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“En Colombia mutilan mujeres y no es el estado islámico”

Escrito por Comandante Pablo Beltrán

 

En San Gil, mi pueblo natal, una grosería que uno aprende desde la infancia, es decirle “hijuepelona”, al que quiere ofender. Solamente con los años comprendí, el significado de esta injuria.

 

Gracias a las investigaciones sociológicas de doña Virginia, sobre la familia y el machismo en Santander, vine a saber que, a principios del siglo XX, a las prostitutas les rapaban el cabello, como escarmiento por el trabajo sexual que desarrollaban. De ahí, que el muy trillado “hijuepelona”, no es más que decirle al otro, que es un HP.

 

No conozco desde qué fecha dejaron de mutilar a las prostitutas en Colombia, quizás se haya debilitado esta práctica cuando terminó la hegemonía conservadora en 1930.

 

Mirando más hondo, es en la cultura machista, donde habría que buscar las causas de estas mutilaciones de las mujeres; porque ahora en los inicios del siglo XXI, en esta dolorida Colombia, se ha vuelto a extender está práctica de agredir a las mujeres, por medio de cortarles el cabello.

 

En enero pasado una banda de pillos en Medellín, atacó a una jovencita que se les opuso, y además de herirla la mutilaron, cortándole el cabello. Algo remedia la indiferencia generalizada, el hecho que se levantaron muchas voces en contra de estas prácticas crueles.

 

Más desapercibido pasó otro caso similar, ocurrido en Bogotá, también en enero, contra una reconocida defensora de Derechos Humanos, fundadora del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE).

 

Estos fueron los hechos, según el relato de la misma organización de DDHH:

 

“El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado –Capítulo Bogotá-, denuncia los hechos de violencia de los que fue objeto Blanca Nubia Díaz, integrante y fundadora del Movice, el pasado sábado 13 de enero cerca de su casa en el sur de Bogotá.

 

Blanca Díaz fue abordada por dos hombres que la secuestraron y sedaron, y posteriormente la dejaron tirada cerca al Centro Distrital de Memoria. Los dos hombres interpelaron a Blanca diciéndole 'guerrillera sapa siga haciendo campaña'. Adicionalmente, los dos hombres le cortaron a Blanca su cabello, en un acto que representa un hecho de violencia de género imperdonable.

 

Blanca Díaz viene desde hace 16 años y medio exigiendo el esclarecimiento de la desaparición, violación y asesinato de su hija Irina del Carmen. Desde entonces Blanca ha sido objeto de diversos actos de intimidación, seguimiento y desplazamiento forzado, que evidentemente buscan impedir que exija verdad y justicia para su hija. El hostigamiento ha sido dirigido también a distintos integrantes de su familia, por lo cual consideramos que no solo ella, sino también sus seres queridos están en riesgo.

 

Para el Movice este acto se constituye en un hecho más de violencia y re-victimización, contra una víctima del Estado y el paramilitarismo, que no puede tolerarse en el escenario de implementación de los acuerdos de paz. Hecho que además se suma a la ola de violencia de la que vienen siendo objeto defensores de Derechos Humanos, comunidades, activistas y víctimas, y en la que se continúa reproduciendo la estigmatización de la que las víctimas de la criminalidad estatal han sido objeto por décadas y que busca deslegitimar sus demandas, derechos y silenciar la existencia de esta violencia”.

 

La invisibilización de este gravísimo caso, puede deberse a que se trata de una defensora de DDHH, integrante de una institución popular crítica del régimen; ya que unos callan por miedo o por apatía, pero otros lo hacen por cinismo.

 

El que pase desapercibida esta agresión, también se explica porque la agredida es una mujer indígena, pobre y de la tercera edad.

 

No es novedad que las prácticas propias de la delincuencia común sean usadas por agencias del Estado en contra de su críticos y opositores, en eso consiste el paramilitarismo de Estado, en usar la delincuencia común en contra de los disidentes políticos, así las clases dominantes no tienen que responder por las modalidades crueles que aplican, así nunca responden por la guerra sucia.

 

El reclamo porque haya verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, es lo que hará que en realidad, las víctimas sean colocadas en el centro del proceso de paz.

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