Testimonio de Arturo, mando de tropas especiales

De nuevo, estamos listos, nuestra moral está intacta, las dificultades nos templan más. La noche nos arropó con su manto de estrellas, una patrulla hizo un registro hasta un punto y se regresó, decidí enviar diez hombres a que investiguen. La tropa enemiga se devolvió a su sitio habitual, nosotros nos fuimos detrás de ellos. De manera sigilosa llegamos hasta donde estaban, como a unos 200 metros, nuestras tropas ya están ubicadas. Ellos no se mueven a más de 200 metros. Decidí instalar las rampas allí, previendo que si no nos va muy bien en el ataque, podemos sacar la gente y disparar. Si todo sale bien, las activamos y nos vamos.

Con la consigna de “Ni un paso atrás, liberación o muerte” (NUPALOM) en el corazón arrancamos con toda, unos se ubican para el ataque y otros nos quedamos instalando las rampas.

La luz tenue ilumina la inmensidad del cielo. Ya las tropas guerrilleras han salido a eso de las 12:30 o una de la madrugada, estamos muy cerca del ejército. Son las 2 de la mañana y no suena nada, hay mucha tensión en el ambiente. En ese momento suena el tiroteo, pero no suenan las cargas, todos nos miramos pero no decimos nada, nadie se atreve a especular.

La guerrilla llegó a un punto como a 30 metros del ejército, cuando llegamos nos ubicamos en cortina y como la noche está clara, pensamos que lo mejor es pegar un trote y activar las bombas.

Salimos en pique y avanzando por un callejón hondo, estallamos las cargas; los del ejército huyeron corriendo, mientras tratan de repelernos con la ametralladora.

Llegamos al lugar donde acampaba el enemigo, empezamos el registro, encontramos las botas, las carpas y las hamacas vacías, sólo estaban los cuerpos de 4 soldados dados de baja; con dolor observamos como los jóvenes del pueblo mueren defendiendo a los poderosos, que hicieron de la guerra su negocio.

El resto de la patrulla del ejercito huye quebrada abajo, registramos todo el lugar y nos vamos, siguiéndolos. Uno de los militares mientras corre nos dispara, lo alcanzamos, está herido y le quitamos el fusil. Nos regresamos, recogemos los equipos, el armamento, todo lo que podemos y nos alistamos para retirarnos.

Como en la arrancada les habíamos quitado el radio de comunicación, escuchamos toda la maniobra de ellos. El teniente que estaba al mando le pide a dos patrullas que se encuentran como a 800 metros, que se bajen a apoyar a la patrulla atacada, a esto le contestan ambas:

- “No, yo no me bajo mi teniente, ¿usted no mira como les están dando?, les están dando pa' matarlos, ¿usted se va a meter?”

- “No, yo no me voy a meter, apoyen ustedes”. Dijo el teniente.

- “No mi teniente, me da mucha pena, pero yo no me voy a meter, yo no avanzo”.

El ejército quemó algunos tiros, sin mirar para donde, porque estaban asustados.

Con mucha rapidez registramos todo, las cosas marchan muy bien, pero en la guerra no todo es color de rosa. Un compañero quedó herido en un brazo, otro recibió un tiro en una pierna que por fortuna no le afectó el hueso, estas son las escenas dolorosas de una guerra impuesta al pueblo.

Mientras terminamos el registro que hacemos con mucho entusiasmo, recogiendo los cascos, los morrales, los fusiles, pero por la prisa se quedan otras pertenencia de la patrulla que no alcanzamos a registrar. Le damos prioridad a sacar los compañeros heridos, podemos dejar todo menos los compañeros heridos.

 

Replegándonos

El repliegue es uno de los momentos más difíciles de las tareas militares, el enemigo ya esta en acción, la fuerza física de los combatientes está un poco mermada; sacar todo lo recuperado y los heridos se hace más pesado y dificultoso, pero viene el milagro: cuando se merman las fuerzas físicas se disparan las fuerzas morales.

Completamos 20 minutos de combate, luego de una hora y 10 minutos logramos salir a una carretera. Se hizo presente el helicóptero, que como ave de rapiña, dio vueltas sobre nosotros; a las 3:30 de la madrugada empezó a rafaguear, los nervios se nos ponen de punta, pero decimos: “si nos da papaya lo tiramos al piso, todavía nos queda alguna reserva de munición y mucho valor”.

A las 4:30 am, ya sentimos en los músculos y en los huesos el rigor del repliegue, paramos a descansar, pero otro helicóptero empezó a merodear, tratando de ubicarnos, el que aterrizó arriba en una loma, luego de 5 minutos se fue de nuevo; a los 20 minutos regresó otra vez, recogió algo y se fue.

Sacamos los heridos por una via segura y con un enfermero, es parte de nuestro plan; ahora podemos desplazarnos mas rápidamente. Continuamos el repliegue, pensé que el operativo enemigo de respuesta iva a ser duro y me dije “aquí no podemos parar, toca seguir”. En esto cae el amanecer, la luz del día nos saluda, las mañanas siempre son hermosas, nos inyectan una buena dosis de alegría, de optimismo, el paisaje lo sentimos como un compañero mas, aclaró el día y seguimos la marcha. A las 6:30 am dimos a nuestros mandos superiores el parte de victoria.

Revisamos lo recuperado y lo contabilizado, al ver todos esos trofeos, la felicidad se apoderó de nosotros, los rostros de cansancio se transformaron en rostros de alegría, son recursos valiosos para seguir la lucha.

 

Después del amanecer

Aunque nos fue bien, esperábamos mas, no contábamos con que el enemigo tuviera tiempo para huir. La instrucción era que el soldado que tuviera fusil en la mano había que dispararle, pero el que no tuviera nada, había que respetarle la vida, nosotros siempre hemos sido duros en el combate y generosos en la victoria, esa es una de las enseñanzas que nos dan siempre nuestros mandos.

Ese día, caminamos hasta las 9 de la mañana, paramos e hicimos algo de desayuno, el hambre se apoderaba de nosotros, anduvimos como hasta las 2 de la tarde y páramos de nuevo, descansamos, nos bañamos en una quebradita, esta frescura nos relaja, poco a poco se va alejando el cansancio y nuestros músculos van recuperando su vitalidad; que buena terapia es una fresca corriente de agua.

Nos encontramos unos compañeros de las FARC, nos alegró mucho, les contamos que habíamos hecho una tarea, ellos nos felicitan, nos dicen que ya habían escuchado por la radio, con la fraternidad propia del revolucionario, nos propusieron “descansen que nosotros prestamos seguridad por este lado”, Nosotros cubrimos el otro flanco con la guardia en alto.

Un nuevo día ha llegado, continuamos nuestro camino con sabor a triunfo, llevando fija en la mente la imagen de los dos compañeros heridos, ya nos hemos salido del operativo enemigo, hay sentimientos de alegría que no caben en el pecho de unos humildes guerrilleros, pero si caben en el pecho de nuestro sufrido pueblo, este modesto triunfo se lo dedicamos a los hijos e hijas del pueblo. Hasta la victoria siempre.

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