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PAULITA: madre, rebelde... Elena

Escrito por Comandante Antonio García

 

El general al mando de la Quinta Brigada del ejército, que operaba en Bucaramanga, comentaba en sus círculos de amigos que tenía la mejor inteligencia sobre el ELN en todo el país, se ufanaba y se preparaba para dar el golpe de su vida. Ese mismo general había firmado, en diciembre del año anterior, mi libreta militar como ingeniero, luego de dos días de trámites en las oficinas de la brigada.

 

Soldado avisado no muere en guerra, dicen los que andan metidos en ellas. Nos alistamos para esquivar los golpes. En la dirección de la Columna Urbana orientamos hacer un repliegue ordenado, pero muy silencioso. Un mes más tarde, el treinta de octubre de mil novecientos ochenta y uno, el B2 y una jauría de soldados se desplegaron por toda la ciudad buscando los escondederos de los militantes de la Columna Miguel Pimienta Cotes. Fueron treinta allanamientos a viviendas de supuestos guerrilleros. Tocaban la puerta de cada vivienda, decían venimos de parte de fulano, y daban nuestros nombres de guerra, esperando que algún incauto cayera en la trampa. El único que cayó en esa redada fue Antonio Galvis, más conocido como el Comandante Diego, fue la segunda de sus tres detenciones. Lo capturaron porque andaba alebrestado preparando el segundo paro cívico nacional; el paro, para él, era más importante que el repliegue orientado.

 

En las instalaciones de la Quinta Brigada amontonaron a todos los detenidos. A Diego lo amenazaron diciéndole que habían capturado a su jefe, cuando lo llevaron para que lo mirara por una ventanilla, se dio cuenta que no tenían a quien creían, era un estudiante con algunos parecidos y estudiaba en la misma facultad donde yo ya había terminado, estaba totalmente acongojado por la tortura y amenazado para ser ejecutado esa noche. Años después, ya en libertad, Diego me dijo:

 

-Me di cuenta que no era usted y estaban tacando burro.

 

El detenido y torturado resultó ser hermano de un gerente de un banco en la ciudad y amigo del general de la Brigada.

 

Antes que iniciaran los allanamientos movimos a todos los compañeros que habían quedado más expuestos ante el enemigo, y así fuimos saliendo de la ciudad varias docenas de compañeros, fue un verdadero éxodo. Nuestro equipaje era muy ligero, íbamos con una mano adelante y la otra atrás, muchos llegamos en mangas de camisa a Bogotá. Teníamos que conseguir vivienda, ropa, comida y la infraestructura para operar. Compañeros de las estructuras de ahí nos tomaban el pelo, decían que andábamos como gamines. Al poco tiempo, y sin dinero, conseguimos la ropa, ya se imaginarán como y nos instalamos repartidos en casas de viejos amigos y en inquilinatos. Las condiciones operativas vinieron por añadidura, la experiencia que teníamos nos lo facilitaba. La tarea inmediata era conseguir los recursos para comprar más armas y continuar la lucha.

 

Los demás compañeros se quedaron en Bucaramanga resistiendo y reorganizando la fuerza, sobre todo la importante influencia social y política que habíamos construido en casi siete años de trabajo continúo. No era fácil esta tarea, pues los dos últimos años habíamos mantenido una encarnizada casería mutua con los agentes del B2, nuestros compañeros se abrían paso pistola en mano cuando llegaban buscándolos a sus casa, pero no se dejaban capturar. Igual tensión y confrontación manteníamos en la Universidad Industrial de Santander - UIS, con la derecha enquistada en las directivas que estaba en la tarea de encerrar las instalaciones como si se tratara de un campo de concentración. Desde cuando expulsaron a los dirigentes de AUDESA (Asociación Universitaria de Santander) en mil novecientos setenta y siete, estábamos bregando a reconstruirla, al año siguiente hicieron más expulsiones, fueron cuarenta y le tocó a Pablo Beltrán quien era integrante del Consejo Superior Universitario y se había vinculado a la otra columna del ELN. Era una verdadera cacería de brujas.

