En marzo de este año, tuvimos la oportunidad de convivir con el pueblo Kurdo en la región del Bakhur Kurdo en Turquía, especialmente en la ciudad de Amed (Diyarbakir) junto a una delegación de observación, compuesta por activistas de organizaciones internacionalistas, para conocer lo que viene ocurriendo en esa región con la población kurda y sus organizaciones sociales.

Bakhur -en kurdo “norte”-, es una región de Kurdistán en Turquía, cuya identidad kurda ha sido históricamente negada por el Estado turco. En 1984 se inició una resistencia armada, comandada por el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) y su brazo armado naciente, las Fuerzas de Defensa Popular -YPG-. Los datos oficiales turcos hablan de más de 30 mil muertos, además incontables detenciones y atentados a sedes de partidos kurdos. 

Desde 2009, hay un reconocimiento limitado de la realidad kurda en aspectos formales. En las elecciones generales de 2015, el partido de izquierda turca y kurda HDP (Partido Democrático de los Pueblos) llegó al parlamento turco por primera vez rebasando más del 10 por ciento de los votos y con 80 escaños en el parlamento. Pero hoy todavía sigue gobernando en Turquía el partido AKP, partido islamista conservador, de ultraderecha y nacionalista. El AKP es liderado por Tayyip Erdoğan, quien en los últimos años ha realizado una política represiva, hacia cualquier voz en favor de la autodeterminación del pueblo kurdo. 

Pese a la represión del gobierno turco, que apoya al Daesh (Estado Islámico), cada vez más ciudades y barrios del territorio turco declaran su autonomía en sintonía con la revolución social de Rojava (Oriente kurdo).

 

Incremento del autoritarismo dictatorial

Desde julio de 2016, cuando se desarrolló el fallido golpe de Estado en Turquía, las políticas del gobierno del actual presidente turco, Erdoğan, se han ido incrementando la represión contra la izquierda turca y el movimiento kurdo. 

Pudimos constatar el ambiente que se vivía un mes previo al Referéndum del pasado 16 de abril en Turquía, donde arreciaba la campaña del “Si” en favor del Referéndum, campaña ostentosa y manipuladora desplegada por el gobierno y los partidos de derecha y ultraderecha turcas, en cabeza del AKP, contra la campaña por el “No” liderada por partidos de izquierda como el HDP y el pueblo kurdo; campaña rodeada de restricciones, desventajas y mucha represión..

Como sabemos, ha ganado el “Si” obteniendo el 51,37 por ciento de los votos frente al 48,63 por ciento del “No”. Este Referéndum impone más poder al presidente de la república, haciendo desaparecer la figura del Primer Ministro y sustituirlo por uno o varios vicepresidentes. Además, el presidente podría tener también los poderes ejecutivos para nombrar y remover ministros, promulgar decretos, declarar el estado de emergencia cuando quiera, el poder de suspender unilateralmente el parlamento electo y el derecho a elegir un tercio de los miembros del Tribunal Constitucional, quien es el máximo órgano de justicia del Estado. De esta forma Erdoğan, actual presidente, tras 12 años en el poder, en donde primero fue primer ministro y ahora desde el 2014 como presidente de la república, podrá mantenerse en el poder por 10 años más, contando a partir del fin de su mandato en 2019.

 

Crece la resistencia

Pudimos encontrar desde nuestra llegada a la ciudad de Amed (Diyarbakir), que viene recuperando su dinámica social y comercial, ya que desde hace un año y medio venía siendo teatro de guerra entre las fuerzas militares del Estado turco y las milicias urbanas del PKK, este último hizo el llamado de guerra en las ciudades, declarando barrios enteros como autonomía kurda inspirados por los acontecimientos en Rojava en la parte siria, en donde la insurgencia kurda ha declarado la autonomía de regiones, bajo su modelo alternativo del Confederalismo Democrático, una propuesta de autogobierno kurdo.

Además de enfrentamientos crueles desde 2011, contra el Estado Islámico, otras ciudades cerca de Diyarbakir, más hacia el sur de Turquía como Nusaybin y Cizre, también presentan enfrentamientos directos.

En el caso de Diyarbakir, la gente de allí, nos informaba que la ciudad quedo sitiada por más de 150 días y muchos barrios fueron literalmente destruidos por la guerra. Hoy en día estos barrios los viene reconstruyendo el gobierno turco con un proyecto de apartamentos, pero destinado sólo para los turcos, con lo que siguen desplazando al pueblo kurdo.

Las organizaciones kurdas de mujeres, colectivos de abogados, asociaciones de DD.HH., y el informe sobre violación de Derechos Humanos de la Asociación Insan Haklari Dernegi, resaltan la creciente escalada del conflicto y la violencia desde julio de 2015, que coincide con la perdida de la mayoría absoluta del partido AKP en las elecciones de ese mes. Desde entonces hay un estado de emergencia declarado, con encarcelamientos masivos, torturas, asesinatos, desapariciones y maltratos de civiles.

En el marco del estado de emergencia, se puede privar de la libertad a las personas hasta por un mes, sin la obligación de comunicar al detenido los motivos de su arresto y sin la obligación de comunicar a sus familiares y abogados el lugar de detención.

La Asociación ha registrado 1.757 civiles muertos y 2.096 heridos graves, 8.574 casos de civiles arrestados de los cuales 190 eran menores de edad. Se informa también que al menos más de medio millón de personas han sido víctimas de desplazamiento forzado.

La represión también se ha dado contra los partidos políticos de oposición y pro kurdos, con más de 130 mil funcionarios y personal administrativo expulsados de su trabajo. Estas purgas también han afectado al sistema educativo en Turquía y las regiones kurdas con la expulsión de más de 5 mil profesores y profesoras, a las cuales también se les ha retirado el pasaporte.

La representación parlamentaria de izquierda, tampoco ha escapado a la represión. Más de 3 mil miembros y cargos políticos del Partido Democrático de los Pueblos -HDP- han sido encarcelados, incluidos sus dos co-presidentes, Selahati Demirtas y Figen Yuksekova, a quienes además les revocaron sus mandatos parlamentarios, todo esto bajo la acusación de que apoyan el terrorismo.

 

Diyarbakir, una ciudad que se levanta

Desde la profundidad de las catatumbas del pueblo no cesa la vida, en continua acción de reconstrucción del pueblo kurdo, que en medio del terror cultiva la alegría en los barrios y comunidades, como es el caso de los territorios del sur en la ciudad de Amed, donde la gente reconstruye las casas destruidas por la guerra. 

Las personas en el distrito Sur en Diyarbakir han ido saliendo nuevamente a las calles a tratar de recuperar su vida cotidiana. Un acontecimiento de este empeño lo constituye la celebración del Newroz, año nuevo para los kurdos, que se festeja el 21 de marzo con la llegada de la primavera; esta vez bajo fuertes medidas de seguridad, ya que esta festividad se ilegalizó en varias localidades kurdas en Turquía. La gente disfruta el newroz, para resaltar la cultura kurda, su lengua, su música y sus bailes tradicionales.

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