El dolor de mi hermano no contagia mi piel.

A la boca, huérfana de pan

mis ojos no la escuchan.

 

Me veo lejano, muy lejano

de la tragedia de mi vecino.

 

A mis ojos no los asombra

la aurora cuando crece sobre cenizas.

 

No me conmueve nada

y continúo la vida con cegueras

en el corazón.

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