 

De la universidad habíamos saltado a los barrios populares y de ahí a los sindicatos. Éramos entonces una pequeña vanguardia que se crecía en medio de los retos y las adversidades. Cuando iniciamos no teníamos ni una sola  arma de fuego y, para el tiempo de los allanamientos, se nos inflaba el pecho de orgullo al mirar el respetable arsenal con el que operábamos.

 

La Dirección Nacional Provisional del ELN fue golpeada a los dos meses siguientes de los allanamientos, el primero de diciembre, en Suratá Santander. Ahora el reto era doble, a nivel nacional reconstruir la nueva Dirección Nacional y nosotros nuestra fuerza en Bucaramanga.

 

Mientras tres integrantes de la dirección de la Columna estábamos en Bogotá; Juan Fernando Porras Martínez, responsable militar, estaba bregando a construir un Frente Guerrillero rural por la región de Jesús María, en los límites entre Boyacá y Santander. En los primeros meses del ochenta y dos viajaban a Bogotá los mandos medios, que ya estaban ejerciendo en Bucaramanga, a llevarnos informes, entre ellos estaba Paula, nos vimos en la avenida veintiséis con la carrera treinta, cerca del Colsubsidio, llegó vestida con un pantalón blanco y una chaqueta marrón, desde cuando eso ya arrastraba la ese al hablar.

 

Antes de partir a mi nueva responsabilidad nacional, orientada por la nueva Dirección Nacional, ya al mando del Comandante Manuel Pérez Martínez, nos reunimos con Juan Fernando Porras Martínez y los demás cuadros para preparar la asamblea de reconstrucción de la columna, hacer las futuras proyecciones y nombrar la nueva dirección de manera democrática y colectiva.

 

En junio nos fuimos todos para el naciente Frente Guerrillero Manuel Vásquez Castaño que operaba en el Huila, en la zona de  San Juan de Villalobos, en la ruta hacia el Putumayo, atravesamos más de medio país, allá llegamos las generaciones viejas y nuevas de la Columna Miguel Pimienta Cotes.

 

Todos tenían sus rostros cubiertos con pasamontañas, menos la vieja dirección, pues éramos muy conocidos. Allá cerca del Macizo Colombiano, en su ambiente de humedad, barro y lluvias, deliberamos varios días, hasta que salió elegida la nueva dirección de la Columna, integrada por cuatro compañeros, entre quienes estaba Paula. Salieron con la tarea de unificarse con la otra Columna, Henry Serrano y fusionar las dos direcciones; de esa unión nació el Frente Urbano Diego Cristóbal Uribe Escobar. Habíamos salido bien librados de la operación de aniquilamiento que lanzó la Quinta Brigada del Ejército. Juan Fernando Porras regresó a seguir intentando la construcción del Frente Rural, hasta que lo consiguió a finales del ochenta y cuatro junto a los compañeros que encontró en la región de San Vicente de Chucuri, naciendo entonces el Frente Guerrillero Capitán Parmenio.

 

Paulita nació en El Socorro, Santander, en la propia región Comunera, la casa de su familia estaba ubicada a tres cuadras de la Iglesia La Catedral de Nuestra Señora del Socorro, en ese municipio donde el diablo no pudo robarse una niñita, pues apareció la virgen para socorrerla, de ahí el nombre del Pueblo: El Socorro, fue el nombre que le pusieron los terratenientes españoles, para reemplazar el que tenía en idioma Guane: Saravita, nombre que llevaba la mujer del cacique Chanchón. quien se rebeló contra los invasores europeos.

 

Pertenecía a una familia que disfrutaba de las comodidades... pese a eso, ya en la adolescencia estaba enrolada en actividades de apoyo a los núcleos clandestinos que el ELN venía construyendo en toda la región desde antes del cuatro de julio del sesenta y cuatro. El ELN era el atractivo para toda la juventud comunera, algo natural identificarse con la rebeldía, pues va en los genes de Manuela Beltrán, gestora de la insurrección comunera y los colores rojo y negro que enarboló el charaleño José Antonio Galán en su lucha y su consigna de "Ni un paso atrás y lo que fuere menester, sea".

