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Guerra y Negociación: Los Casos de Irán, Cuba y Colombia

Escrito por Carlos Ramos / FTIMH

Que no haya duda: si el gobierno de Santos negocia la paz con la insurgencia es porque Washington se lo orientó. Desde el 2000, a través del Plan Colombia y sus subsidiarios (Iniciativa Regional Andina, Plan Patriota, etc.) los Estados Unidos invirtieron más de 6 mil millones de dólares en la guerra de Colombia. Se reformaron las fuerzas armadas, se crearon nuevas capacidades de guerra aérea, nuevas tecnologías de inteligencia, drones, etc., pero sin lograr su cometido: la derrota y rendición de las guerrillas más antiguas de Nuestra América. Fue entonces que optó por abrir un proceso de paz, para lograr mediante la mesa de diálogo lo que no ha podido por la vía militar, pues para el imperialismo y los dueños del poder de Colombia, las negociaciones de paz representan un viraje táctico, más no estratégico.

Ahora bien, las negociaciones de paz de Colombia no son las únicas, ya que el imperialismo adelanta procesos de negociación con otros dos contradictores históricos: con Cuba desde 2014 y con Irán desde 2015.

Enfrentado a la insurgencia colombiana desde 1964, a la Revolución Cubana desde su triunfo en 1959 y a la Revolución Islámica de Irán desde 1979, los EEUU han optado por pasar de la confrontación abierta y directa, a la negociación. ¿Esto quiere decir que el imperialismo va sustituyendo su política belicista, por una de soluciones políticas a sus conflictos internacionales? No. Sencillamente que, para Washington y los Estados subordinados a su política, las negociaciones de paz van de la mano de la confrontación militar directa. Son una extensión de la guerra misma.

Ante la decadencia progresiva de su hegemonía imperial, los EEUU no pueden sostener conflictos en todos los frentes. Los desgastes militares y económicos que le han significado las guerras de Irak y Afganistán, en medio de una severa recesión económica, obligan al imperio a optar por una utilización más racional de sus fuerzas. La contención y cerco contra sus dos rivales principales Rusia y China, son los puntos vitales de su estrategia de hegemonía mundial, y debe concentrar sus esfuerzos allí. Así se explican el cerco naval-militar del Mar del Sur de China, el apoyo a la subversión reaccionaria en Ucrania, el cerco de misiles contra Rusia, y el sostenido conflicto del binomio EEUU-OTAN en Siria. Por tanto, ha escogido la táctica de lanegociación para enfrentar los otros focos de rebeldía, que desafían su dominio.

 

Caso Irán

Es claro que antes de asaltar a un enemigo, es mejor aislarlo de sus aliados. Es así como Washington negocia con Irán, mientras mantiene guerras de desgaste con Siria y Yemen, dos de sus aliados estratégicos. De la misma manera promueve la guerra de desestabilización política, económica y militar de la Revolución Bolivariana, mientras negocia con Cuba, quien ha sido su aliado estratégico principal, desde que Hugo Chávez llegó al poder el 1998.

A la par de los acercamientos diplomáticos, adelante el cerco militar. El apoyo y financiamiento del Estado Islámico por parte de los EEUU, la OTAN, Arabia Saudita y Turquía ha mantenido bajo asedio permanente al gobierno de Bashar Al Assad de Siria y al gobierno rebelde de Yemen.

A cambio de la promesa del fin de las sanciones económicas, que padece el pueblo iraní -que le permite comerciar el petróleo iraní en el mercado internacional-, el imperio obtiene el derecho al espionaje de las instalaciones militares iraníes, a través de la Comisión Internacional de Energía Atómica (CIEA), institución multilateral controlado por los EEUU.

 

Caso Colombia

Aquí, las negociaciones con la insurgencia no tienen el fin de construir un nuevo pacto social, sino lograr la pacificación de las fuerzas insurgentes, quienes han frenado una mayor penetración territorial y saqueo de recursos estratégicos, por parte del capital transnacional.

La pacificación de la guerrilla es clave, porque, pese a la campaña de demonización en su contra, sigue siendo un ejemplo de resistencia y un continuador del proyecto revolucionario nuestramericano. Las negociaciones con la guerrilla colombiana no pueden comprenderse en su totalidad, por fuera del contexto del proyecto de restauración conservadora, que promueven las oligarquías y el imperialismo en Nuestra América.

Desde hace décadas Colombia ha fungido como base de operaciones de los EEUU, para el espionaje naval y aéreo hacia el conjunto América del Sur, el Caribe y Centro América. Es su portaaviones para lanzar campañas de desestabilización contra Venezuela y Ecuador. Como ha dicho el intelectual norteamericano James Petras, “las negociaciones de paz son un preámbulo para la ofensiva política-militar en la región”.

 

Caso Cuba

Con Cuba, las décadas de bloqueo criminal, de saboteo económico, de campañas terroristas de la mafia de Miami no lograron doblegar la Revolución. Al proyecto de aislamiento de la isla “le salió el tiro por la culata” pues, mientras Cuba recuperaba relaciones diplomáticas y económicas con el mundo, fueron los EEUU quienes resultaron aislados y repudiados. Ante los fracasos de esta estrategia, el imperio optó por conseguir por la vía de la negociación, lo que no había podido por la vía del saboteo y el terrorismo.

El imperialismo apuesta a que el nuevo ambiente creado por las negociaciones permitirá una mayor penetración ideológica y de posibilidades, para financiar a la llamada disidencias interna. Así, mejora las condiciones para promover la subversión desde adentro, que puede resultar más efectivo, que la agresión desde afuera.

 

Negociaciones de paz, no son la Paz

Las negociaciones de paz no deben confundirse con la paz real, con justicia social, como la soñamos los revolucionarios y revolucionarias del mundo. El imperialismo mantiene -y mantendrá-, su asalto al mundo con su estrategia de guerra permanente. La negociación es un engranaje clave del asalto global, para neutralizar los focos de resistencia, que se le interponen.

El imperio no duda en combinar las formas de lucha, en mezclar la guerra con la negociación, la diplomacia con la violencia. Ante ello, a los pobres y excluidos de la tierra sólo nos quedan los recursos de la lucha, la resistencia y el legítimo ejercicio de la rebelión.

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