Mucha especulación gira en torno al golpe de Estado de Turquía del pasado mes de julio. Algunos sostienen que se trató de un auto-golpe; mientras otros insisten en que los Estados Unidos y la CIA estuvieron detrás del golpe. Cualquiera que haya sido la causa real, lo cierto es que el hecho va a significar un reacomodo de la geopolítica regional.

La derrota del golpe por parte de Erdogan le permitió consolidar su poder interno, realizando purgas al interior de la dirigencia política y las fuerzas armadas turcas, controlando la prensa y coartando la oposición a su mandato, que ha ejercido desde 2003. También le ha permitido frustrar los planes de Washington de copar recursos esenciales y corredores de gasoductos desde Catar hasta Europa. Desde el punto de vista de los EEUU, Turquía es el puente terrestre crucial entre Europa y Asia, necesario para consolidar sus planes de hegemonía global en el siglo XXI.

El plan global del imperialismo norteamericano -el llamado Plan Pivote de Washington- consiste en enfocar su fuerza político-económico y militar hacia Asia. Para lograrlo, necesita cercar y fragmentar a Rusia, para luego controlar el crecimiento y expansión mundial de China.

 

La diplomacia de Erdogan

En cuanto al Medio Oriente, el plan de Washington ha sido el de redibujar el mapa del mundo árabe, destruyendo y fragmentando a los estados “rebeldes”, como Libia, Siria y Yemen, aislado a Irán en el proceso. El concurso del gobierno de Turquía ha sido instrumental para esta estrategia; por lo que los nuevos ajustes de la política exterior de Ankara: de tender puentes con Rusia y Siria, debilitan la estrategia de los EEUU.

La reunión entre Erdogan y Putin, del pasado 9 de agosto, donde acordaron construir el gasoducto Turkish Stream, puso fin a la crisis política y diplomática producida por el derribo de un avión caza ruso, por parte de la Fuerza Aérea turca en noviembre del 2015.

El proyecto de Moscú busca reemplazar el gasoducto, que transporta gas ruso por territorio ucraniano para abastecer a la Unión Europea. Originalmente, este gasoducto iba a ser sustituido por el South Stream, un ducto que atravesaría el fondo del mar Negro, pasando por Bulgaria para llegar hasta Austria. Pero en Bruselas bloquearon este proyecto, porque contraviene las leyes de la Unión Europea.

Si bien Erdogan necesita a Rusia para el gasoducto y para construir plantas nucleares, también necesita del gas de Israel para consolidar el papel de Turquía, como potencia de peso en la disputa energética oriente-occidente. Después de la crisis provocada por el ataque de Israel a la Flotilla de Gaza en 2010, las relaciones entre Turquía e Israel se suspendieron hasta ahora, que Erdogan las acaba de restaurar. Hay que recordar que Israel es un aliado fuerte de Arabia Saudita y Turquía busca estar en esa sociedad.

 

¿Y con Siria?

Luego del golpe, Erdogan anunció que hay condiciones para restaurar los puentes con Damasco. Recordemos que Turquía le apostó con todo al derrocamiento del gobierno de Siria. En franca alianza con los EE.UU, Turquía intentó de todas las formas demoler a Bashar Al Assad, para reemplazarlo por alguien perteneciente a los Hermanos Musulmanes. Como parte de la estrategia, Erdogan ha dejado que se fortalezca al Estado Islámico, facilitándole el transporte de petróleo y pertrechos. Pero no lo hizo solamente para combatir al gobierno sirio, sino también para frenar la expansión y fortalecimiento de su enemigo más íntimo: los kurdos; mismos que hoy combaten exitosamente al Estado Islámico desde el Norte de Siria.

Los EE.UU. entraron en alianza con los kurdos de Siria, al igual que hizo con kurdos en el Norte de Iraq tras la Guerra del Golfo, prometiéndoles un territorio autónomo en el norte. Y esto es una de las decisiones de EE.UU que más molestias le ha provocado al gobierno turco, pues el rebelde Partido de Trabajadores del Kurdistán (PKK), ha aprovechado los territorios kurdos del norte de Iraq, como retaguardia estrategia en su guerra contra el gobierno turco. Erdogan siempre fue claro que una de sus líneas rojas era prevenir el avance de las milicias kurdas hacia el oeste del Río Éufrates, y evitar la creación de un Estado kurdo del lado sirio, de la frontera con Turquía.

 

Se afloja un aliado de más de medio siglo

Recordemos que en 1952, Turquía se sumó a los esfuerzos de Occidente para contener a la Unión Soviética y se hizo miembro de la OTAN, convirtiéndose en un baluarte de la cruzada anticomunista mundial. Gracias a su membresía en la Alianza Atlántica, pudo modernizar sus Fuerzas Armadas y lograr convertirse en el segundo mayor receptor de ayuda militar estadounidense, después de Israel. Hoy en día las Fuerzas Armadas de Turquía, cuenta con más de un millón de soldados, que la convierte en la segunda mayor fuerza militar de la OTAN, después de los EE.UU.

En la base aérea de Incirlik, en el sureste de Turquía, se encuentra el almacén más grande de armas nucleares de la OTAN, con bóvedas subterráneas que contienen alrededor de cincuenta bombas de hidrógeno B-61, lo que constituye más del 25 por ciento de las armas del arsenal atómico de la OTAN. Esta base fue cerrada temporalmente durante el reciente golpe de Estado.

El acercamiento de Turquía de Rusia representa, de hecho, un distanciamiento de la OTAN.

Erdogan anunció la aplicación de pena de muerte en contra de los golpistas a sabiendas que esto implicaría la expulsión de Turquía de la Unión Europea, quien ya viene debilitada después de la salida de Gran Bretaña.

Una salida de Turquía de la Unión Europea, seguida por un distanciamiento de la OTAN sería desastroso para el proyecto de dominación global de Washington. Y Erdogan juega a posicionarse como un poder regional con el cual todos tendrán que tomar en cuenta y negociar; una especie de sub-imperialismo regional que reviviría sus sueños neo-otomanos, que tomando distancia con el sello laico de hace un siglo, busca imponerlo bajo el rótulo de los Hermanos Musulmanes. O, al menos, el mensaje a EE.UU. -y de paso, a la UE-, es que Ankara no necesita de permiso para establecer alianzas con quienes le convenga; con lo que el estratégico territorio de Eurasia experimenta un gran giro.

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