Editorial semanal de la Revista Insurrección

La Dirección del Frente de Guerra Occidental del ELN, saluda al pueblo colombiano y le expresa su preocupación por los abusos y mentiras que las Fuerzas Armadas gubernamentales y los grandes medios de información.

Respetamos las decisiones de las FARC-EP en el acuerdo del 23 de junio y les deseamos lo mejor. La decisión de cese al fuego bilateral, es un notable aporte a la solución política del conflicto, que marca un reto para los firmantes: el de demostrar la voluntad de cambio consignada en los acuerdos.

La conmoción generada en el país a raíz del bloqueo de vías, que implicó el último paro de los movimientos sociales, condujo a un entramado de aseveraciones y reclamaciones que comprometen la paz de Colombia. No sólo por dar cuenta de la pervivencia del conflicto social al margen de la suspensión del enfrentamiento armado.

Aunque todos decimos que queremos la paz, no hay identidad en el tipo de paz que nos planteamos como sociedad. Por ello, hay que buscar los punto de confluencia, tal como ocurre en todos los propósitos colectivos; ésta es la única manera de alcanzarlos, lo que nos plantea un esfuerzo mayúsculo.

Los grandes medios de comunicación se han dedicado a estigmatizar e invisibilizar estas marchas, con la excusa de estar infiltradas por la guerrilla, para manipular la opinión y tapar los motivos que originan el paro. Y, como es costumbre, el gobierno recurre a esta calumnia, para justificar los asesinatos, heridos y detenidos que la fuerza pública realiza contra la población movilizada.

Lamentamos la situación que se presentó en días pasados con la periodista Salud Hernández y los otros comunicadores de RCN. En el Catatumbo, además de la situación de abandono, pobreza y marginalidad que han podido constatar los periodistas, hay una crisis humanitaria, un clima de temor y de alertas que se respira en la población.

Nada de lo dicho a la opinión pública por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez ha estado exento de remisiones a la acusación de impunidad. Con el estribillo “paz sin impunidad”, Uribe Vélez y sus seguidores rechazan la negociación y el diálogo para alcanzar la paz de Colombia. Sus declaraciones se fundamentan en que la paz sólo puede ser auténtica si está basada en el sometimiento de la insurgencia y en un tratamiento jurídico ordinario.