El denominado “Uber” es una multinacional que permite (mediante una aplicación) contratar servicios de transporte, funciona en 300 ciudades de 58 países al rededor del mundo y aunque sus precios son significativamente altos, ha venido generando una difícil situación para las empresas de taxi tradicional y los trabajadores de las mismas.

El mecanismo permite que carros de tipo particular afiliados presten servicios de transporte, sin que sean regulados por la normatividad que cobija las empresas formales de transporte y los costos que estas deben pagar en impuestos, licencias y cupos de funcionamiento. En Colombia existen 10.000 vehículos afiliados y cerca de 150.000 usuarios mensuales.

La falta de equidad en la regulación normativa de este mecanismo en comparación con otros sistemas de transporte, así como la amenaza sobre el derecho al trabajo de miles de taxistas ha generado al rededor del mundo, fuertes protestas y acciones encaminadas a su prohibición y/o regulación. El pasado 29 de julio se adelantó una protesta en diferentes países en donde hace presencia la multinacional, que fue apoyada en Colombia con un paro de taxistas.

La ola Uberizadora está llegando a reimpulsar la tercerización, la monopolización en el transporte público, pero además en el turismo, el comercio, el derecho a la salud y por consiguiente el despojo de nuestros territorios.

 

¿Quien responde por Uber?

Uber surge al calor y las ventajas de los TLC, la Alianza Pacífico y otras imposiciones del gobierno de EE.UU y sus aliados europeos. El cuento es el mismo de otras monopolios "que fue la capacidad innovadora de dos estudiantes" (uno gringo y otro canadiense) quienes hace 5 años crearon esta forma de acumular dinero y aprovechar las ventajas tecnológicas del capitalismo contemporáneo.

Pero el cuento no es tan creíble si fijamos la mirada en el Silicon Valley en California, donde surge realmente este negocio, como muchos otros que se impulsan desde los laboratorios financieros de quienes manejan este monopolio que no tiene nada de virtual y por el contrario, se hace tan real como las abultadas ganancias de sus dueños: Jeff Bezos (Amazon), Google y uno de los mayores usureros de Manhattan, el banco Goldman Sachs, vena financiera abierta de Wall Street en Nueva York, por donde se han extraviado los ahorros de millones de estadounidenses.

 

Monopolio y tercerización

Uber es apenas el asomo de la monopolización del servicio del transporte mundial, a través de una aplicación que no va a sustituir al gran sistema financiero - como opinan algunos - , por el contrario lo complementa y dinamiza mayormente, en tanto que para acceder a este servicio o intermediación (como lo define el representante de Uber en Bogotá) es necesario usar una tarjeta de crédito, débito o con una cuenta virtual Paypal, que termina siendo otro cruce financiero.

Su principal actividad es la de contratar servicios y la intermediación, sin ninguna relación con el trabajador, el cual no cuenta con derechos sindicales, ni prestaciones sociales, ni estabilidad de ningún tipo.

El modelo uber, representa un monopolio que no solo escapa de cualquier tipo de legislación que le regule, le exija el respeto de los derechos de los trabajadores, sino que además no representa para las ciudades, ni los países en donde tiene lugar, ninguna posibilidad de redistribución de las grandes ganancia que genera.

Tal y como la había advertido Lenin: "Lo que hay de fundamental en este proceso, desde el punto de vista económico, es la sustitución de la libre concurrencia capitalista por los monopolios capitalistas", es precisamente eso lo que se está dando en Colombia y el mundo. Estos grandes de la industria informática se han asociado con el gran sector financiero para hacer de la vida socio-económica urbana -fundamentalmente - su principal fuente de plusvalía.

 

Uber profundiza la precarización y el desempleo

El transporte en taxi en las grandes ciudades de Colombia presenta evidentes problemáticas relacionadas con la prestación del servicio: inseguridad, imposición y alteración de los precios de las carreras, demora en los tiempos de transporte, entre otras, las cuales han sido explotadas mediáticamente por “Uber” para catapultar su expansión en el país.

Sin embargo, en el trasfondo de estas situaciones se evidencia un modelo laboral en donde prima la informalidad, la explotación del trabajador el cual además de no contar con salud, pensión, sueldos estables, se ve sometido a largas jornadas de hasta 16 horas y altas cuotas cotidianas (“producido”) que deben ser entregadas al propietario de los vehículos.

Toda esta situación dramática de los conductores de taxi se ve acrecentada con la llegada de Uber, que aunque afecta a los empresarios, principalmente profundiza las precarias condiciones de los conductores y llevará a muchos de ellos a engrosar la lista de desempleados del país.

 

Luchar por el derecho a un empleo digno

La permisividad de las autoridades nacionales con plataformas como Uber, da cuenta del enorme poder que ejercen los conglomerados financieros sobre gobiernos que como el colombiano privilegian la libre circulación del capital, sobre los derechos y el bienestar de los sectores populares.

Las agremiaciones de taxistas han empezado a denunciar y movilizarse frente al inminente peligro que representa UBER para su derecho al trabajo, se hace necesario que además denuncien sus precarias condiciones laborales y exijan al gobierno nacional y los gobiernos locales que actúen como garantes de sus derechos como trabajadores, de su bienestar y el de sus familias.

Los movimientos políticos y sociales urbanos deben saber interpretar esta nueva realidad conflictiva, haciéndola parte de sus agendas reivindicativas y unir esfuerzos para presionar mediante la protesta social, las transformaciones necesarias que dignifiquen la vida en las ciudades y garanticen los derechos fundamentales de todos y todas sus habitantes.

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