 

El ELN sufrió dos grandes golpes de repercusión nacional, pero que afectó de manera sensible a las estructuras urbanas, uno en el sesenta y ocho y el otro en el setenta y dos. Los años siguientes fueron de reconstrucción, había que hacerlo con lo poco que  quedaba.

 

En los primeros años de la década del setenta, Paulita viaja a Bogotá para estudiar en la Universidad Nacional, allí mantiene los contactos y la actividad política clandestina, propia de la época, con los núcleos urbanos donde se encontraba el ocañero Ojeda Awad.

 

De ese mismo grupo, antes de mitad de la década, se desprenden compañeros que regresan a Bucaramanga para reorganizar relaciones y compañeros que habían quedado dispersas en los golpes anteriores; por eso en la universidad nos fuimos juntando una variedad de admiradores, simpatizantes y colaboradores, más los que iban saliendo de las cárceles, para darle el nuevo impulso a la lucha, ahora en medio de un ambiente de mucha conflictividad social urbana. Las huelgas de los trabajadores petroleros de la USO, del setenta y uno y del setenta y tres estaban muy presentes entre esa juventud rebelde de la UIS, allá llegaban los trabajadores en huelga del ingenio Riopaila del valle o los de la textilera Vanitex, así como los trabajadores palmeros del sindicato de Indupalma. En todos nosotros encontraban la solidaridad para sus luchas, que entre asambleas y mítines estudiantiles recogíamos pequeños recursos y abundante espíritu lleno de pureza y fraternidad; igual pasaba con los rescoldos de las luchas campesinas de la ya dividida ANUC, por causa de los dineros de Holanda y las consabidas ONGs.

 

La UIS era, en ese entonces, una miscelánea de regiones, pingos de todas las variedades santandereanas; costeños de todo tipo, que se reivindicaban como auténticos costeños, así fueran de agua dulce; también guichos y toches de norte de Santander; los menos éramos de otras regiones, como en mi caso, me mamaban gallo diciendo que mi colonia era donde reinaba la unidad absoluta, estaba yo solo, y luego me tocó repartir el poder con otro paisano que llegó del Putumayo.

 

Ya estaba en curso la recurrente reforma universitaria para privatizarla, pero en el setenta y cinco los estudiantes logramos una significativa victoria, colocando a un afro demócrata como rector, Santiago Pinto Vega, y luego siguieron las batallas campales para defenderla, pues teníamos la organización gremial AUDESA, con sus respectivos Consejos Estudiantiles por Facultad y una importante fuerza política entre los estudiantes. Fueron jornadas memorables, las movilizaciones a la calle para denunciar las políticas gubernamentales y la recurrente represión, los activistas también eran de diverso tipo, los que preferían el debate político en asambleas o los que buscaban la calle para batirse con la policía a físico garrote y quitarles escudos, cascos y bolillos. De igual manera los había osados que se arriesgaban a desarmar a los agentes de seguridad o tiras como los llamábamos popularmente, y luego levantaban, desde una montonera, la pistola o el revolver incautado; por encima de todo mundo se sentía la alegría masificada.

 

Paulita llegó a la UIS en esa segunda mitad de la década de los setenta y por sus motivaciones personales y compromiso, entró a estudiar Trabajo Social; andaba por los pasillos de las facultades con compañeras y compañeros activistas, sobre todo la veíamos junto a quienes estaban vinculados a la defensa de los presos políticos y la lucha por la defensa de los derechos humanos.

 

Las diversas corrientes políticas estaban plenamente identificadas, troskistas, anarcos, del Moir-Jupa, del PCC-Juco, los del M-L, los de la Liga M-L, y una amplia gama de activistas  que buscaba otra cosa menos ortodoxa y realmente liberadora.

