Relato del comandante Pablo Oriente, sobre la acción comando en que fue liberado, de la cárcel de Arauca, el 7 de octubre de 2009.

 

Antes de contar esta historia, me gusta recalcar que desde el primer día que vi la guerrilla, decidí ser guerrillero, por ello no he tenido dudas sobre ser revolucionario y guerrillero para siempre.

En ese año yo hacía parte de la Dirección Nacional, donde me asignaron tareas, que para cumplirlas debía moverme por varias regiones del país.

Por esos días, las agencias de espionaje del Estado habían logrado la infiltración de un supuesto hacker, el que me presentaron con muchas recomendaciones. Este hombre me propuso varias operaciones que él podía realizar, yo confié en él y finalmente terminó entregándome.

Esto ocurrió en Bogotá, el 7 de enero del 2008, cuando acudía a cumplir una cita con él, el vehículo donde me encontraba fue rodeado por el ejército; por lo que concluyó que este sujeto fue el responsable de mi captura.

En ese momento me preparé para las torturas e interrogatorios tradicionales del ejército enemigo. Me trasladaron a las instalaciones del Grupo anti secuestro (Gaula), más o menos a las 5 de la tarde, allí recibí la visita del general Mario Montoya, el comandante del ejército en ese entonces, quien me propuso que llegáramos a un acuerdo.

Desde ese mismo día, tome la decisión que mis opciones eran la libertad o la muerte, elección que fue respaldada por el organismo superior. Para ejecutar la tarea de mi liberación de una vez pensé en Carlos, un compañero de nuestras Tropas especiales a quien le guardo profundo aprecio y que lamentablemente murió en combate, un tiempo después de haberme rescatado de la cárcel.

El plan de rescate se empezó a desarrollar e íbamos bien, porque nosotros pensábamos hacer la fuga a los tres meses de haber sido detenido, pero los Estados Unidos solicitaron mi extradición, esto hizo que me trasladaran a Bucaramanga, a compartir celda con narcotraficantes y paramilitares, lo que obligo a modificar todo el plan.

Luego me llevaron a Tunja a la cárcel de alta seguridad de Cómbita, y precisamente en ese momento, se cayó la solicitud de extradición.

Me trasladaban a Arauca a las audiencias, porque allí estaban abiertos los procesos en mi contra. Durante esos traslados hicimos varios intentos de rescate, pero cada vez algún detalle novedoso nos hacía cambiar los planes; cuando uno de esos intentos fallaba, vivíamos una angustia muy grande y más aún, tenía que disimularla ante los guardias, el juez y los otros presos.

La operación para mi liberación fue fruto de un planeamiento de un Comando de Tropas Especiales, y es falso que hubiese pactos con la guardia penitenciaria, tampoco hubo dinero de por medio.

El 5 de octubre del 2009 tenía la antepenúltima audiencia, esta era trascendental, pues luego los cargos pasarían a Bogotá, entonces dejaríamos de ir a Arauca y el plan de rescate se volvería más complejo.

Recuerdo que ese día me sacaron entre 3 y 4 de la tarde de Cómbita, de alguna manera, presintiendo algo, me despedí de mis compañeros revolucionarios de celda, diciéndoles que contaran con todo mi apoyo solidario, el de un preso más.

Hasta el 7 de octubre en la mañana me llevaron a la audiencia, ese día los testigos no llegaron. Por tanto no se realizó la audiencia. A las once de la mañana llegó la guardia penitenciaria (INPEC) y me dijo, “alístese que nos vamos”. Ahí mismo sentí una angustia, como si se me estuviera perdiendo la oportunidad de fugarme.

Afuera esperaba un Comando de 15 compañeros listos, incluyendo a dos compañeras, una de ellas la que entró al penal. Durante esta operación no usamos armas largas, sólo cortas.

Un sargento del INPEC nos acosaba constantemente para que nos fuéramos, de repente irrumpió el Comando, yo escuche unos golpes y pensé que era la puerta principal de la cárcel, porque me encontraba en un calabozo cercano.

De repente entraron unos encapuchados con casco y vestimenta tipo militar, yo pensé, “me van a secuestrar los paramilitares” o algo así. Pero me dijeron “viejo nos vamos”, el compañero muy sereno abrió la puerta y salimos. El sargento con su arma de dotación, fue incapaz de contener al comando, el tipo quedó totalmente sorprendido.

Al salir nos encontramos a una compañera que tenía controlado a un teniente. Tuvimos un punto a nuestro favor y es que a ese teniente había que retenerlo, y cuando la compañera fue a hacerlo, este se encontraba fuera de la cárcel, por lo que fue más fácil obligarlo a abrir la puerta del penal.

Ella me dijo, “hágale viejo que vamos detrás”, cuando salí la balacera estaba prendida, ahí nos la jugamos con iniciativa militar. El compañero Carlos era muy bravo para el tiro, pues cuando dejamos al teniente, salieron dos guardias a atacar al último compañero que salía. Él acciono su arma, dio de baja a uno de los guardias e hirió al otro, luego les quito las dos pistolas. Hasta un perro nos atacó y hubo que darlo de baja.

La acción de rescate fue muy rápida, fueron cinco minutos en los que, el que menos disparó, hizo cincuenta tiros de pistola, fue una de las operaciones urbanas mejor logradas. Recuerdo que ese día en Arauca, por coincidencia había un Consejo de seguridad con altos mandos militares.

Luego de esto, vino el repliegue en motocicleta, mientras salíamos veía las inmensas sabanas de los alrededores, es lo que denominó como mi segundo nacimiento.

Ya en la tarde, de la angustia pasamos a la felicidad, pues aparte de estar libre, lo más satisfactorio fue saber que todos los compañeros del Comando estaban completos e ilesos, no faltaba ninguno.

El 2009 fue especialmente satisfactorio, porque sumado a mi liberación, un tiempo después logramos terminar con la guerra fratricida existente con los compañeros de las FARC. Como lo vivo diciendo cada año que recuerdo esta fecha, esta es la historia de mi segunda vuelta a la vida.

Tagged Under