Pido que me hagan altares en la palabra

en cada acto

y en la cotidianidad de la vida.

 

A veces me lastiman

y mi llanto pocos lo escuchan;

alguien me consuela

y alcanzo a tocar sus lágrimas también.

 

Suplico amor

y que mi nombre llegue al corazón

capaz de escuchar la historia

de los demás corazones.

 

La unidad del aire y el pájaro

inventa el vuelo;

en la unidad de la tierra, el sol y la lluvia

germina la semilla amarilla del maíz.

 

No pido que me pronuncien,

si no que escuchen mi voz

cuando converso con mi lenguaje.

 

Añoro hermanar las manos

y las palabras en su viaje al sol.

no sólo pretendo ser un parte de victoria,

si no la victoria misma.

 

A cada rato me lanzan al fuego

o al olvido

y mi raquítica silueta

se escurre como quien huye a patria ajena,

con los ojos en la espalda.

 

Es necesario mi regreso definitivo,

soy la sangre parabólica del arco iris

y el vientre donde se gesta y crece

la insurrección de las esperanzas.

 

Tagged Under