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Impuestos Regresivos o Progresivos

Escrito por Vileta Rodríguez

El 26 de noviembre, las Comisiones Económicas del Congreso, aprobaron en primer debate el proyecto de Reforma Tributaria, presentada por el ministro de Hacienda.

Esta reforma surge del déficit presupuestal que tiene el segundo gobierno de Santos, que para el 2015, presenta un faltante de 12,5 billones de pesos.

 

Lo aprobado

Lo primero es el impuesto a la riqueza, para las empresas que tengan un patrimonio líquido superior a mil millones de pesos, que debía desaparecer este año, pero se prolonga por otros cuatro años. La novedad es que se cobrarán tarifas decrecientes, hasta desaparecer en 2018. Este impuesto también se cobrará para las personas naturales, con una tarifa constante y se mantendrá después del 2018.

Como el impuesto a la riqueza se hace decreciente, eso se compensará con una sobretasa creciente al CREE (un impuesto a la renta), que grava a las sociedades que tengan ganancias superiores a  800 millones de pesos.

La eliminación de la devolución de los dos puntos del IVA, para quienes compren con tarjetas de crédito y débito.

También se mantiene el impuesto del cuatro por mil hasta el 2019 y un desmonte gradual para el 2022.

 

La Reforma también establece penalizaciones contra los evasores

Otro aspecto importante de esta reforma es la amnistía tributaria, que se hace para los capitales no declarados, en el país o en el extranjero, al que se le cobraría un impuesto del 10 por ciento. Esto equivale a un lavado de activos, pues la mayoría de estos capitales que se legalizarán, proceden de las actividades del crimen organizado, como el narcotráfico y del despojo paramilitar.

El Ministro de Hacienda manifestó ante los medios de comunicación, que “durante los siguiente cuatro años el impuesto a la riqueza le generará seis billones de pesos, la tasa del CREE 2,5 billones de pesos, la eliminación de la devolución por compras con tarjetas de crédito y débito 400 mil millones de pesos, y la prolongación del cuatro por mil cerca de 3,4 billones de pesos. La Reforma le apunta a recolectar 12,5 billones para el 2015, 13 billones para el 2016, 13,5 billones para el 2017 y aproximadamente 14 billones para el 2018”, para un total de 53 billones de pesos.

 

Chillidos por la Reforma

Apenas se conoció la aprobación de esta Reforma en el primer debate parlamentario, inmediatamente todos los grandes gremios económicos chillaron, a través de todos sus medios de información.

Los poderosos gritan que “aquí se penaliza el éxito”, que es una Reforma regresiva y recesiva, que los empresarios quedan con los impuestos más altos del mundo, que se atenta contra la inversión y se aumentará el desempleo, que se evitará que haya inversión extranjera y que no quedará más alternativa que irse del país.

Es claro que nadie se irá de este paraíso empresarial, donde el Estado beneficia al capital y no a la población. Sus alaridos mediáticos, son sólo una estratagema de negociación y muy pronto llegarán a los acuerdos satisfactorios con el gobierno.

 

¿Quién hace el hueco fiscal?

Valga recordar que el Presupuesto General de la Nación prioriza el pago de la deuda externa, la inversión en la guerra e infraestructura y al funcionamiento del Estado, para pagar los sueldos del sistema burocrático-clientelar, el que cambió votos por puesto de trabajo. Así, que el déficit presupuestal que quiere cubrir la Reforma tributaria, está destinado a lubricar el régimen anti democrático y represivo, y no a solucionar las principales problemáticas de los colombianos.   

Esta Reforma no surge ni responde a las urgentes necesidades del pueblo colombiano, no responde a los habitantes de barrios populares desconectados de sus servicios públicos, tampoco le responde a la crisis financiera del Sistema de Salud o a la crisis de las universidades públicas. No le apunta a disminuir los gastos de la gente de a píe, ni los impuestos indirectos como el IVA o el impuesto a los combustibles, que afectan a todos los colombianos sin importar sus estrato social.

Esta Reforma la podemos resumir como un pequeño aumento en los impuestos a algunos ricos, quienes llevan mucho tiempo favorecidos por las rebajas y exenciones tributarias, mientras se mantienen los impuestos a los pobres.

Si los empresarios se endurecen, Santos hará lo mismo que sus antecesores: tapará el hueco fiscal aumentando los impuestos a la población y agrandando el endeudamiento del país ante la banca extranjera.

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