Un siete de enero de 1966, cinco semanas antes de su muerte, Camilo el Cura Guerrillero lanzó su Proclama a los colombianos, en la que expresó que había encontrado ideales similares a los suyos en el Ejército de Liberación Nacional, y por tal motivo se había incorporado a esta organización insurgente.

Un año antes, también el 7 de enero, el ELN realizó la toma de Simacota, la primera población tomada por las guerrillas, que surgieron en esa década de los años 60, del siglo anterior.

La Proclama que el ELN dio a conocer en Simacota ese 7 de enero, retrata las miserias del pueblo a manos de un gobierno de engaños y violencia, que se encuentra al servicio de los monopolios y el imperialismo norteamericano. 52 años después, cualquier parecido con la realidad de hoy, no es pura coincidencia.

 

Concluye la Proclama de Simacota, convocando a:

*La unidad de los sectores populares,

*Hacer de Colombia una patria digna,

*La lucha revolucionaria para derrocar al gobierno y derrotar a la oligarquía.

Sigue vigente luchar por la dignidad de la sociedad y de la nación colombiana y la necesidad de la unidad de las fuerzas populares y democráticas, para lograrlo.

Ahora que exploramos un camino de solución política al conflicto, debemos recordar que el Acuerdo de Agenda, en el punto 5, dice que “vamos a sacar la violencia de la lucha política”, que es lo mismo que sacarla de la lucha por el poder; lo que significa que el régimen dice que va a dejar de usar la violencia para mantenerse en el poder, mientras los revolucionarios dejaríamos de usar las armas para acceder al poder, si el régimen cumple: ¡es un compromiso descomunal el que nos trazamos ambas Partes!

Comparado este propósito, con el de la Proclama de Simacota, tenemos que afirmar, que las fuerzas populares aspiramos a tomarnos el poder, para gobernar al servicio del pueblo y la nación; lo que implica que persistimos en arrojar del poder del Estado a la oligarquía, y por tanto, persistimos en derrocarla.

Si fuera viable andar el camino de la solución política, ya no sería apropiado hablar de derrotar al enemigo, porque derrotarlo significa, vencerlo y hacerlo replegar en desorden.

Sin tapujos, los voceros del régimen, hoy si hablan de la derrota de la guerrilla, a quien buscan imponerle ir a la mesa de diálogo; además de buscar el extermino de quienes están de acuerdo con la insurgencia que plantea dejar las armas, como es el caso del genocidio en desarrollo contra el movimiento político Marcha Patriótica. Preguntamos, ¿la persecución contra las FARC demuestra la voluntad del régimen, para desordenar sus filas y amenazar la existencia de ellas, como proyecto político revolucionario?

 

Volvamos a Camilo

Seis meses después de la Proclama de Simacota, Camilo Torres dictó un histórica conferencia en la sede del sindicato de Bavaria (14-07-1965), en la que habló de las decisiones necesarias para lograr una solución política:

“Mis planteamientos se reducen a que las mayorías ejerzan el poder, para que las decisiones gubernamentales sean a favor de las mayorías y no de las minorías, y como todos sabemos que esto no es fácil, yo he dicho que debemos prepararnos para el caso de que las minorías se opongan por medio de la violencia, a que las clases mayoritarias ejerzan el poder.

¿Qué es lo que sucede con la clase dirigente? Que ella sabe que quien va a definir sobre la pasividad, es decir, el que la revolución sea pacífica o que la revolución sea violenta, es ella. La decisión no está en manos de la clase popular sino en manos de la clase dirigente”.

A la semana siguiente, Camilo amplió sus planteamientos sobre las soluciones intermedias y de fondo para Colombia; en el periódico Vanguardia Sindical #41 (23-07-1965):

“Las presiones para obtener cambios reformistas son aquellas que pretenden soluciones de transición. Es decir, soluciones que contemplan intereses comunes de la clase alta y de la clase popular. Estas soluciones no cambian las estructuras, sino que las adaptan a esos intereses, en caso de que existan.

“Las presiones para obtener un cambio revolucionario son las que se encaminan a cambio de las estructuras. Especialmente se trata de un cambio de la propiedad, del ingreso, de las inversiones, del consumo, de la educación y de la organización política y administrativa. Igualmente contempla el cambio en las relaciones internacionales de tipo político, económico y cultural.

El deseo y la previsión de la clase dirigente se modifican con el género y con la intensidad de la presión proveniente de la clase popular”.

Nosotros en el Ejército de Liberación Nacional, tenemos en cuenta lo que nos dice el gobierno en la mesa de conversaciones, pero estamos obligados a valorar los hechos de violencia, que genera el régimen contra las fuerzas populares; y entre las palabras y los hechos, para nosotros, estos pesan más, cuando hacemos los análisis de la realidad nacional.

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