Hace cuarenta años, por estos mismos días en la Universidad Industrial de Santander nos aprestábamos a conmemorar los diez años de la caída en combate del Comandante Guerrillero Camilo Torres Restrepo, como se decía en esa época entre los activistas políticos de la Universidad, y como hoy se sigue diciendo, pese a quienes pretenden suavizar el compromiso íntegro de Camilo.

Habían corrido los años, pero el ambiente en la UIS era de mítines y marchas en apoyo a las causas populares y estudiantiles.

Los dirigentes de AUDESA buscaban a alguien que pudiese pintar un mural en una de las paredes del nuevo edificio y recién bautizado con el nombre de Camilo. Yo rondaba en los múltiples círculos de activistas, y por supuesto entre los llamados Camilistas, poco gustosos de las vías reformistas y claudicantes. Alguien llevó el chisme que yo algo pintaba, al final terminé conversando con los dirigentes de AUDESA, que por cierto aún recuerdo sus nombres, desde luego muy famosos entre los estudiantes. Cerramos el acuerdo y solicité dos galones de pintura de caucho para exteriores y un par de brochas y me puse en la tarea.

Con ayuda de un compañero y amigo monté el andamio. No me alcanzó para todo el ancho de la cara, así que me tocó iniciar por un lado, luego bajar el andamio y montarlo por el otro lado de la cara, pues su tamaño era de 8 metros de alto y 8 de ancho. Día y medio después, el rostro de Camilo estaba terminado y al frente de todo el edificio. Fui a cobrar mi trabajo, la módica suma de una empanada y una Cola Hipinto en la “Caseta de Mario” frente a la facultad de Mecánica, pues ya era la una y media de la tarde y no había almorzado.

En el acto de conmemoración nos reunimos el mundo del activismo de izquierda de la UIS, frente a la plazoleta del edificio para descubrir una placa en su nombre. Nos acompañó el entrañable abogado, maestro y defensor de presos políticos Pedro Ardila Beltrán, sus palabras centradas en la memoria de Camilo, su pensamiento y compromiso con la causa de los pobres caían en oídos receptivos de esa generación de jóvenes que luego llegarían a llenar los puestos de lucha y de combate que nos han traído hasta hoy.

Los dirigentes de AUDESA y otros viejos activistas me transmitieron su agrado por el trabajo y me solicitaron que pintara otros dos, uno de ellos era el dirigente universitario de la UIS y militante destacado del ELN: Jaime Andrade Sossa, caído en combate en las filas del ELN hacía pocos años. Con gusto acepté el reto. Necesito sus rostros y la pintura, les dije. El lugar era al frente de la plazoleta que había sido bautizada con su nombre en una asamblea estudiantil, como era costumbre.

Las circunstancias políticas fueron cambiando, meses más tarde fueron expulsados de la universidad los tres principales dirigentes de AUDESA, luego siguieron muchos más. No fue posible volver a subirme al andamio y la obra quedó sin hacer, quizá el nombre de la plazoleta haya sido olvidado. Sería bueno que los estudiantes de la UIS lo recuerden. También se envolataron las dos empanadas, que en esos tiempos no podían despreciarse.

Ese mural es testimonio, de un camino ya irreversible en mi militancia ELENA. Me han contado que el mural sigue ahí, al igual que mi militancia y compromiso acá.

Tagged Under