Editorial semanal de la Revista Insurrección

De manera intencional los creadores de opinión y analistas oficiales, pretenden presentar la violencia que atraviesa Colombia como fruto del Conflicto Armado y otro tanto lo atribuyen a la violencia producida da por la descomposición social.

La oscura noche del paramilitarismo y el narcotráfico que se hicieron  evidentes como prácticas constantes de políticos, empresarios y comerciantes, cuya máxima expresión llego a la cúspide durante los 8 años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Se activa por estos días la campaña electoral desde las diferentes esquinas políticas y sin duda la paz en sus diferentes interpretaciones está allí, bien para proyectarla a favor de las mayorías o por el contrario para hacer de ella un beneficio para las minorías adueñadas del poder.

El Ejército de Liberación Nacional acudió al llamado del actual gobierno, con el propósito de firmar un acuerdo de paz que tenga como esencia la justicia y la equidad social, la democracia y la soberanía.

Como si se tratara de una enfermedad viral, las revelaciones del caso Odebrecht continúan salpicando personalidades de la vida política del país, sin embargo, más allá de las acusaciones de uno u otro bando que otrora fueran aliados, nos permitimos señalar algunos puntos nodales de la corrupción en Colombia.

Colombianas, colombianos, luego de una larga batalla política de complejas discusiones, que tenía como fin elaborar una agenda u hoja de ruta, e instalar una Fase Pública, dicha batalla supera una primera etapa el pasado 7 de Febrero en la hermana República de Ecuador.

El ELN se suma a la satisfacción de todas y todos los que en Colombia y el exterior, celebraron el regreso a la libertad de cinco colombianos, 4 guerrilleros del ELN y del señor Odín Sánchez; lo anterior demuestra que si las partes cumplen lo acordado, el proceso de paz avanza.