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Vendiendo Humo

Escrito por Editorial N.453 / Revista Insurrección

Con sobrada razón se escuchan en Colombia y el exterior, muy variadas preocupaciones por lo que puede ser un final fallido del actual proceso de paz, que el gobierno de Santos adelanta con la insurgencia. Las incertidumbres crecen en los últimos días, cuando de forma unilateral el régimen suspende el proceso de diálogo de la Habana.

La grave contradicción gubernamental consiste en definir que se dialoga en medio del conflicto y levantarse de la mesa con las FARC, cuando ésta realiza operaciones militares; es un asunto grave, porque rompe las reglas del juego, genera desconfianzas, volviendo más frágil el proceso de paz. La insurgencia ¿no podría pararse mañana de la mesa, invocando las mismas razones del gobierno?

La suspensión saca a flote la idea de paz del régimen, que concibe la paz como un ejercicio mediático, un simple escenario de distracción, en el cual se repite de forma falaz que “la paz está cerca”, porque “el desarme de las guerrillas es inminente”, etc. Por esto, algunos han dicho que “el gobierno está vendiendo humo”.

De querer de verdad la paz, el gobierno se empeñaría a fondo en gestos y acciones concretas, que disminuyan los impactos de la guerra; marco en el cual se inscribe la propuesta de acordar un cese bilateral de fuegos, como lo reclama la sociedad. 

Haciendo oídos sordos, el gobierno viola el sagrado derecho a la paz, que tiene todos los hombres y mujeres del mundo, sumándose a la ya larga lista de regímenes anti democráticos articulados al plan de guerra imperialista, que la historia de la humanidad ha condenado en varios momentos.

En resistencia al plan de guerra imperialista, los elenos y elenas nacimos en  rebeldía hace más de 50 años, cuando cansados de ver morir a nuestros mayores a manos de la represión y la pérdida de nuestros niños por hambre y miseria; alzamiento en armas de legítima defensa, que colocamos al servicio de las mayorías nacionales, para lograr una sociedad justa, equitativa y en paz.

En este camino de rebeldía, desde hace 25 años, hemos dedicado esfuerzos y asumido riesgo, para buscar una salida diferente a la guerra, pero desde el régimen dominante no hemos encontrado un interlocutor unificado y con una  voluntad de paz verificable. Hoy, ésta búsqueda de paz sigue viva y está por consolidar, hasta que llegue a ser un sentir mayoritario de los colombianos.

En medio de las naturales desconfianzas mutuas, hemos respondido a la propuesta del gobierno de Santos, que plantea poner fin a la confrontación militar, que para nosotros, es buscar resolver un conflicto de naturaleza política.

Simultáneamente, éste gobierno continúa acrecentando la realidad de antidemocracia, pobreza, precariedad, entrega de la soberanía, despojo y destrucción de los bienes comunes, que entre otros factores, está en la base de este conflicto, cuya resolución, históricamente aplazada seguirá alimentando la guerra y el conflicto social. 

Seguir desconociendo que la lucha insurgente y la protesta popular son legítimas y tienen carácter político, sólo se explica en el propósito de la oligarquía y los gobiernos de turno de mantener sus privilegios, y los de sus socios extranjeros. La guerra contra el pueblo se sigue desarrollando para contener la protesta social y las justas luchas de comunidades urbanas y rurales, dirigidas a frenar la expropiación de que son objeto desde hace décadas.

Por esto, en casi dos años de diálogos exploratorios, que hemos sostenido con el actual gobierno, sólo constatamos diferencias profundas en lo que éste entiende por el logro de la paz; porque para el régimen es desmovilización, impunidad, pacificación y que algo cambie, para que todo siga igual; mientras para el ELN es justicia social, democracia, equidad y soberanía. Estas diferencias hacen profundamente complicado el logro de la paz.

Para que el gobierno deje de “vender humo”, se necesita que ofrezca las transformaciones concretas, que favorezcan a las mayorías colombianas.

El ELN ratifica que seguirá perseverante buscando un acuerdo para lograr la paz, y llama al movimiento político y social colombiano, en sus diversas expresiones, a luchar y movilizarse, a protagonizar los caminos de la solución política, para llegar al feliz puerto de una paz con justicia y equidad social, que supere la oscura noche de la guerra contra los más humildes de Colombia.

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