Quiten las paredes y dejen libre el viento

que este pecho no me deja saber si estoy despierto,

sepan que mi dolor no es de este cuerpo

ahora me duele lo que se está cayendo,

decía entonces el Bravo que se estaba yendo.

 

El indio exclamó con mirada al sol

General, General, ¡no arabas en la mar!

es tu faena y surco libertad sembrar,

aferrado a multitud de corazón soberano

de sus costas, llanuras y montañas

amando el extenso cielo y la vasta mar,

un hondo sentir humano supiste plantar.

 

Narró el negro que te acompañó por siempre que

forzando huesos y ojos en ristre miraste al Sur,

quizás queriendo ver a la Libertadora cabalgar

tras huellas y cantos en pueblos y ranchos

de libertadores alzados en sus propias veredas,

en maniobra fulminante a la intriga traidora

que esclaviza con manto de doblez falaz.

 

El escritor contó tu lento andar de la playa

camino a Alejandrino, pensativo era tu porte,

abrazando fuerte la solitaria brisa ibas

con la esperanza lejos y la soledad tan cerca,

Caribeño y Andino, desafiando el tiempo

con premonición heroica en Jamaica afirmada,

izando tu audaz intento miraste al Sur.

 

¿Caribeño indomable será por tu amada

que aún en los Andes se levanta esta mirada?

 

Un cura anunció la hora triste de aquel 17

del mes de alumbramiento, del año 30 fatal y desolado,

alguien entreabrió la puerta, un rayo de luz

ilumina tu rostro, volviste a mirar,

sentiste tus botas calzar, Andino entrañable

millones atizan el fuego que aviva tu luz y moral,

mientras, cabalgando tu rocinante sigues

mirando al Sur.

 

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