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Trump amenaza a Colombia

Escrito por Editorial N.599 / Revista Insurrección

 

 

El miércoles 13, el presidente de los Estados Unidos amenazó a Colombia, por no hacer esfuerzos desde 2015, en contra de la producción de cocaína.

 

La novedad está en que se trata de una amenaza de los EEUU, contra el régimen aliado más fiel en el continente; lo que desató en las elites gobernantes en Colombia, una maratón de echarse la culpa unos a otros, para determinar quién es el responsable, por no cumplirle las metas anti narcóticos a la potencia norteamericana.

 

De paso reapareció el debate sobre si se perdió la guerra contra la coca o si más bien estamos ante otra evidencia del fracaso de la política antidrogas. Nosotros pensamos, que se trata de lo segundo.

 

Las leyes del capital son inexorables. La que más aplican dice que todas las economías ilícitas, son las que dan las más altas rentabilidades, y otra que se les olvida establece que si existe demanda, hay oferta. Por esto, los EEUU estructuraron desde la época del presidente Nixon (1968-1974), su “guerra contra las drogas”, que consiste en declarar legales a unas drogas y prohibir otras, de tal forma que la fabulosa masa monetaria que genera el tráfico de las drogas ilegales, ellos la absorben con el sistema bancario norteamericano.

 

Ya quedan muy pocos, que no reconocen que la política antidrogas de EEUU es un fracaso y que por tanto es inaplazable buscarle un reemplazo; esfuerzo al que Trump debería dedicarse, en vez de descargar las culpas en otros.

 

En cuanto a la demanda de drogas en EEUU, ésta no deja de crecer, a un grado tal que ellos la clasifican  como una verdadera epidemia; por lo que resulta llamativo que la ira presidencial la descargue contra los países productores, en vez de enfrentar efectivamente el consumo doméstico de drogas. Otra vez, ellos tratan de presentar a las víctimas como victimarios.

 

Este año van a morir cerca de 60 mil estadounidenses por sobredosis de drogas, lo que constituye la primera causa de muerte entre menores de 50 años.

 

Los opiáceos tranquilizantes más consumidos en Norte América son el Fentanilo y el Carfentanilo, que son 5 mil veces más potentes que la heroína. Los EEUU representan apenas el 5 por ciento de la población del planeta, pero consumen el 80 por ciento de los opiáceos farmacológicos del mundo. El año pasado, más de dos millones de estadounidense dependían de los opiáceos legales y otros 95 millones de analgésicos recetados; epidemia de la que se lucran las grandes empresas farmacéuticas, que ya comienzan a ser demandadas por promover el consumo de drogas.

 

La epidemia de drogadicción se extendió desde los años 90, por la necesidad de tranquilizantes recetados, con que las clases trabajadoras y profesionales tratan de escapar a las pérdidas de empleos y de ingresos, generadas por el salvaje capitalismo neoliberal impuesto desde los 80. Esta epidemia que azota principalmente a la gente entre los 25 y los 44 años, se mide en las muertes por sobredosis, los suicidios, el abandono de los estudios y en la disminución del número de trabajadores disponibles  para la industria, sobre todo la manufacturera.

 

A mediados de julio, ante el Senado, la presidenta de la Reserva Federal Janet Yellen, dijo que esta epidemia de drogadicción es extremadamente insólita, porque "EEUU es la única nación avanzada en la que hemos visto algo así".

 

Para que los potentados de los EEUU dejen de extrañarse por los daños que causan a su pueblo, deberían revisar sus políticas públicas, para que miren la viga que tienen en su ojo y dejen de ver la paja en el ojo ajeno.

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