En medio de los albores de esperanza que brotan del proceso de paz, partió de viaje el sacerdote jesuita Gabriel Izquierdo, reconocido promotor de la participación democrática de la sociedad, de la justicia social y del propósito de acabar la guerra.

Cuando la gente muere, muchos dicen que viajan al más allá; pero en este caso, yo creo que el padre Izquierdo, está viajando para 'el más atrás', hacia el Valle del Indo, en donde durante 7 siglos existió una civilización sin desigualdades y sin guerras.

Este viaje sería hacia el periodo entre 2.600 y 1.900 antes de Cristo, según el investigador Andrew Robinson; quien sostiene que “todas las señales apuntan a (que allí existió) una sociedad próspera y avanzada, una de las más grandes de la historia” [*].

Me imagino que no fue fácil desarrollar una civilización sin desigualdades y sin guerras, y que debió existir en ella una mayoría favorable a la paz, que supo contener a las minorías que desde el Neolítico se lucran de la guerra.

Parte de viaje Gabriel Izquierdo, pero seguramente muchos otros seguirán sus pasos en pos de acabar las desigualdades y las guerras; porque imponer la paz es obra de varias generaciones y en consecuencia, al apagarse una, queda esta tarea en manos de las nuevas generaciones de colombianas y colombianos; hasta lograr una mayoría nacional favorable a la paz.

No hay que olvidar, que colocarse del lado de los empobrecidos, excluidos y víctimas de las guerras, desata la ira de los poderosos.

A principios de este siglo, la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), en sus informes anuales, reportó que los jesuitas en Colombia son el soporte de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. Bastantes esfuerzos y muchas horas de lobby debieron invertir los sindicados, hasta que lograron que esta tenebrosa Agencia de espías, borrara tal calumnia de sus reportes.

Peor suerte corrieron en El Salvador los 5 jesuitas asesinados por la derecha violenta durante la guerra. Su pecado fue ser profesores de la Universidad Centroamericana y denunciar el genocidio, que estaba sufriendo el pueblo salvadoreño. El pasado 18 de agosto, al fin condenaron al autor material de esta masacre; y las agencias de noticias dicen, que la Comunidad jesuita exige, que también investiguen y apliquen justicia a los autores intelectuales de este crimen... algún día, ¿se logrará tanta verdad?

La iniciativa de colocarse del lado de los pobres, se la adjudican a Camilo Torres Restrepo, al que llamaron el Cura Guerrillero; pero hay que ir un poco más atrás en la línea del tiempo, para recordar lo que enseñó el Papa Juan XXIII:

“La iglesia es de todos y especialmente de los pobres”.

 

 


[*] Los Indos: Civilizaciones perdidas. Andrew Robinson. New Scientist, 18-09-2016.

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