“El deber de todo cristiano es ser revolucionario,

y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”.

Camilo Torres Restrepo.

 

Hablar del comandante Camilo Torres Restrepo, no es sólo un honor, es una gran responsabilidad, que exige contextualizar de la manera más objetiva, la vida y obra del llamado cura guerrillero.

Jorge Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929, en el matrimonio del médico pediatra Calixto Torres Umaña e Isabel Restrepo Gaviria. Se graduó como bachiller del Liceo Cervantes en 1946 e ingresa a la facultad de derecho de la Universidad Nacional en donde cursa un semestre, para luego ingresar al Seminario Conciliar de Bogotá, el 24 de agosto de 1947. Se ordena como sacerdote el 29 de agosto de 1954.

En 1958 obtuvo su licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. En 1959 fue nombrado capellán auxiliar de la Universidad Nacional, en donde fundó y presidió el Movimiento Universitario de Promoción Comunal (MUNIPROC), para vincular a los estudiantes con la realidad de los sectores más deprimidos de la sociedad.

En junio de 1962 encabezó una protesta por la expulsión de 10 estudiantes de la Universidad Nacional, por lo cual el Cardenal Luis Concha Córdoba, le ordenó renunciar a todas sus actividades en la universidad. La imposibilidad de un diálogo con el Cardenal, y su creciente liderazgo popular, lo llevaron a solicitar su regreso al estado laical el 24 de Julio de 1965. Fundó el semanario Frente Unido, cuyo primer número apareció el 26 de agosto de 1965.

El 18 de octubre del mismo año, viajó a las montañas de Santander para incorporarse como combatiente del Ejército de Liberación Nacional, donde fue, en su corto tiempo de lucha, siempre ejemplo de la consigna, Ni un paso atrás, liberación o muerte (NUPALOM). El 15 de febrero de 1966 murió en combate en Patio Cemento, corregimiento del Carmen, en San Vicente de Chucurí.

 

El camino de la fraternidad cristiana

En un mundo en el cual la religión se ha convertido en uno de los mayores causantes del sub desarrollo, facilitador de la corrupción y de la humillación hacia el pueblo más indefenso, así como de las diferentes guerras y por ende de muerte de miles de seres humanos; encontrar una persona que encarne el saber teológico en combinación con la lucha por la justicia social pareciera ser algo contradictorio. Y es que Camilo Torres Restrepo termina convirtiéndose en un signo catalizador entre la fe y el compromiso social con todo su contexto de dramatismo, conflicto, sangre y sacrificio.

Para América Latina, un continente que ha vivido durante siglos en medio de la opresión, Camilo Torres Restrepo fue esa luz de conciencia, que permitió a muchos quitarse el velo de las llamadas “vías de desarrollo”, que en realidad han sido para el continente las vías de la injusticia social.

Sin embargo, ir contra la corriente, contra el sistema, tomar conciencia y encontrar un nuevo punto de partida, se sale por completo de lo que la iglesia cristiana, católica y romana nos enseña. Como un cura puede pretender que el pueblo, al que estratégicamente los patriarcas de la iglesia y de la oligarquía, han sometido a la ignorancia y al analfabetismo, un día despierte y exija sus derechos, su liberación, decida no humillarse y empiece a reclamar lo que es suyo.

Y fue precisamente ese drama, ese conflicto entre su fe y su compromiso con el pueblo y con la historia, entre su conciencia de hombre y su conciencia de creyente, lo que un día llevo a Camilo a abandonar la vida de sacerdote para empuñar un fusil, para convertirse en un guerrillero y desde lo que él mismo ayudo a construir, la Teología de la liberación, luchar por la liberación del pueblo colombiano.

Cincuenta años después de haber entregado su vida en la lucha hacia un país justo socialmente, Camilo, cual Mesías, sigue vivo en la memoria de aquellos que día a día sueñan con libertad, con igualdad social. Camilo murió convencido del deber de hacer la revolución como único camino hacia una fraternidad cristiana de verdad.

Sin sotana, Camilo murió siendo un verdadero sacerdote, siendo ese faro que ilumina el camino de cientos de campesinos, de indígenas, de estudiantes, de líderes sindicales, etc., que han vivido bajo el miedo, bajo la opresión, en búsqueda de una patria propia en búsqueda de la liberación nacional.

 

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