 

En ese mundillo del activismo había de todo, los discretos y los visajosos, los que les gustaba la acción y los del debate. Poco a poco uno iba identificando corrientes y tendencias. Los amigos también nos juntábamos a la hora de la lucha, ahí en ese ambiente conocí a Oscar Santos, a William, a Ezequiel, a Diego, quienes luego se desempeñaron con excelente solvencia como integrantes de nuestra Dirección Nacional en las décadas siguientes. Igual una serie de valiosos compañeros que han caído de manera heroica y a veces anónima, como Ludwin Prada Henández, ingeniero químico de una tranquilidad pasmosa, pues cuando iba a encender una carga explosiva y se le acababan los fósforos con los que encendía sus cigarrillos Nacional, dejaba la carga instalada en el sitio y se iba orondo a comprar una caja de fósforos a la tienda más cercana, encendía el cigarrillo y se regresaba fumando tranquilo, como si nada, a terminar su tarea. La encendía y seguía caminando así como había llegado.

 

Podemos seguir nombrando decenas y decenas de compañeras y compañeros que se vincularon a ese torrente rebelde del que hizo parte Paulita, era el camino natural que la fue llevando por el curso que otros habíamos tomado, que al igual que otros lo habían hecho en la década anterior. Por eso decimos que la UIS es una de las cunas del ELN

 

En los años siguientes a la Asamblea de la Columna Miguel Pimienta, Paulita estuvo en la conducción del Frente Urbano Diego Cristóbal Uribe Escobar, lidiando y capoteando adversidades en un ambiente cada vez más tenso en la confrontación con el Estado y sus Fuerzas Militares, pues sin duda la estructura había quedado afectada en su seguridad. Allí trabajó con Juan Fernando Porras Martínez, con Carlos y Germán Velasco Villamizar, enfrentando todo tipos de retos y vinculada a las diversas dinámicas operativas. En mil novecientos ochenta y cuatro fue capturada en Bucaramanga, estaba embarazada. Al ser detenida llevaba encima un revólver calibre treinta y ocho, fue condenada por porte ilegal de armas y conducida a la prisión del Buen Pastor, en esa misma ciudad. Meses más tarde sale a permiso por maternidad y no regresa a prisión, no le importaba perder su legalidad con tal de seguir en la lucha revolucionaria.

 

Por su situación de seguridad no podía seguir con sus actividades rebeldes en la misma ciudad, por eso la Dirección del Frente de Guerra Nororiental, en el año ochenta y siete le orienta trasladarse a Ocaña; allí adelantó una importante actividad organizativa de masas y en el campo militar. Desde allí organizó las redes de apoyo del Frente Guerrillero Armando Cacua, este frente estaba naciendo para ese mismo tiempo, dieciséis de marzo del mismo año.

 

Luego es enviada como responsable de Cúcuta, ahí tampoco fueron menores las retos y problemas, empezando porque debió sobreponerse al desconocimiento como mando por ser mujer; pues al exigir orden y acatamiento a las políticas nacionales, algunos intentaron hacerle el vacío o ignorarla.

 

Meses atrás, había sido asesinado en Ocaña el compañero Ricardo, responsable militar del Frente Armando Cacua. Paulita estando en Cúcuta organizó el plan de búsqueda para localizar al responsable de dicho asesinato. La inteligencia dio resultado y puso en marcha el operativo para ejecutarlo. El sujeto era muy enamorado, y le envió a una compañera muy bonita, el tipo mordió el anzuelo y empezó a cortejarla. La compañera aceptó la misión dejando claro y como condición que no la dejaran embarcada con este tipo en una cita de seducción, y que el comando debía llegar sin falta y en el momento preciso, ella tenía el derecho de hacer respetar su dignidad. Como estaba planeado el comando llegó a tiempo y el responsable del asesinato de Ricardo había terminado su ciclo como asesino.

 

Con la estadía de Paulita en Cúcuta se amplió y se cualificó la estructura organizativa y sus redes de influencia en los barrios de Juan Atalaya. Ella era del trabajo directo con la gente, en el día a día, de sentir cada pena y cada dolor, hacerlos suyos, para desde ahí hacer nacer soluciones o caminos para el bien de los más humildes y desposeídos.

