Se activa por estos días la campaña electoral desde las diferentes esquinas políticas y sin duda la paz en sus diferentes interpretaciones está allí, bien para proyectarla a favor de las mayorías o por el contrario para hacer de ella un beneficio para las minorías adueñadas del poder.

El ELN se dispone a encontrar caminos con las fuerzas democráticas y de izquierda en los que sus campañas fortalezcan la Salida Política al Conflicto, se comprometan con  el proceso de paz con cambios y la participación de la sociedad en él.

En tal sentido es indispensable que se construya un proceso de confluencias, basado en las identidades y que a partir de ellas se desarrolle la campaña en la que se geste un único liderazgo, alcanzado en un proceso democrático interno con la participación protagónica de la sociedad.

Está claro que el ELN por su carácter insurgente no aporta con votos, pero sí está comprometido con el respeto a quienes lo ejercen independientemente de sus preferencias y, dispuesto a aportar en el debate de ideas y la construcción de propuestas de cara a la construcción de una nueva nación.

Consideramos que aun en medio de esta realidad hostil que se siente en el ambiente político y social, que genera peligros para los demócratas y gentes de izquierda, donde cada dos días son asesinados por sicarios al servicio de la extrema derecha, líderes populares o defensores de derechos humanos, la verdadera oposición política debe estar presente en los espacios políticos que así sean reducidos, condicionados y desventajosos para quienes no hacen campaña a favor de las minorías y sus intereses de clase, deben servir para formar, educar, organizar y hacer de ese espacio una tribuna que aporte a los intereses populares y de la nación.

Dentro de este contexto, todo el universo político democrático y las fuerzas de izquierda, debemos trabajar por la creación de un gobierno que tenga como propósito garantizar la salida política al conflicto mediante un proceso de paz que supere las causas que originaron el conflicto político, social y armado, y proyecte a Colombia en la justicia y equidad social, la democracia y la soberanía.

La Mesa de diálogos de Quito instalada el pasado 7 de Febrero, donde se inicia la discusión de la Participación de la sociedad entre el ELN y el gobierno, es un buen espacio para ventilar las discusiones y el intercambio que aquí planteamos entre todos los que consideramos, que Colombia requiere profundos cambios para garantizar la vida, superar la violencia y alcanzar la convivencia basada en el respeto, la dignidad y la igualdad de oportunidades para asumir los retos que nos plantea el futuro.

Bajo el actual contexto de guerra declarada por nuestros adversarios, sin renunciar a nuestra condición de rebeldes, los colombianos y las colombianas pueden contar con el ELN para ese propósito. 

Esta condición no es un capricho idealista, quienes estamos alzados en armas somos el fruto de una realidad político-social que lleva a importantes contingentes de colombianas y colombianos a usar el derecho de ser rebeldes, para asumir la lucha contra un sistema de violencia que desde hace más de 70 años cerró las posibilidades democráticas para que el pueblo acceda al poder por las vías legales.

Esa dolorosa realidad se constata hoy cuando al mismo tiempo que se ofrece la paz, se asesina, desaparece, encarcela y sataniza a quienes luchan, aun desde los espacios legales, por cambiar un sistema de violencia que no ofrece iguales oportunidades para la vida social y política de Colombia.

Aun así, nuestra apuesta por la paz no se detendrá y es por esto que planteamos la convergencia de la acción política de todas y todos quienes nos la jugamos por ella, bajo la premisa de la participación protagónica de la sociedad y la certeza de una paz con cambios.

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