Editorial semanal de la Revista Insurrección

La paz es la apuesta política más importante de la sociedad colombiana para superar siete décadas de conflictos; ella se ha constituido en la mayor aspiración de los colombianos. Para el ELN, se resume en la constitución de unas nuevas realidades de gobierno capaz de empujar en la dirección de configurar una nación de paz.

Termina el 2014, cuando Santos gana su segundo mandato, gracias a la confluencia de un amplio movimiento por la paz, con sectores de izquierda, democráticos y populares, que votaron contra el proyecto guerrerista de la extrema derecha encabezada por el ex presidente Uribe.

Fue necesario que transcurriera más de medio siglo, para que los imperialistas de Estados Unidos reconocieran ante el mundo, que se equivocaron en su política de aislar a Cuba. Esta equivocación le ha costado al pueblo de Cuba un enorme sacrificio, pero es el costo de la dignidad, la libertad y el socialismo.

Agradecemos al Senador Iván Cepeda y a todos los firmantes de la carta pública dirigida a las delegaciones de diálogos del Gobierno y del Ejército de Liberación Nacional, que busca contribuir en el avance de este proceso. Y de verdad se requiere la ayuda directa de la sociedad, pero en ello estriba el problema fundamental.

Sería más sabio desescalar las causas y prácticas que le dieron origen y reproducen el conflicto, pues para el ELN y los desposeídos de Colombia estamos ante un conflicto armado de Naturaleza Política, reiterado cada día en la forma como el gobierno trata los conflictos con las organizaciones populares y las comunidades.

Con sobrada razón se escuchan en Colombia y el exterior, muy variadas preocupaciones por lo que puede ser un final fallido del actual proceso de paz, que el gobierno de Santos adelanta con la insurgencia. Las incertidumbres crecen en los últimos días, cuando de forma unilateral el régimen suspende el proceso de diálogo de la Habana.

Con aires triunfalistas, el presidente Santos mantiene el inamovible, de desarrollar los diálogos con la insurgencia en medio del conflicto; en contraposición de lo planteado por la mayoría de la sociedad, que plantea la urgencia de adelantar dichos diálogos, ene medio de un cese bilateral verificable.