 

En los dos primeros años de la década de los noventa hizo parte de un Equipo de Formación del Departamento Ideológico Nacional, período en el cual aprovechó para hacer trabajo de base en Ciudad Bolívar, siempre le gustaba untarse de pueblo.

 

Luego fue designada para conducir Barrancabermeja, en pleno apogeo de las luchas sociales de esos años. Para ese tiempo ya era consciente que cada día se le dificultaban sus actividades revolucionarias en la ciudad, pues el enemigo la tenía en la mira. Por eso entre sus planes tenía previsto hacer ajustes orgánicos en el Puerto Petrolero para garantizar la cualificación de la estructura y fuerza del ELN. Tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe; así en mil novecientos noventa y siete es capturada en dicha ciudad y recluida en el Buen Pastor de Bogotá, luego de tres años logra organizar una salida domiciliaria y aprovecha para no regresar a la prisión.

 

Luego de esta segunda captura no puede seguir en la ciudad y se va para la guerrilla del Nororiente. Aún estando en prisión, se había realizado la Asamblea del Frente de Guerra Nororiental, donde es nombrada en la Dirección de dicho Frente de Guerra, como reconocimiento a su trabajo, valores y capacidades. Ya en el nuevo milenio, Paulita es promovida a la DN, y le tocó asumir el área estratégica del Magdalena Medio, creada a mediados del año dos mil en un pleno de la Dirección Nacional. Desde el Catatumbo salió hacia las complejidades de su nuevo territorio, al lado y lado del río Magdalena. Un Frente de Guerra en el ELN está asociado a una gran región, con sus realidades geográficas y sus paisajes, a toda su naturaleza; a la historia de las luchas de sus gentes y comunidades; al caminar de sus guerrillas por todos los vericuetos de su topografía, a sus combates librados y a la siembra que han hecho sus mejores hombres y mujeres; al tiempo que lo abarca todo, al pasado, al presente y al futuro que nos espera; a la gran esperanza que la rebelión de los pobres habrá de parir en cada región.

 

Asiste al sexto Pleno de la Dirección Nacional, en octubre del 2004. Pese a ser la única mujer, no se escapaba de las bromas y chanzas que los más pícaros le hacían por ser novata en este organismo, ella hacía uso de sus recursos creados a lo largo de muchos años de saber torear y enfrentar el machismo. Fue un pleno de mucho debate político, y donde se formularon líneas gruesas de rectificación estratégica que nos traen hasta el presente. De ahí ella sale a ponerse al mando de  Frente de Guerra Darío Ramírez Castro, al Sur de Bolívar y Antioquia.

 

Luego de las operaciones militares exitosas del ELN contra los ejércitos paramilitares en varios regiones del país, en especial en Sur de Bolívar; el Estado colombiano reajustó su estrategia copando con tropas los territorios abandonados por los paracos, el plan era sacar a la guerrilla luego del debilitamiento de todas las estructuras como producto de la barbarie paramilitar. En este contexto llega Paulita a su nuevo territorio, y junto con los mandos de la región se enfrentan a la tarea de ir rompiendo los cercos de aislamientos a los que quieren someter a nuestras guerrillas y a la vez reconstruir los tejidos sociales afectados. Fueron tiempos de reconstruir soberanía, donde paulita y sus guerrilleros atravesaron caminos, trochas y trillos por donde a lo largo de décadas y decenas de kilómetros se han conectado nuestros sueños y esperanzas con los de sus pobladores por proteger la soberanía de los recursos naturales y minero-energéticos, de la voracidad del capital transnacional y de los traficantes de riquezas ajenas.  

 

A mediados del dos mil seis, Paulita es convocada al Cuarto Congreso del ELN, máxima autoridad de la organización con potestad legislativa y ejecutiva, en su desplazamiento hacia ese destino es capturada en Medellín, era su tercera detención, pese a que no lograron identificarla le tocó pagar condena por rebelión y salió en libertad en el dos mil ocho.

