Nuevamente, la vieja Europa se encuentra convulsionada. La decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea, el pasado 23 de junio, vía referendo con 51,9 por ciento, con una diferencia de cuatro millones de votos a favor, revela las grietas que se abren cada vez más en lo que era el proyecto de integración europea. La fragmentación del viejo continente puede avanzar más, ya que un escenario muy probable es que otros naciones opten por seguir el ejemplo de Gran Bretaña.

Indiscutiblemente, el Brexit ha provocado una conmoción económica y política mundial. Los mercados tambalearon cuando de forma inmediata cayeron las mayores bolsas del mundo, perdiendo más de dos millones de millones de dólares, cayó el precio del petróleo y naturalmente cayó el euro y la libra esterlina, siendo la unión monetaria el centro de gravedad del proyecto de la Unión Europea. Como si eso fuera poco, David Cameron, el primer ministro de Gran Bretaña, renunció dejando un vació de liderazgo en el país.

¿Las razones? Las explicaciones que predominan en los medios masivos culpan al creciente nacionalismo de ultraderecha, la xenofobia ante la marea de inmigrantes de Medio Oriente; ambos fenómenos producto de un racismo estructural que nunca ha sido superado en Europa.

Pero estas explicaciones ignoran el hecho que la izquierda británica también apoyó la opción de la salida. El Partido Comunista, el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), y el Partido Nuevo Obrero llamaron a sus respectivas militancias a votar a favor de salir de la Unión Europea. Sus razones eran otras: denunciaban el carácter imperialista y neoliberal de la Unión Europea, un artificio autoritario y anti-democrático de la élite de Bruselas, que vive lujosamente a costa de la austeridad de la clase trabajadora, aquellos pobres de Europa han sido llamados a sacrificarse por la gloria del mercado mundial.

La pertenencia a la Unión Europea ha significado para sus miembros la “homologación” de las políticas sociales en clave neoliberal, reformas que siempre van de más a menos, y de lo público a lo privado. Las mayorías británicas victimizadas por esas políticas neoliberales han visto crecer la grieta entre ricos y pobres. Visto así, el referendo se convirtió en una protesta en contra del estatus quo impuesto por la élite financiera de Bruselas.

El Brexit no creó la crisis de Europa, pero si la profundizó. Profundizó la brecha de aquel 1 por ciento dueño de todo, de la Europa de la prosperidad para los pocos a costa de la austeridad para los muchos, de la Europa del desprecio a los trabajadores e inmigrantes y al servicio de las grandes empresas transnacionales.

 

Europa y los intereses imperialistas

Obama hizo campaña fuerte en contra del Brexit, pues los intereses estratégicos de EE.UU. siempre han estado fuertemente atados al futuro de la Unión Europea. Recientemente, el diario británico The Telegraph (abril 2016), basándose en documentos desclasificados del Departamento de Estado de EE.UU., expuso cómo la construcción de una comunidad europea de naciones siempre había sido parte de una estrategia norteamericana desde la década de 1950.

De manera encubierta, las administraciones de Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon, han financiado el proyecto de integración europea. Esto se dio inicialmente a través de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, precursor de la CIA), bajo el mando del General William Donovan, y luego a través del Comité Americano por una Europa Unificada (ACUE, por sus siglas en inglés), una fachada de la CIA.

El impulso que le dio el imperialismo norteamericano a la integración europea -incluyendo campañas por un parlamento europeo y la unificación monetaria desde los 1960s-, obedeció a las lógicas de la Guerra Fría, pues Europa se convirtió en la primera trinchera, para confrontar a la Unión Soviética.

El fin de la Guerra Fría no significó el fin de los intereses estratégicos de los EE.UU. en una Europa unificada, pues al binomio EU-OTAN continuó siendo un aparato de dominación regional; en primera instancia para absorber las ex-repúblicas socialistas (Polonia, Hungría, Rumania, Checoslovaquia, Georgia) , y para promover las guerras de fragmentación y balcanización, como el caso de Yugoslavia. En el Siglo XXI, la EU-OTAN sirvieron de punta de lanza en los asaltos a Afganistán, Irak, Libia, Chad, Siria y Mali.

En la actualidad, con el pretexto de enfrentar la expansión militar de Rusia y la expansión económica de China, EEUU depende del sostenimiento de la Unión Europea como bloque de contención de esa “doble amenaza”. Washington teme que una Europa dividida y debilitada le daría ventaja a Vladimir Putin para ejercer mayor influencia en el viejo continente.

Presionados por EE.UU., la Unión Europea le impuso sanciones a Rusia después de que Crimea votara por anexarse a la Federación Rusa. Pero, estas medidas resultaron más lesivas para los mismos países europeos. El imperialismo norteamericano hace esfuerzos titánicos por sostener a la UE en crisis. En buena medida, la Pax Americana depende del fortalecimiento de la UE-OTAN.

Pudiera ser que aquí se encuentra uno de las paradojas mayores de este acontecimiento telúrico: la Europa que le ha apostado a la fragmentación de otros países mediante la guerra, como una vía para sostener su hegemonía como bloque euro-imperial, termina fragmentándose a si misma, víctima de sus propias ambiciones hegemónicas.

 

El mundo en bloques

El imperialismo norteamericano, consciente de que ya no detenta el mismo poder global de antaño, comprendió que precisaba de alianzas para mantener su dominio. Esta necesidad se sintió con mayor fuerza a partir de la Gran Recesión del 2008. Por ello, la administración Obama ha fortalecido la alianza inter-imperial EEUU – UE.

La disputa por la hegemonía mundial se vive a través de los grandes bloques de poder político, económico y militar. Los BRICs, la Organización de Cooperación de Shanghai, el Mercosur, Unasur, la CELAC, la Alianza del Pacífico, ASEAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Tratado Transatlántico, son algunos de los bloques constituidos en el marco de la contienda mundial.

En esta geopolítica mundial, es evidente la debilidad del bloque europeo para imponer condiciones y se va configurando una mejor correlación de fuerzas a favor de Rusia y China.

La situación de Gran Bretaña es más grave, puesto que existe un serio riesgo de que se siga fraccionado. En el mismo referendo que se aprueba la salida de la Unión Europea, en Escocia, el 62 por ciento votó a favor de permanecer allí, mientras que en Irlanda del Norte, vuelve a tener fuerza la corriente nacionalista de salir de Gran Bretaña y fusionarse a Irlanda. Gran Bretaña tiende a quedar reducida a Inglaterra y Gales y su futuro se vislumbra como el furgón de cola de EE.UU.

La situación económica de Gran Bretaña se complica, al perder las ventajas arancelarias, dado que la mitad de sus exportaciones estaban amarradas a Europa por sus tratamientos preferenciales. La economía productiva sufrirá graves consecuencias, mientras que se fortalecerá las actividades especulativas y es probable que busque consolidarse como un gran paraíso fiscal.

En medio de esta repartija imperialista del mundo y realineamientos entre bloques de poder, son los pueblos quienes llevan la peor parte y no queda más alternativas que potenciar las luchas de confrontación a los estados y al capital. Hoy cobra más vigencia la vieja consigna de ¡Proletarios de todos los países: Uníos!

Tagged Under