanukóvich en Ucrania, Nicolás Maduro en Venezuela o Dilma Rousseff en Brasil. Por ello, no es de sorprender que el 1 de septiembre, un día inmediatamente después del empeachment, el Departamento de Estado de EE.UU se pronunció a favor del golpe parlamentario, insistiendo en "que se ha actuado dentro del marco constitucional", comprometiéndose a fortalecer la relación bilateral con el gobierno usurpador de Michel Temer.

En 2015 Edward Snowden reveló como la Agencia de Seguridad Nacional espiaba por medios electrónicos a varios funcionarios del gobierno de Brasil, entre ellos a la propia presidenta Dilma. En abril del 2016, inmediatamente después de haberse iniciado el proceso de juicio político contra Dilma, Aloysio Nunes Ferreira, del golpista partido PSDB, viajó a Washington a recibir instrucciones de Thomas Shannon, hombre clave del Departamento de Estado para América Latina.

El objetivo nodal del imperialismo norteamericano es enterrar la tendencia de gobiernos soberanos y democráticos de América Latina, que buscan independizarse de la política exterior de Washington.

El gobierno del PT estuvo entre los gobiernos que enterraron al ALCA en Mar de Plata en 2005, respaldó a Venezuela cada vez que EE.UU intentaba una estrategia desestabilizadora, apoyó la campaña de Hugo Chávez en 2006, y en 2009, se opuso al golpe militar de Honduras y a la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia en 2009.

Brasil, como Venezuela, han sido una pieza central en el nuevo ordenamiento soberano de la región, que empezó a gestarse con la victoria electoral de Hugo Chávez en 1998. El retorno al viejo orden regional, mediante el debilitamiento y desestabilización de los gobierno del bloque progresista, para imponer regímenes sumisos ante los dictados del imperialismo, ha sido la motivación central de la intervención de Washington.

 

Un golpe contra los BRICS

El golpe contra el gobierno de Dilma en Brasil es también un golpe contra los BRICS: la articulación entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y todos países que no forman parte de la OTAN.

La alianza entre estos 5 países se sustenta en factores estratégicos importantes, como grandes reservas de petróleo (Brasil, Rusia), armas atómicas (Rusia, China e India), población y fuerza de trabajo abundantes (China, India, Brasil y Rusia), y una industria armamentística evolucionada (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica). Son países industrializados con un gran potencial para el consumo interno. Y son una alianza fuera del tutelaje de la OTAN.

Un golpe al BRICS es un golpe a la alianza estratégica en China-Rusia consumada en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), al MERCOSUR, al UNASUR, CELAC y el ALBA; y a la incipiente alianza entre Irán y América Latina.

El asalto al BRICS es multidimensional y el golpe contra la democracia brasileña es solo una pieza de un rompecabezas más grande. En la reciente Cumbre de la OTAN en Varsovia, del 8 y 9 de julio, declaró a Rusia la "principal amenaza" de Occidente. La 25ª Cumbre de esta Alianza cerró concluyendo que había que fortalecer el escudo anti-misiles y crear en Europa una Fuerza de Acción Rápida para defender el flanco oriental de la Alianza, es decir contra Rusia.

 

Solidaridad y resistencia global entre los Pueblos

Vivimos momentos de un intenso asalto global contra los pueblos. Este golpe contra la democracia y los intereses populares del pueblo brasileño, se da en consonancia con la invasión de EE.UU y Turquía contra Siria, la declaración de guerra de la OTAN a Rusia, el implacable asalto a Palestina, la desestabilización de la Venezuela Bolivariana, el envío de 3 mil marines estadounidenses a Perú, la perpetua guerra secreta contra el pueblo colombiano y el crecimiento del paramilitarismo en tiempos de paz, el asesinato de un dirigente del gobierno de Evo Morales en Bolivia, el asalto neoliberal de Macri en Argentina, el asesinato de maestros en México. Son distintos episodios de una misma guerra global, que se libra contra los pobres de la tierra.

Hacemos nuestro el pensamiento profético de Paulo Freire: "Nadie salva a nadie, y nadie se salva solo; los pueblos se salvan en comunión". Los tiempos que corren nos interpelan a fortalecer nuestras redes de resistencia y de solidaridad entre los pueblos, a prepararnos para lo que serán las fases más intensas de este asalto.

 

Retomamos las palabras del Frente Popular de Brasil:

"Hoy la resistencia apenas comienza. Las calles y las instituciones, los lugares de estudio, trabajo y vivienda. Más pronto de lo que piensan los usurpadores, el pueblo brasileño será capaz de rechazar sus planes y retomar el camino de los grandes cambios".

Al pueblo de Brasil le decimos: cuenten con la solidaridad del pueblo colombiano en su lucha, que también es la nuestra.

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