 

Ser una mujer rebelde y hacer parte de una organización alzada en armas, tiene unas implicaciones y moldea en cada mujer unos surcos muy particulares cuando vienen a la vida los hijos. Paulita, como toda mujer elena vivió esa doble condición que tiene el amor, siempre llevando su corazón partido, siendo un solo corazón para sus hijos y la vez para su organización. Cómo tener en el corazón la prioridad de ambos sin que eso riña, pues en una madre el amor por sus hijos, como condición natural nada puede desplazarlo o reemplazarlo. Esta dualidad en las mujeres elenas es algo que se manifestara a lo largo de sus vidas, ese amor doble que les da alegrías y dolores, así como es un parto. Pero así como los dolores crecen en la lucha, también las alegrías, pues en cada muchacho o muchacha que se incorpora a nuestras filas, nuestras mujeres los ven como a sus propios hijos, igual los miman o los regañan para educarlos y viven pendientes de sus actuaciones y necesidades, como buenas madres.

 

Ante la muerte del Comandante Milton Hernández, en abril de dos mil siete, Paulita es designada por el Comando Central a conducir el trabajo internacional y las estructuras que lo realizan. Al principio, aunque valoraba el trabajo internacional y diplomático, no le veía su importancia, pues ella insistía que lo suyo era el trabajo de base, con la gente y en los territorios. Esta responsabilidad le permitió ir más allá en la visión continental de la lucha y ver las certezas del pensamiento del Ché, cuando decía que la libertad de Latinoamérica pasaba por la creación de dos, tres o muchos Vietnam, como hoy en día se requieren.

 

En el dos mil catorce se la integra a la delegación de diálogos del ELN, se estrenó en este trabajo en el único ciclo que nuestra delegación ha realizado en Brasil, en Manaos a orillas del rio Negro, uno de los dos contribuyentes más grandes del Amazonas, pues en Brasil a lo que nosotros le decimos río Amazonas, allá le dicen Solimoins. Estos dos se juntan más debajo de Manaos. En este territorio domina la humedad en todo su ambiente, y se mide con banderas de colores, cuando es roja no se puede hacer ejercicios y cuando está verde no hay restricciones. Pese a las prohibiciones del ambiente, Paulita seguía fumando como si no pasara nada, pues ella siempre fue una fumadora impenitente, y en eso la acompañaban algunos fumadores que estaban en el bando de los garantes, que en los recesos se acompañaban de manera cómplice, con el pretexto de intercambiar ideas, a veces ese intercambio de humo, fructificaba en humo blanco para cocinar algún acuerdo. De ahí siguieron una serie de reuniones en Venezuela y Ecuador, hasta que se realizó el Quinto Congreso donde fue nombrada en la Dirección Nacional.

 

Luego del Congreso se barajaron varias proyecciones de trabajo con ella, siguió vinculada a la delegación de diálogos y el país la vio vestir orgullosa el rojo y negro el día que nos acompañó públicamente en la firma del acuerdo el 30 de marzo, abriendo así una participación más creciente de la mujer en la gestión pública del ELN, muchos de los documentos de acuerdos los firmó como María Elena Velasco, haciendo gala de ser elena y rebelde.

 

Luego vinieron los obstáculos que le colocó el gobierno a la fase pública de los diálogos con el ELN, en su vana pretensión de condicionarlos para obtener ventajas por fuera de la mesa. En ese período la salud de Paulita se resintió de manera significativa. Dicen que las enfermedades vienen con nosotros desde que nacemos, pues algunas de ellas las heredamos; otras se van gestando entre dolores y alegrías que la vida compone en nuestra química corporal, que en el caso de ella se juntó con el humo del cigarrillo, para írsela llevando poco a poco, así como su memoria se iba yendo en un viaje lento pero sin retorno. Hasta último momento, de su memoria nunca se borró esa traza indeleble de ser madre y revolucionaria de una organización alzada en armas. Y cuando se van nuestros seres queridos, queda el resplandor, precisamente en el instante en que los queremos ver y ya no están; como si se fueran, sin haberse ido.

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