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¿Por qué nos mueve la esperanza? (*)

Escrito por Juan Carlos Cuéllar y Eduardo Martínez, Gestores de Paz del ELN

En el momento actual, se proclama en Colombia con insistencia una palabra que es en sí misma una caja de pandora, ya que su resonar con tanta fuerza aglutina y genera una peligrosa mezcla de sentimientos, percepciones, desconocimientos e incertidumbres: la Paz. A pesar de que las élites y los diferentes grupos dominantes hayan pretendido insertar sus discursos de odio en la población, a pesar de su estrategia perversa de homogenizar y persuadir al país con su peligroso discurso homogeneizador de la paz, y a pesar de que la negligencia del gobierno sea la que no haya permitido hasta el momento mayor celeridad en el proceso de negociación entre el Estado y el ELN, tenemos claro que no vamos a renunciar a nuestra vocación de lucha, compromiso y determinación por transformar esta oprobiosa realidad en favor de la felicidad y la dignidad de las inmensas mayorías empobrecidas de Colombia. (…)

A nosotros nos mueve la esperanza, porque consideramos que a pesar de lo difíciles e inciertos que resulten estos escenarios políticos que se proyectan en Colombia, debemos tener la suficiente coherencia, compromiso y determinación para seguir adelante con el proyecto de nación que hemos venido construyendo y pensando desde hace más de cincuenta años. Nos mueve profundamente la esperanza en nuestra cotidianidad como camino a la utopía, ya que la urgente necesidad y anhelo que tienen las mayorías de Colombia por tener un país distinto es algo que nos llama al encuentro y al dialogo con la sociedad. Por ello, en nuestro proceso de negociación con el gobierno colombiano la columna vertebral es la participación de la sociedad. El Ejército de Liberación Nacional tiene la mejor voluntad y disposición por abrir todos los canales de diálogo con los sectores sociales y políticos, ya que de la manera como el gobierno ha tramitado históricamente los conflictos sociales, ha fragmentado, dividido y aislado el caminar de las luchas y los reclamos de los sectores populares en Colombia. Las agendas y las propuestas de la sociedad que buscan transformar e impulsar nuevas posibilidades de país deben ser recogidas y puestas en la agenda de negociación, porque son propuestas con sentido, con amplia legitimidad y parten del ejercicio de pensar la política como acción colectiva desde los territorios.

Frente a esto, los mensajes desesperanzadores que envía el Estado Colombiano no con sus discursos, sino con sus acciones, deben llamar la atención del país y el mundo. Por ejemplo, hablan de temas humanitarios públicamente para generar desprestigio al ELN, pero no asumen con seriedad y responsabilidad el tratamiento para garantizar derechos fundamentales como la vida, ya que son bastante ineficaces en la búsqueda de los responsables de los asesinatos de líderes sociales y defensores/as de derechos humanos, los cuales van en aumento especialmente en los territorios olvidados e históricamente excluidos.

Por ello, para enfrentar estos mensajes y acciones desesperanzadores del Estado colombiano, insistimos en nuestro compromiso real con la búsqueda de soluciones a los problemas y necesidades que los sectores populares reclaman, por ello asumimos con total responsabilidad el continuar caminando para encontrar los pasos que permitan la solución política al conflicto armado, pero también seguiremos caminando y trabajando en aras de la construcción colectiva y democrática de un proyecto de país donde no se siga excluyendo a las mayorías de la toma de decisiones.

Nos mueve la esperanza de constatar que son necesarias y urgentes varias transformaciones para construir una nueva Colombia; para hacer de éste un país más decente y digno para la vida. Si las inmensas mayorías humildes y empobrecidas queremos que el país cambie, habrá que ver y evaluar la disposición de la oligarquía para aceptar esta realidad. Ya lo decía Camilo hace medio siglo deberíamos preguntarle más bien a los dirigentes actuales, cómo van a entregar el poder a la mayoría, si por las vías pacíficas o por las vías violentas. El ELN quiere que se separe definitivamente el ejercicio de la violencia de la acción política, pero un sector de la clase dominante insiste en vender la idea de que la única salida y fórmula para “la paz de Colombia” es por medio de nuestra rendición y entrega de armas, pretendiendo desconocer así las evidentes y profundas causas de nuestro alzamiento popular y los motivos que sustentan hasta hoy nuestro ejercicio de resistencia armada. Queremos apostarle a que la violencia sea parte del pasado, pero para que ello sea posible debemos caminar en construir un país con plenas garantías, con pluralidad, con democracia real, con participación y con cambios. La paz de los cócteles, los premios y los eventos de élite no nos interesa; en cambio, los caminos y acciones para el bienestar, la autonomía, el respeto a los territorios y la vida, y en últimas, todas las acciones que le aporten a la felicidad de las comunidades, es lo que para nosotros se podría traducir como paz.

 

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Nota equipo de redacción(*)

Versión resumida para Revista Insurrección. Artículo completo en http://www.revistapueblos.org/?p=22179

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