Trump el nuevo presidente de los Estados Unidos, se impuso en las elecciones del 8 de noviembre, cabalgando sobre la desconfianza de la sociedad, hacia el Estado, las empresas de comunicación y las corporaciones; que significa un rechazo de la base de la pirámide social hacia las elites dominantes.

El nuevo presidente acompaña la rebelión contra la elite, con el fomento del miedo al inmigrante, a quien presenta como una amenaza nacional.

En este mundo globalizado, Trump promete proteger la industria nacional y tratar duro a las mercancías que provengan de otros países; es una resistencia reaccionaria a la globalización, que indica la crisis que ésta ha llevado, hasta a sus promotores norteamericanos.

La gran recesión económica de 2008, sigue sin resolverse, y los damnificados de ella son las capas medias y bajas de la sociedad, quienes han sufrido la miserabilización de su calidad de vida.

Sobre esta crisis social y política, cabalga el triunfo de Trump, quien ofrece deteriorar más la ya precaria salud pública y seguir rebajando impuestos a los más ricos.

En consonancia con los sectores más fundamentalistas de la sociedad estadounidense, Trump sostiene que no existe calentamiento global y por tanto, impulsa un gasto acelerado de los recursos del planeta.

El capitalismo neoliberal ha hecho de la desigualdad un valor y por ello Margaret Tatcher sostuvo que, "la sociedad no existe... es un invento comunista". Y de llevar al extremo esta ideología, es que han sumido a los EEUU y a la humanidad, en la presente crisis de civilización, ante la que surge Trump como un supuesto mesías.

Aparejado al desastre interno, va la decadencia de los EEUU como principal potencia imperialista, que Trump aspira a mitigar, basándose en "un enfoque más realista hacia el mundo", según sostiene su asesor, Carter Page [*].

Está por verse, hasta donde los súper poderes que manejan esa potencia -como son el complejo militar-industrial, las corporaciones financieras y las grandes empresas mediáticas-, le van a permitir que ejecute solo su plan presidencial.

Al fin y al cabo, unas son las promesas que los políticos hacen durante sus campañas electorales y otras, sus realizaciones de gobierno. Estas realidades dirán si los EEUU serán grandes otra vez, como decía la campaña electoral de Trump.

En lo que no cabe duda, es que los pueblos del mundo seguiremos resistiendo al empobrecimiento y exclusión del sistema, a la depredación capitalista y a las guerras imperialistas; en una búsqueda de alternativas a esta crisis de civilización, pues ante la barbarie, no queda otra opción que avanzar hacia una sociedad post capitalista humanista y respetuosa con la Madre Tierra.

 


[*] Victoria de Trump permite a EEUU mejorar sus relaciones con otros países. Sputnik, 9-11-16.

 

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